It changes everything.
Pressure.
Some people, you squeeze them,
they focus.
Others fold.” (Al Pacino,
Devil’s Advocate)
“Los hombres actúan en el mundo y lo cambian, y a su vez son
cambiados por las consecuencias de sus actos.” (B. F.
Skinner, Conducta verbal)
Arduas han sido algunas críticas de carácter moralista hacia la obra de B.
F. Skinner. Algunas tan irracionales como las que en algún momento han acusado
a Oppenheimer de haber sido un terrible genocida. Algo tan incongruente por
parte de esos humanistas estériles, deja en evidencia lo anodino de sus
postulados, que más que románticos, resultan cursis y de un patetismo viral que
ha llegado incluso a permearnos hasta nuestros días. Omitiendo el hecho
innegable dos singulares premisas:
1.) Que todo error es humano y no se puede culpar a un hombre de todo el
fracaso de la humanidad. Skinner no es un Atlas, que ha de soportar todo el
peso de la teoría Conductual.
2.) Que en la historia todos somos
víctimas y victimarios, y que no existen héroes y villanos, como en el mundo de
las historietas, que la parcialidad de la historia siempre será cifrada por los
vencedores y unos cuantos moribundos rezagados que sólo aspiran una venganza
miserable, perdida ya en el tiempo, dejando así a los perdedores, en el
infierno o el olvido.
El infortunado Skinner, ha caído en el infierno de la historia –cosa
oprobiosa, que por el contrario Watson, no ha sucumbido en el olvido epistemológico
que se merece-, y se le ha imputado el desprestigio y el escarnio, por la nimia
excusa de sus lucubraciones acerca de la predicción y control de la conducta. Por
lo menos Skinner fue fiel a su engaño epistemológico y no busco otro campo de acción
más que la investigación, cosa distinta que hizo Watson en sus últimos años,
donde astutamente, aplicó sus conocimientos a favor de la publicidad. Que haya
sido la sociedad y el poder de su tiempo y de la historia quien se aprovechara
de aquellas indagaciones, para manipular la conducta de otros, no es pues razón
fáctica para culpar a Skinner. El pobre, pasó de largo un factor importante quizás,
que el hombre a causa de su herencia maldita a través de la historia se inclina
hacia una conducta perversa, y es pues esta conducta la que casi siempre
gobierna sobre las otras, la que ha escrito enormes paginas con sangre y
oprobio, la que ha doblegado y controlado la conducta de otros, abrigándose bajo
el manto hipócrita del miedo que encarna el monstruoso símbolo de la cultura y
la sociedad, dicho esto, mucho antes que los postulados de Skinner salieran a
la luz. También pues es innegable, que este modelo operante de conducta, ha
servido para controlar y predecir de forma más eficiente la conducta de espíritus
perezosos y débiles que enmarcan gran porción de la población, imponiéndoles reforzamientos
y castigos para intentar mejorar su propia y vacua existencia. Desde este punto
de vista no considero tan abominable el ideal de todos los investigadores de la
primera mitad del siglo XX, adoptaron a favor de una eugenesia, puesto que era
un ideal altamente noble, que buscaba una transformación de una especie
calamitosa que no ha hecho más que atrocidades en devenir de los tiempos. Tristemente
luego de las guerras develamos una gran verdad que preferimos mantener oculta
hasta nuestros días, aun cuando fuera el mismo Nizsche diría en boca de Zaratustra
: “El hombre es algo que debe ser
superado”… pero no estoy aquí para discernir del fracaso de lo humano, cosa
que hace mucho he aceptado con regocijo. Estoy aquí para intentar salvar un
poco de lo humano e inocente que hay en Skinner.
Creo que hasta el mismo diablo tiene derecho a una defensa, porque este
diablo es como un niño, un niño tan humano, idiota e inocente como cualquiera,
su teoría y modelo de condicionamiento operante, son simplemente el producto
contextual de una exigencia de la sociedad y su tiempo. Skinner no es producto
de una generación social espontanea, es el resultado de una herencia, de esa una
herencia maldita que ya he traído a remembranza y de la cual ningún individuo
esta ajeno: el terrible sino de ser Hombre.
No fue Oppenheimer quien presionó el botón, ni fue Nietzsche quien dirigió
el tercer Reich, ni Marx impulso al socialismo soviético, para que exigiera una
producción inhumana por parte los mujiks rusos, ni fue Skinner quien modificó a
voluntad la conducta de la sociedad. Su interés paradójicamente estaba más enfocado,
en un gobierno del sí mismo, a partir de la propia conducta. Pensaba que si el
individuo conocía los mecanismos de predicción y control que afectaban y
halaban los hilos de su conducta, este individuo podría conducirse en el
ambiente de una forma más, eficaz, placida y autónoma. No podemos culparle, de
los enormes vacios monistas de su teoría, al dejar de lado aquello que el mismo
denominó, como la caja negra –digamos
más bien que estos vacíos epistemológicos son producto del ambiente en el que
el mismo Skinner está inmerso, hijo, heredero y profeta de un ambiente
ambicioso e inhumano, un ambiente de gran incertidumbre, miedo y ansiedad. Es allí
en los tiempos de verdadera presión donde se mide el valor de la conducta y el carácter
de un hombre.-, concepto que ayudó a los posteriores cognitivos a desarrollar
sus teorías de procesos más complejos y embutirlos luego dentro de aquella
pandora aun indescifrable.
