Impostura del Efrit
“Pues lo bello no es más que el comienzo
de lo terrible, que todavía soportamos
y admiramos tanto, porque, sereno, desdeña
destrozarnos, Todo ángel es terrible.” Rilke
Cada vez que me golpeaban, me hacía más fuerte y mi demonio
rugía en las profundidades de mí ser, donde estuvo encadenado, pero una vez
fuera, el demonio obtuvo mis ojos y sonrió bajo mis labios.
Siempre
fui el niño apocado, idealista, que vivía sumergido en sus mundos oníricos, en
sus historietas, en sus libros, en el pretérito desconocido de un mundo catalán
de entreguerras fabulado por mi abuela, aquel idiota al que todos le hacen mofa
en la escuela, el blanco de burlas, el saco de huesos donde se puede practicar
una buena combinación del uno, dos y sentirse pleno
Piensen
en un ángel terrible, que con su halito arrasa poblaciones enteras. Piensen en
un demonio cargado de odio, una cantera hirviendo una incontenible fuerza que
está a punto de desbordarse, y que crece a cada golpe que la vida me regala.
Así fue descubriéndose mi impostura del Efrit, ese genio más allá del bien y
del mal, la representación del poder mismo. Pero no logra manifestarse en todo
su esplendor hasta que la figura física, no simbólica de la abuela desaparece,
en otras palabras, el genio sale de su claustro cuando la bondad mística eleva
sus alas. Son años adolescentes, de cambios drásticos, el niño apocado se
desarrolla y tiene sed de venganza, esta deteriorado por abusos y se transforma
de algún modo en la figura heroica que aparece en el poema de Mediz Bolio:
“Y entonces, entre el asco de toda la mentira,
de toda la cruel beja del mundo sintió ira,
ira trágica noble de león provocado
que se ha dormido libre y despierta enjaulado.
Y oyó que de él reían como de simple y bobo,
¡De él que igual que un hombre estrangulaba a un lobo
¡Ya no pudo más ¡ Un día se alzó contra el tirano
y le arrancó la vida. ¡ Con su plebeya mano
se hizo justicia el siervo...”
de toda la cruel beja del mundo sintió ira,
ira trágica noble de león provocado
que se ha dormido libre y despierta enjaulado.
Y oyó que de él reían como de simple y bobo,
¡De él que igual que un hombre estrangulaba a un lobo
¡Ya no pudo más ¡ Un día se alzó contra el tirano
y le arrancó la vida. ¡ Con su plebeya mano
se hizo justicia el siervo...”
Pero he
de dejar muy en claro, que el Efrit no tiene intenciones de justicia, es
proyección y anhelo de la figurade la impostura de la dama blanca, reina
indiscutible de todo poder místico o terrenal. Ve en el otro al enemigo, es la
cultura su espejo, ese monstruo al que Kafka le dará la pelea ganada de ante
mano. Pero este Efrit, es un ideal irracional en apariencia no se debe
confundir, con el infrahumano. La función del Efrit es proteger la entidad en
la cual habita. Esa es su función y su razón de existir. No tiene otras
preocupaciones, es el instinto de supevivencia manifestado, el mecanismo de
defensa ante cualquier adversario, es un mecanismo de adaptación, que no desea
ser oprimido de nuevo.
Pero el
Efrit, va perdiendo las batallas, las guerras le hacen meditabundo y clama a
Salomón y sus sellos sagrados, implora por una nueva impostura. Y es allí donde
aparece la impostura del sabio o del docto, como solaz del guerrero, como
refugio del a bestia vencida ante el monstruo de la cultura.

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