miércoles, 29 de mayo de 2013

PROCESOS DEL APRENDIZAJE Y LA COGNICIÓN



“Somos el reflejo viciado de aquello vemos”

El aprendizaje y los procesos cognitivos del sujeto, siguen siendo aun objeto de análisis e investigación tanto de pedagogos, docentes, psicólogos, y otros investigadores en el campo de la ciencia. No es curioso ni mucho menos extraño que aun en nuestros días no se haya llegado a una última palabra al respecto acerca de un modelo educativo sin fallas.
Jean Piaget, (1886-1980) comienza a perfilar un acercamiento inclinado a la psicología genética sobre estos cuestionamientos pedagógicos del aprendizaje y la inteligencia del sujeto (1935) pero sigue dejando claro que aún queda mucho trecho por investigar. En este trabajo hace un particular énfasis en tres puntos de la psicología infantil que se deben tener en cuenta: La naturaleza de la inteligencia, la experiencia del individuo con su entorno y el lenguaje. Estos tres puntos siguen siendo de suma importancia a la hora de hablar del aprendizaje y la inteligencia. Su preocupación por la naturaleza de la inteligencia de alguna manera podríamos vincularla a un carácter evolutivo, pues cree responsabilidad de la enseñanza incrementar el desarrollo intelectual del individuo. Habla de una inteligencia que progresa, una inteligencia evolutiva, que se adapta a su entorno y que formula ideas independientes (1965) y censura de alguna forma el carácter que la educación impone en el individuo, haciendo que por el contrario contribuya a su desarrollo, y determine limites y restricciones, sometiéndolo a una especie de precariedad y embotellamiento intelectual.
Frente a estos señalamientos, aun hoy en nuestros días, podemos ver que esos mismos errores señalados siguen repitiéndose, y los educadores parecen no percatarse de la razón primordial de la enseñanza. Que no es impartir sus conocimientos aprendidos con anterioridad, si no cultivar e incentivar los de sus estudiantes. El problema aquí es quizás de carácter epistemológico, y de la veracidad de la verdad, frente al concepto de inteligencia: Piaget plantea que es indispensable, tener claro este concepto a la hora de la enseñanza y propone entenderlo por medio de la experiencia psicológica, trayendo de la psicología infantil dos funciones indispensables para la formación y el desarrollo de la inteligencia: comprender e inventar. Partiendo de estas dos funciones se debe reinterpretar la inteligencia como un proceso de construcción, como una estructura en proceso y progreso. Cambiando la perspectiva del conocimiento como un simple archivador de información y más bien como una edificación que se esta cimentando.
Piaget plante un conocimiento más allá de la copia, o de la interpretación y nos hablas más de una reinterpretación, una forma de recrear ese conocimiento previo. Nos habla de transformar ese conocimiento de con un lenguaje propio de cada individuo, independiente a modelos asociacionistas encadenados y de repetición. Y para transformar de debe actuar con el objeto, la interacción entre el sujeto y objeto, como método de aprendizaje.
Así pues, asimilar es conocer, por medio de acciones transformadoras de lo real. Podemos observar este proceso de acción y asimilación como un proceso de exploración con el objeto y en la medida que se actúa y se coordina la acción, el incremento de la inteligencia del sujeto será progresivo. La asimilación debe estar ligada a un proceso de acomodación encargado de ajustar las experiencias o acciones pasadas a un presente para así seguir con un crecimiento intelectual estructurado y progresivo.
En el caso de Jerome Bruner (1915) comparte ciertos criterios de Piaget pero, también curiosamente, se apoya en criterios un tanto arcaicos conductistas para el proceso del aprendizaje. Como son el aspecto del estimulo del castigo y la recompensa. Esto de algún modo entorpece y contradice el ideal de su colega. Puesto que estos procedimientos de enseñanza pueden conllevar a ese embotellamiento del intelecto. Porque de alguna manera los símbolos de castigo y recompensa, son símbolos de meta o fin. Sin embargo vuelve a congeniar con Piaget, propone que el desarrollo humano se estructura en diferentes etapas y cada una de ellas construye por si misma sus propias representaciones mentales. También congenia de este modo con la propuesta de adaptación, ya que asegura el crecimiento y el desarrollo de la inteligencia por medio de la interacción de sujeto con su entorno. A partir del entorno el sujeto construye de forma simbólica un mundo subjetivo. Este mundo subjetivo, que nos propone, trae a la memoria la representación del mundo de Schopenhauer. Según Bruner el sujeto posee la capacidad de reaccionar de una manera inmutable 
En su teoría de la enseñanza son cuatro los aspectos principales:
1.      Aspecto Motivacional: debe haber una predisposición al aprendizaje. Se debe estar en disposición para aprender sobre un objeto o materia en aprticular.
2.      Aspecto Estructural: este aspecto como su mismo nombre lo dice, es en base a desarrollar estructuras de aprendizaje, que de alguna manera recuerdan al pensamiento de Piaget, con respecto a la acomodación organizada de los conocimientos asimilados.
3.      Aspecto de Secuencia: luego de desarrollada la estructura se debe luego modelar una organización lógica del conocimiento, para asegurar la eficacia del aprendizaje.
4.      Un aspecto de refuerzo: este último aspecto semeja una postura conductista de estimulo y respuesta, usando como motivación, símbolos de Recompensas y castigos.
A Lev Vigotsky (1896-1934) podríamos llamarlo un pionero de las investigaciones sobre el aprendizaje y los procesos cognitivos. Con su teoría del enfoque Histórico-Cultural donde sitúa al individuo como el resultado del proceso de la historia y de lo social y al igual que Piaget, le da suprema importancia al uso del lenguaje.
Para Vigotsky existen don funciones mentales: inferiores y superiores.
Las funciones inferiores podríamos llamarlas también innatas, porque son aquellas con las que nacemos, las que son producto de la genética. Estas funciones nos delimitan en nuestro entorno y nos limitan nuestras capacidades de reacción.
Las funciones superiores, por otro lado, son aquellas que se adquieren y desarrollan con la interacción en el medio social. Son aquellas que se determinan por la cultura, por una sociedad específica. Y en este tipo de funciones su espectro no esta tan limitado como las funciones inferiores. Las funciones superiores tienen la posibilidad de incrementarse y desarrollarse por medio de la interacción. En allí , en esta interacción con otros sujetos, en lo social donde se desarrolla nuestro conocimiento, pensamiento que coinciden estos tres autores, y que según Vigotsky, es aquí donde se determina el conocimiento de nosotros mismo a partir de símbolos. Por eso la importancia del lenguaje como herramienta sociocultural para el desarrollo cognitivo de nuestro ser. Estas llamadas funciones superiores son las que nos separan de los otros seres, por nuestra capacidad de relacionarnos en una sociedad de modo que nuestra cognición aumente y se fortalezca por medio de esta interacción. Podríamos decir pues, que somos el producto y el reflejo viciado de lo que los otros son. Somos el resultado de la sociedad que nos ha tocado sobrellevar. Todas las experiencias y situaciones que hemos experimentado inmersos en ella nos han hecho lo que somos. Por medio de esta hemos creado nuestros propios mecanismos de defensa y supervivencia. De acuerdo con esto seguimos teniendo una perspectiva de adaptación evolutiva al medio. Vigotsky habla de dos momentos de desarrollo en las funciones superiores, la primera compete a lo social y prefiere llamar Interpsicológica, aquel mundo simbólico por el cual el individuo se ve afectado y una segunda que es personal o Intrapsicológica. Entre ellas, del paso de la primera a la segunda le interiorización, este proceso podríamos asociarlo con el procesos de asimilación de Piaget, donde el sujeto se apropia e interioriza esa representación simbólica de su entorno. En este paso es de suma importancia la interacción con los demás, a esto le denominara ZDP: Zona de desarrollo próximo. Por medio de la imitación de otros sujetos de la sociedad en que habita, el individuo comenzara a desarrollar su propia cognición, aquí volvemos a toparnos con una clara aproximación al evolucionismo, por medio de esta imitación de los demás es que se produce nuestro aprendizaje. Por esta razón la ZDP esta totalmente determinada por el tipo de sociedad que se habita. Y no debemos olvidar que la herramienta más importante para que se ejecute la ZDP, es el lenguaje, siendo este el mejor vehículo de interacción con lo social. El lenguaje evoluciona con nosotros, primero en la medida que es usado como imitación del otro y luego como una herramienta de intrapsicológia, que nos sirve para expresar nuestras opiniones personales sobre lo que nos rodea y sobre nosotros mismos. Hablamos de una mediación, al determinar que nuestra ZDP está limitada por la sociedad que habitamos. Nos valemos de instrumentos para configuración de signos que regulan nuestra conducta a esta característica se le denomina Mediación Semiótica. Entendemos pues la diferencia entre las herramientas y los signos. Las herramientas son las que nos vinculan al mundo materia mientras que los signos son los que construyen nuestro propio mundo mental.
Así pues concluimos que, tanto Piaget como Bruner y Vigotsky,  coinciden en la importancia de la afectación que sufre el individuo frente a su entorno. Y tanto Vigotsky como Piaget, hacen hincapié de la importancia del lenguaje del sujeto para la interacción de con la sociedad. El lenguaje se consolida como una herramienta básica en el desarrollo del conocimiento, ya que por medio de esta, el sujeto tiene la posibilidad de interpretar el mundo de los otros, y a su vez, puede también él dar su propia interpretación. Con su teoría del enfoque Histórico-Cultural donde sitúa al individuo como el resultado del proceso de la historia y de lo social y al igual que Piaget, le da suprema importancia al uso del lenguaje


LA REALIDAD INCIERTA (o La duda infinita)



“Yo aconsejaría esta hipótesis: la imprecisión es tolerable o verosímil en la literatura, porque a ella propendemos siempre en la realidad. La simplificación conceptual de estados complejos es muchas veces una operación instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante. Vemos y oímos a través de recuerdos, de temores, de previsiones. En lo corporal, la inconciencia es una necesidad de los actos físicos. Nuestro cuerpo sabe articular este difícil párrafo, sabe tratar con escaleras, con nudos, con pasos a nivel, con ciudades, con ríos correntosos, con perros, sabe atravesar una calle sin que nos aniquile el tránsito, sabe engendrar, sabe respirar, sabe dormir, sabe tal vez matar: nuestro cuerpo, no nuestra inteligencia. Nuestro vivir es una serie de adaptaciones, vale decir, una educación del olvido.” Borges (1932)
Cuando comenzamos la pesquisa sobre aquello que llamamos realidad, llegamos inevitablemente a la laberíntica pregunta de la Verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Qué es falso? ¿Qué es cierto?  Nos dispara a un desierto aterrador y nos creemos presa del fracaso, de la derrota, al sabernos ínfimos sujetos, juguetes del destino, moscas en un plato de sopa que intentamos llamar universo. Y nuestra mente siente colapsar cuando indagamos más en la herida que hemos zanjado y descubrimos que aquel misterio que no hemos podido desentrañar, es tan solo un fragmento de un inconmensurable rompecabezas indescifrable. (Sagan, 1970)
Creemos hallar sosiego en anclajes de conocimientos, anclajes morales (Zapffe, 1933) preconcebidos, en lubraciones ajenas, historia de historias, depositamos nuestra fe en la ciencia – ese último refugio espiritual- ese placebo veleidoso en el que se oculta su incertidumbre. Pero tropezamos con ideas que nos hacen flaquear. Nos dilucidan que todo es que nada es lo que parece y todo  es relativo, y que la realidad no es más que un objeto de nuestro capricho (Schopenhauer, 1818-1819)
Seguimos procesos de diversa índole para no sentir que nuestro navío esta a la deriva sobre aquel escabroso mar de la realidad. Russell nos plantea una nueva mirada, o quizás mejor dicho una nueva duda. Nos recuerda que somos seres con limitaciones, no los dioses gobernantes de ese universo que desconocemos. Esa cachetada nos procura un espabilo y descubrimos que sólo somos esclavos de nuestros sentidos, la realidad se hace individual y subjetiva, y las verdades que creíamos absolutas se caen al piso. Vislumbramos así, un mundo similar a un espejo hecho pedazos, donde sus fragmentos no son más que reflejos de algo incongruente.
En medio de la desesperación, nos anidamos en la idea de una verdad para nosotros, una realidad que mejor se acomoda a nuestra mirada (Stirner, 1845), dejamos de luchar a la contra del infinito y aceptamos el universo ínfimo que nos ofrece nuestras reticencias y limitaciones. Pero allí aparecen nuevos conflictos. Porque nuestra verdad, nuestro mundo fabulado por los sentidos y la precaria existencia, ese individualismo utópico anarquista, y nuestra realidad compiten con lo ajeno, con el individualismo del otro. Surgen así, teorías opuestas, discusiones de nunca acabar, iniciamos batallas en torno a irrisorios, fundamos filosofías y contradicciones para llegar a la aceptación del  eterno movimiento del objeto y el sujeto (Bergson, 1957).
En el marco epistemológico, la realidad se ha convertido en un misterio, ha dejado de ser ese axioma irrefutable, para ser principio y fin de la investigación. La veracidad se escabulle de nuestras redes, y quedamos siempre cortos aun cuando intentamos disfrazar nuestra ineficiencia con aparatos que superan nuestra percepción y capacidad de registro o memoria (Russell, 1912).  Pero la verdad sigue siendo un objeto móvil (Bergson, 1957).  No quiere ni puede estarse quieta, la ciencia no tiene los muros suficientes para contenerla y debe cambiar sus leyes por meras teorías, semejantes a un pescador que pesca sin anzuelo. Y la labor de la filosofía, llega a ser tomada casi por un cuento, por mero ardid de la literatura (Popper, 1980) que ni el propio Heidegger con su tono enmarañado podrá devolverle su antiguo valor. Vagamos dubitativos en los planteamientos cartesianos ¿cómo podemos llegar a la verdad si el conocimiento nos es ajeno y aquello que suponemos conocer de nosotros mismos es tan solo una quimera, una argucia del lenguaje? (descartes, 1637)
El lenguaje, ese engañoso utensilio de las sociedades, ese coercitivo instrumento que los sofistas manipulan con diestra maestría. Para hacer de la mentira un estamento, para edificar imperios y dar vida a dioses del absurdo. Esa espada de doble filo, es enemiga de la verdad, es el lobo disfrazado de oveja, es el recurso miserable que tiene el hombre para expresar erróneamente la percepción de su realidad. Todo el desarrollo desde su origen, esta caduco. Su exegesis se hace incierta, la realidad aparente procura un choque entre el mundo de las ideas y el mundo material, a bifurcación de respuestas y conjeturas comienza semeja pues a una hidra incontenible que ni el más colosal Heracles del leguaje podría derrotar.
 La percepción humana es limitada y engañosa, pero nos sentimos deseosos de pregonar a los otros nuestra falsa y buena nueva, como ese acto narcisista y baladí, para ocultar nuestra tragedia, porque hace parte de nuestro conocimiento y crecimiento, esa comunicación diñada con los otros, ese intercambio mortecino de ideas, ese mundo de especulaciones restringidas, que vistas desde otro prisma traslucen como olvidados fantasmas (Piaget, 1972), y esto es tan sólo el triste comienzo, el principio de nuestra gran derrota o como diría Olvetti: “El intelecto es causa perdida, es una de las grandes derrotas de lo humano”. Es una transmisión de naderías, de conceptos anodinos, una pérdida de acto y tiempo, el eterno retorno anodino (Nietzsche, 1982). El receptor percibe, aquella desfiguración de la ficción que intentamos traer como real, y este receptor construye a partir de esta incongruente labor una nueva interpretación de lo real-ficticio, asociada a sus percepciones anteriores.
Creo pues absurdo hablar de una realidad como concepto, y prefiero hablar de un concepto de apreciación, de apreciación de esa palabra multiforme llamada realidad. Esa aparente realidad se desdibuja y se dibuja, se hace y se deshace, es movimiento perpetuo (Russell, 1912). La veracidad de la realidad en el campo epistemológico, es pues algo superfluo, subjetividad de un objeto aparente, aparentemente físico pero que no tiene explicación tangible y sempiterna. Podemos pues también, llevar la realidad al concepto del tiempo y los fragmentos serian más imperceptibles quizás que creeríamos estar sumidos -a causa de nuestra estulticia- una realidad hilada, pero cuando con minuciosidad hacemos la pesquisa, nos encontramos con una infinidad de realidades temporales. La realidad de este instante, del instante en que fue escrita la ultima letra, no es la misma a la siguiente, y cada letra escrita, podrá ser una unidad de tiempo y realidad distinta, completamente nueva. Entraríamos aquí a hablar de la realidad como instante. De la mortandad instantánea de la realidad. De una realidad momentánea, efímera, fugaz y desde diversas perspectivas podría aparecer imperceptible. Pero esta realidad del instante no es fidedigna aunque sean varios los sujetos que por la casuística de las circunstancias se encuentren inmersos en este evento, ya que el tiempo y el espacio de cada sujeto es, una entidad propia, relativa e independiente del tiempo y el espacio.
Sea pues imperante el hecho de considerar la subjetividad de lo real. Dejar de luchar contra imposibles, o aceptar nuestra condición estéril, asumir que la ciencia hacedora de nuevas y grandilocuentes fabulas, no tiene la respuesta para este insondable misterio de realidad. Que todos sus intentos aun quedan cortos, y que su única función maravillosa  ha sido develar más interrogantes, interrogantes que hacen más fragmentaria esa realidad incierta en la que estamos posiblemente inmersos.
 Renunciemos por instante a lo erróneamente establecido en el campo histórico- epistemológico y permitamos sin amarras que sea la fantasía quien tripule este navío, lancemos el norte de nuestra brújula a la profundidad de los mares del sur y demos un giro a los anclajes preconcebidos de nuestra dudosa experiencia, que sea pues la mano de Alicia quien nos guie (Carroll 1999), por esa realidad adversa, por ese nonsene. Y apreciemos el lado paradójico de realidad, pero despojemos esos conceptos preconcebidos, hagamos quizás una inversión de valores, dotemos esa ficción y ese absurdo de sus opuestos y miremos a través de ese espejo, la incoherencia de aquella ficción que siempre hemos asumido torpemente como real. Imaginemos que la vida que hemos asumido no es más que un sueño, un sueño cifrado en símbolos que aun no hemos desenmarañado, por que la única llave para abrir la puerta a nuevas percepciones esa aquella, que siempre nos han prohibido, aquella a la cual sin fundamento claro nos han hecho atribuirle una nefasta animadversión. Por un instante, este instante dejemos que la locura abra la puerta y respiremos la ventisca que se filtra y sin titubeos lancémonos a lo desconocido, dejando atrás y en el olvido todo aquello que alguna vez soñamos como realidad.

Volvemos a nuestro aburrido confort, a la mentira infinita. Porque nos aterrorizan los complejos, porque aun no somos dignos de nuestra permanencia en ese otro mundo. Pero hemos aprendido, que ese instante que ahora volvemos a llamar absurdo, fue un instante tan real como esta ficción de estar leyendo un texto como este jamás ha sido escrito y solo es producto de nuestra propia fantasía.

De la Represión de la pulsión en el inconsciente (Psicoanálisis)


“Yo aconsejaría esta hipótesis: la imprecisión es tolerable o verosímil en la literatura, porque a ella propendemos siempre en la realidad. La simplificación conceptual de estados complejos es muchas veces una operación instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante. Vemos y oímos a través de recuerdos, de temores, de previsiones. En lo corporal, la inconciencia es una necesidad de los actos físicos. Nuestro cuerpo sabe articular este difícil párrafo, sabe tratar con escaleras, con nudos, con pasos a nivel, con ciudades, con ríos correntosos, con perros, sabe atravesar una calle sin que nos aniquile el tránsito, sabe engendrar, sabe respirar, sabe dormir, sabe tal vez matar: nuestro cuerpo, no nuestra inteligencia. Nuestro vivir es una serie de adaptaciones, vale decir, una educación del olvido.” Borges (1932)

Vale anotar el carácter improbable de la ubicación corpórea del inconsciente. Mas no por eso deja de estar presente en la cotidianidad de las acciones del individuo social. Instancia del psiquismo donde se acuna aquella información de conflicto, que se ocasiona frente al enfrentamiento de la pulsión con las resistencias de ella misma, producidas quizás como resultado del choque con los anclajes sociales.
Al ocurrir la represión del agente representante de la pulsión aparece así la fijación.
 La bestia humana, le llamo Zola, una bestia encadenada, un animal sufriente cifrado en la ambivalencia de sus pulsiones anidadas en su inconsciente y sus agentes represores, producto quizás de anclajes morales establecidos de una sociedad determinada, aquello denominado cultura.
La concatenación del inconsciente con respecto al agente represor de la pulsión es desfigurado y emerge a la conciencia por el agente representante. Al emerger a la conciencia aparece de modo desfigurado, y puede manifestarse en forma de afecto, el afecto, puede representar a modo de angustia. Esta angustia puede aparecer de forma simbólica, por medio del sueño, que trae consigo un contenido manifiesto, de carácter sexual y siempre relacionado a la infancia. No es de extrañar estas instancias del sueño, ya que la pulsión siempre va dirigida a dos contenidos: La muerte y lo sexual. Es en estos contenidos donde la pulsión alberga esa energía libidinal. De allí el sentimiento penoso o de angustia puesto que está cargado de deseos del inconsciente.

Como mecanismo de defensa intentamos encontrar en la pulsión una situación de displacer, pero esta situación de displacer, es más bien traducida como un conflicto entre la realidad social y los deseos reprimidos del individuo. Así pues el individuo no es más que un títere, sujeto a los azares del destino y no tiene gobierno alguno sobre sus pasiones, vive en constante lucha consigo mismo. De nada vale intentar huir de la pulsión, puesto que nadie puede escapar de sí mismo. Intenta fútilmente aferrarse a la represión que en muchos casos podría detonar de modo inesperado, ya que la pulsión rebasa el inconsciente y busca de alguna forma representativa pasar a la conciencia.