El primer suceso que nos es referido por Calasso con las ninfas es el que refiere al dios Apolo y la ninfa Telfusa que yace en la fuente de ese lugar. Dice el autor que fue a esta criatura a la que el dios se dirigió por primera vez, en busca de un lugar idóneo para su culto. La ninfa no tardó en engañar al dios con sus palabras el presagiar la llegada de este como una calamidad, el dios confiado, escucha crédulo las palabras engañosas de la ninfa que le propone un cambio de lugar para su futuro culto, a sabiendas que ese lugar como dice el himno homérico es un ser y ese ser es ella misma Telfusa: “Apolo, ignorante, sigue el consejo. Descubre el lugar que será Delfos -y su "fuente de hermosas aguas", rodeada por las espirales de una inmensa dragona, que mata "a cualquiera que la encuentre". Será en cambio Apolo quien la matará y la dejará pudriéndose al sol. Es ésta su gran empresa, su gran culpa.” (Calasso, 2008) Las palabras de Telfusa, lo hacen cambiar la lira por el arco y de este modo dar muerte a la serpiente. El asesinato de la criatura es un duelo silencioso. Una vez asesinada la serpiente, Apolo se sabe engañado por la hermosa fuente. En venganza vuelve a Telfusa y hace caer unas rocas sobre ella, y allí erigió su templo. Apolo, dios cazador, usurpa el poder oscuro de la ninfa que parece haberse desdoblado en la serpiente. Es importante aclarar que en el relato parece deducir que Telfusa, Pitón y la fuente son la misma criatura metamorfoseada: “Todo esto da una impresión, casi óptica, de desdoblamiento: como si un mismo evento se hubiera manifestado dos veces: una vez en el diálogo engañoso y malicioso entre el dios y una Ninfa y una vez en el silencioso duelo entre el dios-arquero y la dragona enrollada. Al centro, en uno y otro caso, hay una fuente que brota. Y en uno y otro caso se trata de la historia de un poder que es destronado.” (Calasso, 2008)
Más adelante Calasso, nos refiere otro episodio del mismo dios, en el Himno a Hermes, donde se hace evidente que el don de la adivinación y el uso del arco es aprendido por unas criaturas femeninas que fácilmente podrían ser las ninfas, llamadas Trias. Estas criaturas dicen la verdad cuando son alimentadas con miel, pero que si no es saciada su hambre conducen a la mentira, al torbellino, la borrasca. Esta metáfora hace cuestionar el lugar de la escucha en dos formas: una de forma edulcorada, que hace del oído un paladar que recibe gustoso las palabras dulcificadas que procuran la verdad, mientras que la segunda forma engendra remolinos, es una escucha engañosa vientos que arremolinan al pensamiento, que enredan la cordura y hacen perder en el desvarío a aquellos que la escuchan.
Curiosamente las ninfas son erradicadas y silenciadas por el dios, guarda para si la miel, y luego suplanta en el lugar de estas a las musas que también son tres y que cumplirán una función similar a las de sus antecesoras. Como portadoras tanto de verdad como de mentira.
De este modo el autor nos adentra al poder verdadero de las ninfas, el poder de posesión, un poder sagrado y maldito, un conocimiento metamórfico, que puede conducir a la sapiencia o a la locura.
Según nos dice Calasso refiriéndose a Plutarco sobre la soberanía délfica: “Ahora la metamorfosis migraría a lo invisible, al reino de la mente. Se convertiría en conocimiento. Y ese conocimiento metamórfico se llegaría a condensar en un lugar que era a la vez una fuente, una serpiente y una ninfa.” Estas palabras podrían ser incorporadas a la mitología cristiana donde fácilmente podríamos dar lugar metamorfoseado a estos tres personajes: El árbol del conocimiento, la serpiente del pecado y Eva. Tomando las riendas de nuestra indagación sobre la escucha encontramos que esta es la razón de todo el destino del hombre una vez, Eva es poseída por la palabra seductora de la serpiente que promete ese saber prohibido que la hará ser igual a dios, ese saber que más tarde será la condena de la humanidad. Acá volvemos a encontrar lo que propone Calasso frente a esta reservada escucha, el encuentro entre la verdad y el engaño. Por medio de un engaño dulcificado en la palabra de la serpiente que a su vez es satanás metamorfoseado, se le otorga a Eva la posibilidad de una verdad que le ha sido vedada por Dios y esa verdad no es otra que el conocimiento. Para la muestra de este carácter dual del conocimiento que procura ese lugar de la escucha Calasso nos dice cuando se refiere a Dioniso y Apolo: “Si el conocimiento sobre el que se funda Delfos no es sólo engaño de astutos sacerdotes, entonces la voz del sujeto que conoce será siempre, por lo menos, una voz doble, la voz de la phrónesis que controla, pero también una palabra que acoge en sí a un dios, éntheos, palabra que, con el mismo carácter abrupto, primero se impone y después nos abandona. Y esa voz doble es tal porque corresponde a una mirada doble, la mirada que observa y la mirada que contempla a quien observa, el ojo de Apolo y el ojo de Pitón oculto en él, la Ninfa que brota de lo invisible.” (Calasso. 2008) podemos agregar a este apartado no solo una voz doble, ni una doble mirada, sino también una doble escucha. Una escucha verdadera y una escucha engañosa. Aquel que habla escucha su voz engañosa y aquel que escucha esa voz encuentra en ella una posible revelación o un terrible engaño.
De este modo podemos vislumbral el carácter que vincula la locura a las ninfas como esta afecta la escucha y puede conducir al genio o a la muerte o incluso a ambos destinos. El saber que mata. “Por eso las ninfas pueden ser tanto salvadoras como devastadoras -o lo uno y lo otro juntos.” (Calasso,2008).
En páginas posteriores Calasso, nos habla del delirio erótico al que nos puede conducir la escucha de las ninfas. Dice también lo siguiente: La ninfa o lo divino o la fortuna son potencias que actúan repentinamente, capturan y transforman a su presa.” (Calasso, 2008) volvemos aquí al carácter transformador de quien escucha a una ninfa o a un ser divino o a una potencia, pues como ya sabemos estos seres son portadores de un saber un saber que puede conducir tanto a la fortuna como a la tragedia.
Todo esto nos llevará a pensar en algo que es insinuado desde el comienzo, que la escucha de las ninfas promete una felicidad futura. Sin embargo, esta felicidad no es más que el producto edulcorado de una escucha que ha sido poseída por una criatura engañosa, portadora tanto de la verdad como del engaño, o sea, de conocimiento. Es importante remitirnos acá, a la visión filosófica del siglo de oro español, representada por Baltasar Gracian, que nuevamente cumple esa función metamórfica, y transforma la felicidad en desengaño. Una escucha despojada de esa dulzura que encadena, que posee y por el contrario, es una escucha amarga, que desmiente y despoja a las palabras de toda ilusión que puede llevar a la locura. Ya que el que se deja llevar por una escucha lisonjera no tendrá un buen término y anduviera por el mundo como un loco o como un tonto. Pero volvamos nuevamente a Calasso y lo que dice de la posesión según los griegos: “Fue ante todo una forma primaria del conocimiento, nacida mucho antes que los filósofos que la nombran. Hasta se puede decir que la posesión empieza a ser nombras cuando su soberanía esta ya declinando.” Frente a esto podemos traer a colación, la escucha que se presenta entre el maestro-alumno. Con esto volvemos a la escucha poseída, una escucha dulce, una escucha erotizada del maestro hacia el alumno. No nos adentraremos a este asunto, más allá de la mención ya que esta relación de escucha para los griegos no es una forma de llevar a la locura propiamente sino a lo que se supone es un lugar contrario. Fijémonos mejor en lo que sigue diciendo Calasso sobre la posesión al referirse a Homero de que quien como nos dice muchos suponen un escéptico o un silencioso frente a esta: “Toda la psicología homérica, de los hombres y de los dioses, esta admirable construcción que sólo la ingenuidad de los modernos ha podido juzgar rudimentaria, está atravesada de un extremo a otro por la posesión, si posesión es ante todo el reconocimiento de que nuestra vida mental está habitada por potencias que la dominan y huyen a cualquier control, pero que pueden tener nombres, formas y perfiles. Con estas potencias tenemos que ver en cada instante, son ellas quienes nos transforman y en las cuales nos transformamos (…) Los héroes homéricos sabían que un dios los hacía actuar. Todo acrecentamiento repentino de la intensidad introducía en la esfera de un dios.” (Calasso, 2008) un claro ejemplo de esta posesión por medio de la escucha de un dios es la que padece y lleva a la locura y muerte al pobre Ajax.
Descubrimos pues el poder de la ninfa, y cómo afecta a la escucha. Entendiendo que esta es un lugar, mas no un lugar incólume, sino un lugar metamórfico: “Ninfa es por tanto la materia mental que hace actuar y que sufre el encantamiento, algo muy afín a lo que los alquimistas llamarán prima materia y que todavía resuena en Paracelso, en donde habla de "nymphididica natura". (Calasso, 2008) un lugar que es fuente, una fuente de palabras que se mueve hacia el oído de aquel que espera el presagio, del futuro poseído, las palabras se hacen agua y caen en la fuente anhelante del mortal que busca el conocimiento en la palabra de la ninfa. De este modo entenderemos el siguiente pasaje: “El delirio suscitado por la ninfa nace entonces del agua y de un cuerpo que emerge de ella, así como la imagen mental aflora del continuo de la conciencia.” (Calasso, 2008) la escucha acuática de las musas pueden ahogar a quien intente sumergirse en su conocimiento, la fuente de este conocimiento puede rebasar la capacidad de entendimiento del mortal y hacerlo naufragar en la locura en un lugar sin retorno.
Llegando a las últimas instancias del texto de Calasso vemos una nueva metamorfosis, aunque en realidad ya ha sido mencionada, pero acá es llamada por Warburg como una brise imaginaire. Es pues: imagen- fuente de esa demoníaca exaltación del gesto vivo. Warburgo también la llamaba cazadora de cabezas y con esto no la podemos desligar de aquella que lleva al que escucha a la locura, a ser Poseído por esta, ya que su cabeza ha sido capturada por este juego doble y metamórfico de la ninfa. “Warburg sabía que su cabeza podía ser de un momento a otro, raptada por las ninfas y quedar prisionera de la locura.” (Calasso, 2008). Frente a toda esta apreciación vivida Warburg podemos incluso inferir que la escucha de la ninfa es una serpiente, una criatura escurridiza que se mueve cautelosamente por el aire o por el agua hasta llegar a nuestros oídos y allí llegar hasta nuestro entendimiento, para alimentarse o alimentarnos con su saber prohibido. Con ese saber que nos acerca a los dioses y a los locos.
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