lunes, 2 de septiembre de 2013

Skinner: El diablo ingenuo



“Pressure.
It changes everything. Pressure.
Some people, you squeeze them,
they focus.
Others fold.” (Al Pacino, Devil’s Advocate)

“Los hombres actúan en el mundo y lo cambian, y a su vez son
cambiados por las consecuencias de sus actos.” (B. F. Skinner, Conducta verbal)

Arduas han sido algunas críticas de carácter moralista hacia la obra de B. F. Skinner. Algunas tan irracionales como las que en algún momento han acusado a Oppenheimer de haber sido un terrible genocida. Algo tan incongruente por parte de esos humanistas estériles, deja en evidencia lo anodino de sus postulados, que más que románticos, resultan cursis y de un patetismo viral que ha llegado incluso a permearnos hasta nuestros días. Omitiendo el hecho innegable dos singulares premisas:
1.) Que todo error es humano y no se puede culpar a un hombre de todo el fracaso de la humanidad. Skinner no es un Atlas, que ha de soportar todo el peso de la teoría Conductual.
 2.) Que en la historia todos somos víctimas y victimarios, y que no existen héroes y villanos, como en el mundo de las historietas, que la parcialidad de la historia siempre será cifrada por los vencedores y unos cuantos moribundos rezagados que sólo aspiran una venganza miserable, perdida ya en el tiempo, dejando así a los perdedores, en el infierno o el olvido.
El infortunado Skinner, ha caído en el infierno de la historia –cosa oprobiosa, que por el contrario Watson, no ha sucumbido en el olvido epistemológico que se merece-, y se le ha imputado el desprestigio y el escarnio, por la nimia excusa de sus lucubraciones acerca de la predicción y control de la conducta. Por lo menos Skinner fue fiel a su engaño epistemológico y no busco otro campo de acción más que la investigación, cosa distinta que hizo Watson en sus últimos años, donde astutamente, aplicó sus conocimientos a favor de la publicidad. Que haya sido la sociedad y el poder de su tiempo y de la historia quien se aprovechara de aquellas indagaciones, para manipular la conducta de otros, no es pues razón fáctica para culpar a Skinner. El pobre, pasó de largo un factor importante quizás, que el hombre a causa de su herencia maldita a través de la historia se inclina hacia una conducta perversa, y es pues esta conducta la que casi siempre gobierna sobre las otras, la que ha escrito enormes paginas con sangre y oprobio, la que ha doblegado y controlado la conducta de otros, abrigándose bajo el manto hipócrita del miedo que encarna el monstruoso símbolo de la cultura y la sociedad, dicho esto, mucho antes que los postulados de Skinner salieran a la luz. También pues es innegable, que este modelo operante de conducta, ha servido para controlar y predecir de forma más eficiente la conducta de espíritus perezosos y débiles que enmarcan gran porción de la población, imponiéndoles reforzamientos y castigos para intentar mejorar su propia y vacua existencia. Desde este punto de vista no considero tan abominable el ideal de todos los investigadores de la primera mitad del siglo XX, adoptaron a favor de una eugenesia, puesto que era un ideal altamente noble, que buscaba una transformación de una especie calamitosa que no ha hecho más que atrocidades en devenir de los tiempos. Tristemente luego de las guerras develamos una gran verdad que preferimos mantener oculta hasta nuestros días, aun cuando fuera el mismo Nizsche diría en boca de Zaratustra : “El hombre es algo que debe ser superado”… pero no estoy aquí para discernir del fracaso de lo humano, cosa que hace mucho he aceptado con regocijo. Estoy aquí para intentar salvar un poco de lo humano e inocente que hay en Skinner.
Creo que hasta el mismo diablo tiene derecho a una defensa, porque este diablo es como un niño, un niño tan humano, idiota e inocente como cualquiera, su teoría y modelo de condicionamiento operante, son simplemente el producto contextual de una exigencia de la sociedad y su tiempo. Skinner no es producto de una generación social espontanea, es el resultado de una herencia, de esa una herencia maldita que ya he traído a remembranza y de la cual ningún individuo esta ajeno: el terrible sino de ser Hombre.
No fue Oppenheimer quien presionó el botón, ni fue Nietzsche quien dirigió el tercer Reich, ni Marx impulso al socialismo soviético, para que exigiera una producción inhumana por parte los mujiks rusos, ni fue Skinner quien modificó a voluntad la conducta de la sociedad. Su interés paradójicamente estaba más enfocado, en un gobierno del sí mismo, a partir de la propia conducta. Pensaba que si el individuo conocía los mecanismos de predicción y control que afectaban y halaban los hilos de su conducta, este individuo podría conducirse en el ambiente de una forma más, eficaz, placida y autónoma. No podemos culparle, de los enormes vacios monistas de su teoría, al dejar de lado aquello que el mismo denominó, como la caja negra –digamos más bien que estos vacíos epistemológicos son producto del ambiente en el que el mismo Skinner está inmerso, hijo, heredero y profeta de un ambiente ambicioso e inhumano, un ambiente de gran incertidumbre, miedo y ansiedad. Es allí en los tiempos de verdadera presión donde se mide el valor de la conducta y el carácter de un hombre.-, concepto que ayudó a los posteriores cognitivos a desarrollar sus teorías de procesos más complejos y embutirlos luego dentro de aquella pandora aun indescifrable.
