jueves, 10 de octubre de 2013

Impostura de la Dama Blanca

“Sentía hundirse mi razón en el espanto; ¡lo sobrenatural me envolvía! ¡La rigidez, el silencio de todos aquellos seres con máscaras! ¿Qué eran? ¡Un minuto más de incertidumbre y sería la locura! No aguantaba más y, con la mano crispada de angustia, avanzando hacia una de las máscaras, levanté bruscamente su cogulla.
¡Horror! ¡No había nada, nada! Mis ojos despavoridos sólo encontraban el hueco de la capucha; el traje, la esclavina, estaban vacíos. Aquel ser que vivía sólo era sombra y nada.” Lorrain

 Es a ti, a quien siempre espero, la que clamo en sueños, la que guía mi vida hasta el ocaso. Tu, mi bella impostura mortecina, tú, la dama blanca, que con miedo anhelo en cada acto destructivo, en cada creación que dilapida el tiempo…
Ya es mucho lo se ha dicho de esta impostura, que gobierna a las anteriores, pero es la impostura de las imposturas, es un juego de máscaras, la máscara tras la máscara. ¿pero qué se esconde tras su máscara? Quizás el misterio, la nada, el olvido, otro mundo de imposturas, nadie lo sabe.


Sólo comprendemos precariamente que yacemos en este teatro de la existencia gracia a la impostura de la muerte. La muerte que es silencio y es grito, ese grito que nos ensordece al nacer y nos perturba el trasegar venidero. Somos actores sin libreto, que simulamos estatuas de otros tiempos, de tiempos, quizás inexistente o quizás somos todo lo contrario, inexistentes para el pretérito.
Es la dama blanca, quien nos susurra en sueños, quien nos besa en la frente cada noche. A única y verdadera amante de los vivos.

A ella he entregado mi vida entera consciente e inconscientemente. Porque en ella, me sobrevivo en este funesto redil.

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