sábado, 7 de noviembre de 2020

DE PIZARNIK O LA EVOCACION DE LA ESTUPIDEZ DELIRANTE

 


"Los oradores ¡que no lancen una perorata en medio de una conversación!, ¡Y no lea sus versos el poeta delirante!" Ovidio.

 

Quisiera, pero no puedo ya que mis dotes son insuficientes, encumbrar la pluma de Pizarnik y compararla con la de Góngora, que en desatino pensé acaso citar unos versos de Quevedo para llevar mi cometido:

Has acabado aliundo su Parnaso;
adulteras la casta poesía,
ventilas bandos, niños inquïetas,

 

parco, cerúleo, veterano vaso:
piáculos perpetra su porfía,
estuprando neotéricos poetas.

Sin embargo, es trabajo inútil y estulto de mi parte sentar en el nido del culteranismo a tan inculterada dama. Que más cerca esta del cretinismo que del llamado gongorismo y ni mentar yo quiero, el arduo ayuno de Conceptismo que acaecen sus quimeras grafolingüísticas. Adiós pues al siglo de oro, do claramente su feminidad baila ausente. Debo entonces armarme de valor e ingenio para darle un lugar propio y exclusivo, a aquella mujer que, con sus cándidas evocaciones, dignas de una musa del delirio insulso, logra seducir con supina perspicacia y desbordante credulidad, las cabecitas de jovencitas convulsivas que aún no encuentran la palabra clara en el rio donde se ahogó Narciso. Mujer única en su especie, a la que muchas hoy emulan con firmeza buscando el sublime verso han encontrado lo perverso. Más de esta perversión del verso hablaré luego para que no piensen, que la seducción viene acaso de un lugar donde Sade elogia el vicio, ni mucho menos, es de la perversión marchita de la palabra de la que intentaré darle un punto así me hunda en fango donde se revuelcan los cerdos intelectuales de de nuestro siglo. Sigamos pues exaltando a la Musa del desparpajo, de la emoción absurda, a la que es ilícito llamar hacedora de versos, ya que mutilar como carnicera de barrio humilde los renglones no atañe mucho al ejercicio poético, sin embargo, mis palabras chocan ahora con el muro de lo obtuso donde su trono está laureado y ha dado un lugar inoportuno a la pestilente po-rqu-eía de estos tiempos, al ponderado idiotismo que no solo ha envenenado la más insigne de las artes sino los sitios más vulgares donde se podría echar un buen canto a la diosa de las saetas con unos cuerpos febriles y engrasados.

No te culpo a ti, del reino que no gobiernas, aun siendo la reina sempiterna de la bobería, hija extravía de la deidad del buen Erasmo. Tú, la palabra sin sentido, ni pensamiento alguno. Tú, Mujer-demiurgo facedora de laberintos que no conducen más que a entuertos, desatino donde los necios atinan su parnaso en una sienaga. Eres una excusa para el desconcierto, para falta de talento y duende, para esa ausencia de furor, rigor y templanza. Bendita seas para todas las mujeres de carácter indulgente y los cornudos que se avergüenzan del vigor de sus pequeños guineos. No soy digno, de esta diatriba, aunque se diga que un tonto no puede hacerse el sabio, yo que a duras penas me debato en la oligofrenia, soy idiot-savant del verso. Que nunca he fabricado soneto alguno que no haya servido de incentivo para el fuego de mi hoguera. Disculpas te pido, tú que yaces muerta en carnes, pero tan viva y revivida en la ignorancia del mundo. Tus evocaciones delirantes son el espejo del desengaño, haces creer que la poesía es un capricho que cualquier ágrafo puede hacer con tan solo siluetear en una pared inmaculada figuras sin pretexto, mojando su pluma con el propio excremento. Has hecho sin quererlo que muchas mujeres de coño reprimido y resentido, con esa mierda seca digan a los cuatro vientos: SOY POETA. Este es un siglo de poetas, do se confunden los versos con los ritmos tribales de letras obscenas, de esa música que procura mover el culo ardiente de estas discípulas tuyas, aunque renieguen a vox populi, de esos bailes profanos, de esa cultura de la vacuidad donde ellas esperan y aspiran ser la voz que las inmortalice en la historia.

Créeme que he querido perdonar tu falta de lógica, que incluso intente defenderla con tu supuesta falta de cordura. (Creo que loco es quien te adjudica poeta) Pero tu voz no llega a acariciar el arrebolado lenguaje de la locura. A lo sumo puedo tomarte por el discurso de un asalariado reprimido y fracasado que solo se queja en el baño, y del que lentamente salen las palabras a trompicones. Es verdad que algo se caía en tu silencio y era la coherencia de tus versos, no podías atraparlas en una red para luego bordarlas pacientemente como Penélope, tu afán de figurar entre los otros amigos agraciados del Boom, de hacerte maldita no permitió que tu palabra se permeara del duende, ni de la musa ni el ángel, realmente estas como este apretado verso tuyo:

“Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.”

Sigues escribiendo. Escribes y escribes, buscando en tu silencio, eso que jamás lograras hacerse poema, porque tu talento no es la poesía, si no hacer sentir a la gente sin talento para esta, que cualquiera puede ser poeta incluso tú, mientras te peinas los cabellos escarchados por el fuego. Algo de ternura siento en tu aproximación a la forma del oxímoron, que se te escapa de las manos como arena en la ventisca, porque como niña caprichosa quisiste empalagarte de figuras y metáforas que dejabas inconclusas. nunca recorriste el círculo y aun asi del trazo de las palabras podrias formar un nudo para los zapatos de una serpiente. Tú la dadivosa artífice de frases anodinas. Algunas veces logras soplar algunos versos que pueden hacer voltear la mirada de una ninfa extraviada, pero como si amaras realmente la autodestrucción que tanto promulgas te encargas de escupirle en la cara al sendero de las silabas que siguen. Eres una rebelde, no quieres seguir ningún camino más que el de tu desenfrenado ahnelo de reconocimiento, quieres que la noche te mire y te sonría, porque piensas en silencio que la noche, les ríe a las niñas idiotas que quieren escribir poesías. Pero tu sigues escribiendo, y como Sísifo cargas la piedra de tu empresa inútil, subir con esfuerzo dos o tres versos para dejar caer precipitadamente toda posible belleza de una forma poética. Tu evocas y evocas, pero ninguna evocación logra hacerse un rito, tu canción solo canta para los corazones insolentes de quienes no entienden ni quieren sentirse ni afectarse con la poesía, pero quieren ser tu espejo futuro. No has podido ni sorprender:

“la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges”

pues no ha llegado nunca esa presencia que te reconozca como Poeta. Por eso te dedicaste a imitar poetas reales y no de ensueño como tu quimera, a tal punto fue tu intento vanidoso que hasta el suicidio pensaste que era una forma para alcanzar tu anhelo. Quizás ese epilogo de tu cuerpo fue el único verso verdaderamente sublime. De allí nació tu gloria póstuma, mira hasta yo que no te soporto me he tomado el tiempo para leer alguno de tus esperpentos, buscando un solo soneto, que logre reivindicarte. Lo has logrado querida, sin entender un carajo de métrica, sin hacer acaso un verso blanco en tu oficio carnicero de cercenar los reglones y la forma. Por eso todos los canallas se escudan en decir que todas sus palabras huecas son en verso libre. Porque según ellos y posiblemente tú, pretenden desencadenar la palabra de su yugo, al que llaman razón. Y te laurean a ti, como aquella libertadora que no escribe palabras sino sentimientos, y de allí el pretexto para enunciar monstruosidades con acento de aedos. Todas las jaulas de la razón se han vuelto pájaros para dejar volar la estupidez y hacerla valer. Sin importar que la pasión sin una pisca de razón no conduce más que al exterminio. ¡Eureka! ¡Eres la poeta de este siglo!Pero quiero que me expliques como con tanto talento haces que estos dos simples versos pierdan todo significado al juntarlos con tu arte delirante y aberrante:

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual.”