Las precarias herramientas mecanicistas, materialistas, reduccionistas,
evolucionistas fueron demasiado contradictorias. No se puede exigir de un ciego
que hable de la luna, más que de la luna que fabula entre sueños. Ese monismo materialista
fue el detritus de su postulado, ya que la experimentación de un objeto dinámico
como el hombre, - la conducta es también un objeto móvil y reciproco- no se
puede encausar tan torpemente por eventualidades estrictamente físicas. Su
error radica en descartar dentro del materialismo, la dialéctica, que por el
contrario a lo que él pensaba, le hubiera enriquecido, aquella escueta teoría,
de un modo infinitamente dinámico, al aceptar al hombre como un objeto móvil,
estaría abarcando con más eficiencia esos procesos conductuales, sin quedarse
en el simple hecho de prueba-error, estimulo-respuesta, refuerzo-castigo,
positivo-negativo. La existencia del hombre no es como una película muda a
blanco y negro, la conducta y las vivencias del hombre tienen muchos matices
que quizás graviten a través de ambos extremos pero que pocas veces se anclan
en una monocromía conductual. Este descuido impertinente, no puedo disculparlo
y más cuando intenta fundamentar su radicalismo obtuso y sesgado, buscando
inútilmente, el amparo de las ciencias, de las ciencias puras como la física.
Ahí muere su pilar teórico, sería tan absurdo como que la física negara la
existencia de la materia oscura, simplemente porque no podemos verla, o decir
que el tiempo es una invención desde el marco de la medición –y aunque el
tiempo es una invención y un ente relativo, indudablemente, es un método
confiable para que la física desarrolle sus teorías y sus aproximaciones a
verdades variables-
Quisiera apoyarme en este concepto del tiempo, para despotricar de algún
modo la incompetencia de la teoría de Skinner.
Tomemos pues el tiempo como una mera ficción, como producto de otra
ficción, la ficción numérica, porque si nos lanzamos al mundo físico conductual
de Skinner, los números, no son físicos, por consecuencia, no deberían existir,
aun cuando estén escritos en papel y pretendan argumentar múltiples teorías del
mundo físico. Pero es allí, el ardid lingüístico omitido por Skinner, el ardid
del existir, los números no existen, ni existe, la conducta, como no existe el
tiempo, la conciencia y el inconsciente, porque no son objetos físicos. Son
alegorías, símbolos, objetos fabulados por el pensamiento, recursos fabricados
por la mente humana para intentar abarcar toda aquello que sospechamos innombrable,
incontenible como la materia de los sueños, pero que no podemos, por más
estrecho que sea nuestro entendimiento negar su existencia.
Pero he de volver en la defensa de este infatigable investigador de la
conducta, aquella etérea idea que quiso poner en evidencia y que con fabulosos
ejemplos demostró su existencia. Es absurdo negar, que somos seres articulados
por patrones de conducta, y que esa misma conducta es producto del ambiente, de
la historia y la herencia. Pero que a su vez esta historia, ambiente y herencia
se ve trastocada y afectada por nuestra misma conducta. Es aquí donde articulo,
la conducta, como un objeto móvil y reciproco, un objeto que se construye,
construyendo, que se afecta afectando. No podemos hablar de una conducta
social, si no tenemos como base la conducta del individuo. Pero aquí
entraríamos en términos del poder, del poder evolutivo, la supremacía del más
fuerte, el imperio del caos, la conducta del que gobierna, intentara ser
impuesta en aquellos que están bajo su yugo. Así pues entendiendo, la conducta
impuesta, como algo construido, será a su vez afectada por la contraconducta de
aquel individuo al que se le es impuesta. Una acción provocará una reacción,
una gran mayoría ociosa, del rebaño asumirá la conducta impuesta y se
construirá a partir de esta, y otra porción más reducida se opondrá a esta.
Dando a entender que la conducta puede ser afectada pero no predecible en todos
los casos, la conducta más que controlada ha de ser vista como algo en
constante construcción, no como una norma hierática, que ni el tiempo ni el
espacio, ni los fenómenos físicos y sociales puedan perturbar.
Podemos afectar la conducta del mundo, es innegable, podemos intentar
controlarla y predecirle, pero entendamos la reciprocidad de este evento, al
controlar y predecir, somos a la vez controlados y predecibles como también
somos todo lo opuesto, quizás no modifiquemos ninguna conducta, quizás solo
modifiquemos nuestra percepción de esa conducta, con un mecanismo de
auto-engaño, encubriendo con una buena actuación algo similar a la materia
oscura, que habita en nosotros y nos hace lo que somos. Me inclino
caprichosamente a un gobierno de la conducta del azar, cada acto, cada
estimulo, incluso cada situación ambiental está inmersa por el azar. Somos reyes
de la incertidumbre, amos y señores de la fantasía, la historia misma de
nuestra vida es arena que se escapa de nuestras manos, que aunque apretemos con
fuerza perderemos, toda intensión de gobernarnos a nosotros y a los otros.
Como ultimo consuelo para el vilipendiado y maltrecho Skinner solo quisiera
otorgarle esta frase de Gonzalo Arango:
“La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y
olvido.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario