miércoles, 29 de mayo de 2013

De la Represión de la pulsión en el inconsciente (Psicoanálisis)


“Yo aconsejaría esta hipótesis: la imprecisión es tolerable o verosímil en la literatura, porque a ella propendemos siempre en la realidad. La simplificación conceptual de estados complejos es muchas veces una operación instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante. Vemos y oímos a través de recuerdos, de temores, de previsiones. En lo corporal, la inconciencia es una necesidad de los actos físicos. Nuestro cuerpo sabe articular este difícil párrafo, sabe tratar con escaleras, con nudos, con pasos a nivel, con ciudades, con ríos correntosos, con perros, sabe atravesar una calle sin que nos aniquile el tránsito, sabe engendrar, sabe respirar, sabe dormir, sabe tal vez matar: nuestro cuerpo, no nuestra inteligencia. Nuestro vivir es una serie de adaptaciones, vale decir, una educación del olvido.” Borges (1932)

Vale anotar el carácter improbable de la ubicación corpórea del inconsciente. Mas no por eso deja de estar presente en la cotidianidad de las acciones del individuo social. Instancia del psiquismo donde se acuna aquella información de conflicto, que se ocasiona frente al enfrentamiento de la pulsión con las resistencias de ella misma, producidas quizás como resultado del choque con los anclajes sociales.
Al ocurrir la represión del agente representante de la pulsión aparece así la fijación.
 La bestia humana, le llamo Zola, una bestia encadenada, un animal sufriente cifrado en la ambivalencia de sus pulsiones anidadas en su inconsciente y sus agentes represores, producto quizás de anclajes morales establecidos de una sociedad determinada, aquello denominado cultura.
La concatenación del inconsciente con respecto al agente represor de la pulsión es desfigurado y emerge a la conciencia por el agente representante. Al emerger a la conciencia aparece de modo desfigurado, y puede manifestarse en forma de afecto, el afecto, puede representar a modo de angustia. Esta angustia puede aparecer de forma simbólica, por medio del sueño, que trae consigo un contenido manifiesto, de carácter sexual y siempre relacionado a la infancia. No es de extrañar estas instancias del sueño, ya que la pulsión siempre va dirigida a dos contenidos: La muerte y lo sexual. Es en estos contenidos donde la pulsión alberga esa energía libidinal. De allí el sentimiento penoso o de angustia puesto que está cargado de deseos del inconsciente.

Como mecanismo de defensa intentamos encontrar en la pulsión una situación de displacer, pero esta situación de displacer, es más bien traducida como un conflicto entre la realidad social y los deseos reprimidos del individuo. Así pues el individuo no es más que un títere, sujeto a los azares del destino y no tiene gobierno alguno sobre sus pasiones, vive en constante lucha consigo mismo. De nada vale intentar huir de la pulsión, puesto que nadie puede escapar de sí mismo. Intenta fútilmente aferrarse a la represión que en muchos casos podría detonar de modo inesperado, ya que la pulsión rebasa el inconsciente y busca de alguna forma representativa pasar a la conciencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario