"Nunca he permitido
que la escuela entorpeciese mi educación."Mark Twain
"La meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente
haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas
trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con
conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con
amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de
justicia." John Ruskin
El documental presenta una
interesante observación del modelo arcaico y obsoleto de la educación
contemporánea que aun se apoya en las bases de una sociedad impulsada por los
ideales de producción económica, dejando a un lado la matriz vital del
conocimiento, que a mi modo de ver, sería la motivación. Este modelo precario y
empobrecedor, intenta anular ese carácter investigador, inquieto y nómada que
poseemos los seres pensantes, intentando reducirnos a un conformismo de
aspiraciones vacuas, donde se intenta imponer estructuras oxidadas y exánimes
en contra postura de una inteligencia creadora.
Esta terrible ignominia a
nuestro añorado intelecto no es producto del mero azar, o un simple descuido de
los educadores. Es quizás una estratagema enfermiza de aquellos que sólo buscan
intereses materialistas, y que poco añoran una sociedad pensante, una sociedad
individualista constructora y visionaria. Es imposible gobernar de individuos que
no quieran ser educados como masa. La función catastrófica de la enseñanza se
ha convertido paradójicamente en un obstáculo enorme del conocimiento.
Otro factor interesante que
propone Robinson son las disparidades económicas, culturales e individuales.
Este planteamiento aunque no es un pensamiento innovador, si nos hace
cuestionar en lo improductivo del modelo de enseñanza actual. Pues a largo
plazo, nadie -incluso los gobernantes- podrá sacarle provecho. Ya que las
exigencias del momento ameritan otro tipo de procesos, conductas y modelos, que
contribuyan en la evolución de la sociedad
La dicotomía que se ha ido
zanjando en la educación con respecto a las ciencias y las artes también es
inquietante. Pero todo vuelve a reducirse a las preocupaciones económicas.
Creyendo erróneamente que ciencia y arte no pueden ser una misma cosa.
Olvidando se del genio integrador de otras épocas, donde la sociedad dio pasos
agigantados al progreso, cuando el arte, no era algo baladí, si no el gran
arte, ese arte constructor, revitalizante y creador.
Para mí, el problema tiene
variadas bifurcaciones pero, por esta vez no me pondré en la postura de lanzar
diatribas e improperios frente al modelo educativo y sus artífices naif y quizás
macabros; creo que harto se ha dicho al respecto a través de la historia. Hoy
me limitare a pensar que toda la responsabilidad ha de caer sobre el individuo,
pues es él, quien debe revolucionarse, y oponerse frente a estos modelos
paupérrimos de educación y quizás entender que el conocimiento no se aprende,
si no que se adquiere, que no debe esperar sabiduría de los otros, que por el
contrario debe hurtarla de ellos, de la sabia de la existencia, esa sabia
divina que está en todas las cosas, pero debe entender que la sabiduría es un
fruto prohibido, una abrupta catástrofe a la contra de la felicidad, un fruto
que sólo debe alcanzarlo aquel que realmente lo desee, y ese deseo debe ser consciente
del sufrimiento que esto conlleva. La vida dejara de ser un estado fascinante
de estupidez y plenitud, será una prisión horrenda, con constante desasosiego,
una eterna lucha perdida en afrenta de lo inescrutable. Porque debemos entender
que el infinito está relativamente prohibido para nuestro precario intelecto,
solo somos criaturas parlantes, que sufrimos de un virus al que llamamos razón,
pero eso más que dicha genera desconsuelo.
Por otro lado quisiera hacer
una curiosa pregunta. ¿Acaso el conocimiento es para todos? Comparativamente si
lo es, pues el conocimiento esta allí frente a nuestras narices, pero el
conocimiento es antojadizo, veleidoso y cambiante, es una quimera multiforme un
Proteo que nos engaña y del cual nos dejamos engañar, es por eso que considero,
que para alcanzar un conocimiento supino, debemos ampararnos del arquetipo del
héroe griego, ese semidiós audaz, astuto y fiero, que se lanza a una eterna
batalla con la hidra del saber. Pero es estimable, entender, que ese saber no es
un tesoro perpetuo, que no es una estatuilla para colocar en la repisa con
orgullo, es quizás más, el ideal de un imposible, aquello que jamás llegaremos
a gobernar pero que nos empuja hasta los límites de nuestro propio ser.
Así pues, la búsqueda del
saber, no es más que, otra quimera anodina, otro anclaje para posponer el viaje
y no levar anclas, para lanzarnos al olvido ineludible de esta empobrecida
especie que llamamos humanidad.
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