Impostura de la Abuela
Impostura de la Abuela

La semilla de la
vida emerge del árbol de los muertos, sus restos han abonado el campo donde
surgen nuevas quimeras moribundas. Yo que soy herencia de una diversidad de
arquetipos antagónicos, yo que provengo de estirpes nómadas, arrieras,
catalanas, gitanas, parias de toda la tierra, hijos del dios de los hombres.
Han peregrinado en mí todos los hombres, han sido derrotados por la vida, el
santo y el asesino, para darme su vaho y confundir mi alma de reproches y de
angustias. Dentro de mí espíritu se agitan las voces de los olvidados, de los
infinitos sin nombre, a los cuales he querido proyectar en el rostro de aquella
madre vieja, de esa mujer que fácilmente pude llamar Lilith, pero que sin voluntad,
adopte el primer nombre que de ella escuche: YAYA. Es ella la madre del tiempo
y por ende del olvido. Ya hace mucho que su efigie física no me acompaña y
aunque trato inútilmente de recostruir su sonrisa y el color de sus ojos,
dentro del imaginario endeble de mi interior, es inevitable que poco a poco se
ha ido sumergiendo en el claustro, del cual fue el demonio prisionero y donde a
voluntad ahora se toma sus siestas harto de la preclara luminosidad de ese
mundo exterior que tanto aborrece.
De ella, la
abuela de mi madre, que a su vez, son la misma, con distinto cuerpo y tiempo,
ha surgido la impostura de la Abuela, la herencia de mis ancestros, el espíritu
de la vida y el rumor de la muerte.
Siendo yo
un niño, construí un mundo idóneo y fabuloso, gobernado por el sufrimiento que
se transforma en bondad, muy anclado en el criterio cristiano de la pasión.
Adopté con su impostura, la cruz de sus ancestros, el dios terrible y el temor
a su opuesto, configure un sistema de creencias absurdas del bien y el mal, en
el que ahora me debato en una cruenta batalla neurótica y de la cual no
escapare con vida. Fue ella (su entidad onírica) quien me hizo prometerle ser
un ser excepcional, alguien original, no el manojo de fracasos y reproches que
soy ahora.
En esos años
infantiles, es fácil adoptar ese tipo de impostura, sin importar los demonios y
los monstruos que tengas como reflejo. Así mi padre fuera un ser abominable y
terrorífico, estaba la impostura de mi abuela que me protegía como un mantra de
todos los males externos. Pero los sueños caducan de alguna manera, y se
transforman en hidras, se complejizan, forman una telaraña que nos encadenara
de por vida. Aquello que fue alguna vez hermoso para el niño, será el tormento del
adolescente, la neurosis del adulto y la remembranza del anciano. Porque somos
un circulo estúpido, una serpiente que se muerde la cola. Se llega la sabiduría
cuando comprendemos que el principio es el fin y que ninguno de ellos es
realmente en un trasegar, cuando comprendemos que la vida es hierática, que
solo tenemos la ilusión de movimiento, que somos espectadores ausentes de
nuestra propia vida. Que vivimos la vida en las imposturas de otros. Pero que
jamás hemos dado un solo paso. Que seguimos siendo los mismos que aquel
fecundado en el vientre materno.
Siguen
transcurriendo los días, y sigo desconfigando mis imposturas, trastocándolas
envenenándolas con ideas cada vez mas obsesivas. Sigo buscando el reflejo de la
abuela perdida en mis primeros años adolescente, fabulo su compañía en sueños,
presumo su presencia como un ángel irreprochable, pero todo es a causa del
miedo, del miedo al desprendimiento, a soltar los anclajes. A dejar mi bajel a
la deriva.
¿Podré
heredar algún día el brillo de esos ojos grises, ocultos tras las arrugas del
rostro sonriente de mi abuela?
Esta
pregunta aun persiste en mi psique, es un mástil de apoyo para el devenir.
Aunque luche a la contra de la impostura de mi abuela, mis ojos siguen el mismo
norte que sus ojos muertos.
La impostura
de la abuela está enteramente vinculada al concepto Ánima y del arquetipo de la
madre de Jung y Su contraparte, El Animus, lo encontraremos no en el padre ebrio,
si no en la impostura del Efrit. La impostura de mi abuela configura, lo femenino,
lo sagrado, lo misterioso y por ende esta impostura es impulsada por la última impostura
tratada en este texto y es ella la que gobierna a las otras. Hablo de la impostura
de la dama blanca, que en términos psicoanalíticos podemos vincular a la llamaba
pulsión de muerte. Entendiendo con claridad que la impostura no es más que un engaño,
un espejismo para definir la personalidad del Self, partiendo de lo inconsciente. Con esto quiero dejar muy en claro
que todas las imposturas adoptadas por el hombre se originan de una noción de mortalidad,
de la impostura de la dama blanca.

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