“Antes
canonizábamos a los héroes. Ahora, lo moderno es vulgarizarlos.” Wilde
¿Quién demonios es Raymond
Carver? Podría comenzar por preguntar. Vagamente he escuchado su nombre, tal
vez he llegado a leer con increíble aburrimiento alguno que otro relato
proveniente de su pluma, de los cuales sólo puedo recordar en este instante, el
afamado Catedral, y la tautológica biografía novelada hecha relato sobre los
últimos momentos de Chejov. Vienen a mi mente algunas impresiones ambiguas
ahora que estoy sentado frente al ordenador, repitiéndome ¿Quién demonios es
Raymond Carver? Y de paso ¿a quien carajos le importa ahora?
Recuerdo que llegué a Carver precisamente por
Chejov. Hacía muy poco que había tenido la fortuna de sumergirme en la lectura
de algunos de sus relatos que, sin lugar a dudas, me habían cautivado y
obsesionado, sobre todo por la empatía por la que un fracasado y un destapado
como yo puede encontrar con personajes como el paciente de El pabellón número seis o
el héroe de Historia de mi vida. Sin
embargo, como intento decir, el infortunio se cruzó en mi camino, estando yo
embelesado por la maravillosa prosa del maestro ruso que exaltaba el alma de
los mediocres, tuve la insulsa idea de tomar las recomendaciones que un
fanfarrón alergólogo que de paso también tenía el descaro de escribir y que
además tenía el descaro de considerarme su amigo e incluso se llenaba la boca
diciendo que me veía como un mentor… dejemos esta anécdota anodina para otro
relato de Carver tal vez. Lo importante acá es que este galeno mezzotint al enterarse de mi gusto
obcecado por Chejov fue el responsable de recomendarme la lectura de Tres
flores Amarillas, que como ya he dicho es una biografía en forma de relato
hecha por Carver, donde un lector cuidadoso o uno con muy buena suerte como yo
se pesca que el relato, no tiene otra función entre líneas, que poner al
escritor del relato en comparación del gran maestro del relato corto. Es por
esto que vuelvo y repito ¿Quién demonios es Raymond Carver? ¿Y por qué tanta
palabrería sobre Carver si este opúsculo mediocre no está dirigido para él si
no para hacer una mirada miope y acomodada en función de una supuesta estética
igualmente amañada por la mirada de este humilde servidor que se oculta tras la
pluma con la que escribe o intenta escribir sobre una película de un mexicano,
que quiere jugar a un juego de espejos con el espectador y los actores que
están inmersos en este proyecto? Realmente, no lo tengo muy claro, quizás es
por el juego tautológico e intertextual y corresponsal que tiene todo este
asunto. En la película un actor de Hollywood, célebre por su interpretación de
un héroe de historietas, pero que se halla en declive, al igual que el actor
que interpreta a este actor (Michael Keaton) decide intentar sacar a flote todo
el egocentrismo y el narcisismo que el alma atormenta de una celebridad en el
leteo del espectáculo puede sentir, para así derrochar toda su fortuna
recreando un relato de Raymond Carver llamado: De que hablamos cuando hablamos de amor, convirtiendo este en un
monigote teatral. El juego de espejos
esta por todos lados, la obra que se pretende mostrar en Broadway tiene un
carácter autorreferencial e íntima similitud con la vida de este quijote de la
gran pantalla. A Tal punto que los personajes que Michael Keaton representa (el
del libro, el del teatro y el de la pantalla) se pegan un tiro frente al
desengaño y el descubrimiento de la poca importancia de su propia vida para no
morir en el intento. Pero acá el espejo se bifurca o se distorsiona, el
personaje de Carver en el libro finalmente muere a los pocos días, el de las
tablas, presuntamente da la ilusión de haber muerto cuando cae el telón, y el
actor de Hollywood, o mejor dicho los dos actores Riggan (el del film) y Keaton
(El actor tras el film) sobreviven. ambos salen volando ya que pudieron de
nuevo acariciar la fama. (uno de los dos metafóricamente, no sé bien cuál de
los dos).
Este eco visual de un personaje
que se repite en el reflejo, que se empequeñece y se hace más difuso cada vez
que se repite hasta el punto de desaparecer. Me recuerda quizás, de un modo
injusto, pero como dice Wilde: “Resulta difícil no ser injusto con lo que se
ama.” A la escena memorable del ciudadano Kane pasa por el lado de un espejo
donde su efigie se repite hasta el infinito hasta hacerse olvido.
Pero volvamos a Carver,
preguntemos de nuevo por él, sin que sea yo el que suelte una parafernalia incongruente
de palabras sobre esto; dejare entonces en la voz de los personajes del film
esa interrogante:
Mike: - ¿Por qué Raymond Carver?
Riggan:- Cuando era joven, en la secundaria actué en una obra y él estaba
en el público. Me
envió esto después de la obra. Una nota. "Gracias por una actuación
sincera.Ray Carver". En ese momento supe que iba a ser actor. En ese
instante. ¿De qué te ríes?
Mike:- Es la servilleta de un bar.
Riggan:- ¿Y qué?
Mike: Estaba borracho, amigo.
Al repetir la
última frase de Mike Caigo en cuenta que he cometido un error terrible e
imperdonable para realizar este escrito tautológico sobre Carver y la película
que inspiró. Y será el mismo Mike quien exhibirá cual es mi pecado, fuera del
pecado de vanidad que todos en este juego de espejos lucimos sin vergüenza:
Mike: Debo estar borracho. ¿Por qué no
lo estás tú? ¡Esto es Carver! ¡Dejaba un pedazo de su hígado en cada página que
escribía!
Pero yo no estoy
dejando mi hígado, ni ninguna de mis viseras en esto. Solo esto intentando
saber qué papel juego aquí. ¿Soy un simple espectador? ¿un crítico pedante e
ignorante? ¿un personaje ridículo que esta fuera de escena? ¿Quién diablos soy? Definitivamente no soy Carver, eso puedo
darlo por sentado. Y sin responderme este maldito enigma existencial viene a mi
mente otra pregunta ¿Qué hago yo aquí? Eureka, Eureka, ante esta pregunta puedo
presumir acaso salirme un poco de la ignorancia en la que me he cifrado hasta
ahora para encontrar una buena respuesta; estoy aquí para hacer como el
personaje del poema de Jaime Sabines[1],
estoy aquí porque solo quiero mirar y mirar…y Todo este asunto se resume a la mirada, a una mirada histeria, una mirada
deseante insatisfecha, incompleta, narcisista y expectante que busca ser
reconocida en el reflejo de otra mirada, otros espejos, para finalmente
perderse en el olvido de un parpadeo o en el aleteo irrisorio de un porvenir
incierto.
Sin embargo, sigo con
muchos interrogantes y por más que miro y miro nada respondo. Me apropiaré de
la leyenda que sigue al título del film, y con esa virtud de ser un ignorante
inesperado, dejaré de elucubrar posibles respuestas y me someteré meramente a
preguntar.
¿Qué es un artista?
¿Quién es un artista? ¿es acaso Raymond Carver un artista? ¿Qué hace a un
hombre un artista? ¿la crítica hace al artista? ¿la prensa? ¿los productores y
el dinero con el que endulzan a otros para la difusión y promoción de su
“artista” apadrinado?... ¿Cuál es la visión del artista? ¿Acaso es ese Übermensch que promete
Nietszche, que está en las alturas y contempla al hombre con una sonrisa?...[2] ¿Será acaso cierta la cita de Barthes que el
film aparentemente nos relata?[3]
¿somos acaso según esto nosotros los que miramos sin actuar ante el mundo
personajes borrados la diagramación de una tira cómica? ¿Es el artista un
héroe? ¿Qué virtudes exige entonces ser un héroe? ¿Quién en este maldito filme es el heroe? ¿es acaso Tabitha, la heroína en
todo esto, que en su función de critica implacable quiero revelarnos el fraude
que es toda esta puesta en escena y que intentará hasta donde su pluma alce
vuelo para prevenirnos del atroz delito contra el arte escénico que se estaría
cometiendo si esta obra idea de Iñarritu, de Carver, Riggan o quien sabe quién
demonios, es presenta ante la mirada de un público aun inexistente? ¿O será el
crítico como nos dice Mike, supuestamente aludiendo Flaubert queriendo
referirse a Wilde al pronunciar esta frase: "Un hombre se
convierte en crítico cuando no puede ser artista, así como se convierte en
informante cuando no puede ser soldado"?
Ante todo, esto me
declaro ignorante para dar certezas y sé que muchas preguntas
quedan en el aire flotando y otras cuantas podrá hacerse aquel que ponga su
mirada aburrida e ignorante sobre este texto luego de leerlo y otras
simplemente volaran al olvido al lado de Riggan luego de saltar por la ventana.
[2] «Vosotros
miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy
elevado. Decidme, ¿quién de vosotros puede reír y a la vez estar elevado? El
que asciende a las más altas montañas se ríe de todas las tragedias: de las del
teatro y de las de la vida.» Nietszche, Así habló Zaratustra
[3] “La labor cultural que antes realizaban
los dioses y sagas épicas ahora la realizan los comerciales de detergente y los
personajes de tiras cómicas.”

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