Las precarias herramientas mecanicistas, materialistas, reduccionistas, evolucionistas fueron demasiado contradictorias. No se puede exigir de un ciego que hable de la luna, más que de la luna que fabula entre sueños. Ese monismo materialista fue el detritus de su postulado, ya que la experimentación de un objeto dinámico como el hombre, - la conducta es también un objeto móvil y reciproco- no se puede encausar tan torpemente por eventualidades estrictamente físicas. Su error radica en descartar dentro del materialismo, la dialéctica, que por el contrario a lo que él pensaba, le hubiera enriquecido, aquella escueta teoría, de un modo infinitamente dinámico, al aceptar al hombre como un objeto móvil, estaría abarcando con más eficiencia esos procesos conductuales, sin quedarse en el simple hecho de prueba-error, estimulo-respuesta, refuerzo-castigo, positivo-negativo. La existencia del hombre no es como una película muda a blanco y negro, la conducta y las vivencias del hombre tienen muchos matices que quizás graviten a través de ambos extremos pero que pocas veces se anclan en una monocromía conductual. Este descuido impertinente, no puedo disculparlo y más cuando intenta fundamentar su radicalismo obtuso y sesgado, buscando inútilmente, el amparo de las ciencias, de las ciencias puras como la física. Ahí muere su pilar teórico, sería tan absurdo como que la física negara la existencia de la materia oscura, simplemente porque no podemos verla, o decir que el tiempo es una invención desde el marco de la medición –y aunque el tiempo es una invención y un ente relativo, indudablemente, es un método confiable para que la física desarrolle sus teorías y sus aproximaciones a verdades variables-
Quisiera apoyarme en este concepto del tiempo, para despotricar de algún modo la incompetencia de la teoría de Skinner.
Tomemos pues el tiempo como una mera ficción, como producto de otra ficción, la ficción numérica, porque si nos lanzamos al mundo físico conductual de Skinner, los números, no son físicos, por consecuencia, no deberían existir, aun cuando estén escritos en papel y pretendan argumentar múltiples teorías del mundo físico. Pero es allí, el ardid lingüístico omitido por Skinner, el ardid del existir, los números no existen, ni existe, la conducta, como no existe el tiempo, la conciencia y el inconsciente, porque no son objetos físicos. Son alegorías, símbolos, objetos fabulados por el pensamiento, recursos fabricados por la mente humana para intentar abarcar toda aquello que sospechamos innombrable, incontenible como la materia de los sueños, pero que no podemos, por más estrecho que sea nuestro entendimiento negar su existencia.
Pero he de volver en la defensa de este infatigable investigador de la conducta, aquella etérea idea que quiso poner en evidencia y que con fabulosos ejemplos demostró su existencia. Es absurdo negar, que somos seres articulados por patrones de conducta, y que esa misma conducta es producto del ambiente, de la historia y la herencia. Pero que a su vez esta historia, ambiente y herencia se ve trastocada y afectada por nuestra misma conducta. Es aquí donde articulo, la conducta, como un objeto móvil y reciproco, un objeto que se construye, construyendo, que se afecta afectando. No podemos hablar de una conducta social, si no tenemos como base la conducta del individuo. Pero aquí entraríamos en términos del poder, del poder evolutivo, la supremacía del más fuerte, el imperio del caos, la conducta del que gobierna, intentara ser impuesta en aquellos que están bajo su yugo. Así pues entendiendo, la conducta impuesta, como algo construido, será a su vez afectada por la contraconducta de aquel individuo al que se le es impuesta. Una acción provocará una reacción, una gran mayoría ociosa, del rebaño asumirá la conducta impuesta y se construirá a partir de esta, y otra porción más reducida se opondrá a esta. Dando a entender que la conducta puede ser afectada pero no predecible en todos los casos, la conducta más que controlada ha de ser vista como algo en constante construcción, no como una norma hierática, que ni el tiempo ni el espacio, ni los fenómenos físicos y sociales puedan perturbar.
Podemos afectar la conducta del mundo, es innegable, podemos intentar controlarla y predecirle, pero entendamos la reciprocidad de este evento, al controlar y predecir, somos a la vez controlados y predecibles como también somos todo lo opuesto, quizás no modifiquemos ninguna conducta, quizás solo modifiquemos nuestra percepción de esa conducta, con un mecanismo de auto-engaño, encubriendo con una buena actuación algo similar a la materia oscura, que habita en nosotros y nos hace lo que somos. Me inclino caprichosamente a un gobierno de la conducta del azar, cada acto, cada estimulo, incluso cada situación ambiental está inmersa por el azar. Somos reyes de la incertidumbre, amos y señores de la fantasía, la historia misma de nuestra vida es arena que se escapa de nuestras manos, que aunque apretemos con fuerza perderemos, toda intensión de gobernarnos a nosotros y a los otros.
Como ultimo consuelo para el vilipendiado y maltrecho Skinner solo quisiera otorgarle esta frase de Gonzalo Arango:

La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.

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