¿Como es que luego del final todo continuara igual? ¿De qué final hablas? ¿Incluso dime si acaso conoces la diferencia entre principio y final? tú que eres reina de lo nudos, de los caminos sin abismos. No me repudies, por mi pregunta, puedo inventar mil y una más con tus versos inconexos, solo agarré estos al azar, pues tus versos son esos jaulas sin pajaros, así que no te quejes. Puedo tomar otros si tú quieres y dejarte en el mismo sitio. Pero como tú ya eres de piedra y polvo y tu palabra solo cacofonía impresa, no tengo más remedio que paladearme con tus discípulas. (Se que hay hombres en sus filas, pero estos hombres no se molestaran para nada el género en el que los agrupo, ya que ellos abanderan estas ideolgias perversas tan de moda y de lenguajes vomitivos, inclusivos totalmente incluyente. Porque aquí, en tu reino de poesía que nos es poema, lo increíble se hace realidad, cualquier insensatez evocada en el fulgor de un amor frívolo tiende a ser llamado poema y a su artífice en vez de necio, poeta. Es por eso que acá los hombres no son hombres y las mujeres son poetas). Ya las veo venir con sus antorchas, ya vienen con sus arengas de odio, a llevarme a la hoguera, porque ahora las brujas son aquellos que luchamos por la desentrañar los misterios de la poesía. Vienen con esa furia primitiva de animal reprimido por siglos, y es por eso que tú eres su gurú, tú la que habla con tanta insensatez, la que tocas esas almas que no logran hacer de su palabra una herramienta para batallar contra el enemigo (que acá entre nos desconocen, y supongo se esconde al otro lado del espejo). De verdad querida autora de descaminados versos, siento lastima del monigote que han hecho de ti, tú que solo has querido en vida hacerte poeta y fracasaste, llegan estos más fracasados que tú y te adjudican el título que jamás lograste alcanzar. No es justo, que sean otros los que fabriquen con humo tus logros irrealizados, es inaudito pero cierto, que seas la voz de una época de intelectuales sin talla, que leen para presumir y no para entender o sentir. Porque gracias a tus mamarrachos poéticos ellos no necesitan entender, aquello que no fue escrito con alguna luz de entendimiento.

Entiendo tu pasión desenfrenada, es allí lo delirante de tu obra, pero no solo de delirio se escribe el poema o tu delirio tal vez no es lo que parece, y es como estos jóvenes que te adoran, una mera apariencia de delirio. Aunque yo logro vislumbrar en tus palabras el delirio por figurar, por ser reconocida, por verte ante los ojos de los verdaderos poetas como una mujer maldita, como una marginal incomprendida. Y no te niego esos triunfos, aunque estos no son los que tu esperabas. Para mi eres enteramente marginal, a pesar de tu actual fama. También para mi tienes mucho de maldita, es más eres una maldición para la poesía actual, has servido para dejarla en el atolladero, la has condenado a un mundo por fuera del cielo y del infierno y de las almas, lo afincaste al mundo de la cursilería, de las emociones simplonas, de los lamentos y caprichos de jovencitas alocadas. Por eso imploro sin esperanza que se cumpla tu exilio, aun sabiendo que no eres ese ángel de tu esperpento ya famoso:

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

No me canso de admirar esos escarceos fútiles con el oxímoron, ese que buscaste en una muerte donde vivir. Por esa manía tuya de creerte ángel y verlos en todas partes.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Me atreveré en este instante a ser tan atorrante como los que te rezan como a su ángel de la guardia y responderé, desde mi necio lugar por ese "quién" que tanto buscas y que esta repetido en estos mismos versos y que son dos efigies que componen un solo cuerpo sin cuerpo sin sombra: El Ángel y La Muerte. En el espejo de la vida quizás son uno o ninguno, pero están en frente de las narices de tus versos respirándote en la nuca y en la de tus abnegadas lectoras. ¿Será por eso acaso que más siniestramente una sombra que presientes, que te respira pero que no logras atrapar? ¿Será acaso esa la sombra de la poesía que tanto perseguiste y tanto amaste? Esa sombra que no muere, la sombra imposible que tus versos persiguen como la liebre a la tortuga. No puedes abrazar la sombra de una efigie, pero entiendo que todo esto es parte de tu delirio y por eso creas que es lava del infierno, la poesía, una logia callada. De la que en vida no te permitieron hacer parte y de la que yo como lector no te doy ese lugar. Vuelves a perderte y hablas de fantasmas con erecciones, porque eso son tus versos formas sin cuerpo ardiendo en el humo. No diré nada de los sacerdotes de espuma, allá ellos y que tus seminaristas interpreten ese verso, que me produce reflujo y solo pienso en un antiácido para soportarlo. Vuelves a tus ángeles y no puedo entender para que, y supongo que tú tampoco, pero aun así les das cuchillos para hacerlos más intimidantes y justamente en la noche para darle ese efecto cliché de cuento de terror victoriano. ¿Serán acaso tus cómplices, adláteres que te ayudan a descuartizar la esperanza que se levanta cada vez que intentas elaborar poema?

Dejare pues yo también esta perorata, porque no es otra cosa que esto, como delirantes son tus versos. Porque no tiene propósito alguno de haber escrito sobre algo que no tiene ni pies ni cabeza, como diría un matemático leyendo uno de tus textos. Así que te dejaré en paz por ahora o por lo menos en este punto, así como espero tú y tu sequito dejen pronto en paz el cadáver de la poesía y la dejen resurgir del cieno en que la hundieron como el fénix que habita en esa muerte del verso.

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