sábado, 31 de agosto de 2019

Dos opiniones sobre arte


sobRe el oBjetO en lA obRa de arTe (aNalisis dEl eNsayO literario dE la oBra dE hEideGgeR)

Shoes, Van Gogh,1886



El origen de la obra es aquello donde y por lo cual una cosa es lo que es y como es. Este principio es elemental, es su esencia y su instrumento. De allí surge la pregunta ¿Qué es arte? ¿De donde se origina? ¿Es el artista parte de la obra o ella de este? Ninguno de ambos se sustenta por si solo. Es indispensable el uno del otro. Ambos se fusionan con la introducción de un tercero: el arte. ¿Pero que es el arte? Aquí nos lleva la pregunta, ¿como podemos dar fe cierta a que una obra es o no una obra de arte y de que su ejecutor es un artista por ende?  Se idealiza pues al artista como el origen de la obra de arte y viceversa, el artista nace o surge a partir de su creación artística. La pregunta eterna del germen y la gallina. El arte es representación del instrumento y de la cosa. Que a su vez se hace cosa-arte. El origen va totalmente ligado a la esencia, a la esencia de la cosa. El arte se esconde en la obra, en la cosa. Lo que es y como es lo que denominamos su esencia. El arte ya no corresponde a nada real.
Todas las obras tienen esa condición de cosas, por ejemplo, la obra arquitectónica esta en la piedra y no su contrario. Hay que darle el valor de cosa a la obra. La obra de arte es una cosa confeccionada. Dios mismo es una cosa, según Kant una cosa es el conjunto del mundo. En termino generales una cosa denomina en este caso a todo cuanto no es absolutamente nada, que tiene un origen, un algo.

¿Qué es una obra de arte? ¿Cómo nace una obra de arte? El arte no existe solo, necesita de la obra, del instrumento para su materialización. El arte sin objeto es tan solo un ideal, un pensamiento, nada tangible. El arte y la obra son un circulo que vuelve infinitamente al mismo sitio.

Los caracteres denominan y componen la cosa. La cosa como portador de sus atributos. La cosa que nos produce asombro a pesar de sus habituales caracteres es el uso de ellos.
Lo colorido, sonoro, duro, macizo son lo material de la obra, allí en lo material esta comprendida la forma.
Lo que hay de cosa en la obra es la materia de la que consta. La materia es la base y el campo de la formación artística.

Forma y fondo son los conceptos fundamentales donde cabe absolutamente todo.
Para hallar la esencia del arte que reside en la obra es necesario escarbar en ella misma descubrir que es y como es. Su forma, su representación, su todo.

El ejemplo claro lo podemos encontrar en la obra de Van Gogh, el cual representa las botas de un aldeano, en ella encontramos la cosa-obra las botas de la aldeana, que reflejan el arduo día del jornal, que se usan diariamente que cargan la fatiga de unos pies cansados, que rememoran al ocupante de estas botas, el uso le da vida a estas botas. Gastadas sucias y golpeadas por el tiempo y el trajín. He aquí lo mas hermoso de la obra la obra es símbolo, no son unas botas, aunque allí se vean representadas, son solo un símbolo. La cosa de la obra es una alegoría. La mera cosa son las botas, unas simples botas, pero la obra es cosa que dice algo, que transmite algo mas que la mera cosa. La obra de arte otra cosa es alegoría, símbolo.

La cosa y la obra ambas son lo mismo. Todas las obras son cosas, pero no meras cosas. Todas las cosas son cosas, igual una piedra que un árbol o unas botas.


Materia y forma no son determinaciones originarias de la condición de cosa de las cosas, la forma es la que determina la distribución de la materia, la ubicación de los caracteres.
Por otro lado, el instrumento revela una afinidad con la obra de arte pues es algo producido por la mano del hombre. La mera cosa es la cosa desprovista de su ser de instrumento.  No solo se piensa pues en instrumento, cosa y obra si no en todo lo existente.
Ser-instrumento de su instrumento consiste en su utilidad, así como las botas que pinto Van Gohg, que define la utilidad de esta y que y porque las utiliza. Son las botas de una aldeana, que solo las usa para laborar, fatigas y usadas.

El instrumento ocupa una posición intermedia entre la cosa y la obra, una especie de vinculo entre esta dos, es la que le da el valor de uso.

Ser-instrumento del instrumento consiste en su utilidad. En el uso del instrumento se debe hallar lo instrumental de este.


  



 alegoRía dEl símBolO eN la obRa dE arTe

“Un galimatías interminable y subjetivo. Con infinitas variables y vertientes.” 

Es intrigante en si la idea de una obra de arte, el nacimiento, la gestación de esta. Esa suposición de un origen místico, de algún don divino del cual el artista es poseedor. Aquel terreno mágico que lo separa del vulgo ordinario. ¿Qué lo hace tan especial? ¿Cuál es el verdadero sendero que lo separa del resto? La suposición de esta incógnita trae a la mente la respuesta materica de la obra de arte. Aquella cosa que se compone de variados caracteres, que da la idea de ser más allá de ser un simple objeto, un instrumento útil. La obra de arte trae a la mente el reflejo de una espiritualidad un impulso que no solo se queda en la obra si no también arrebata la impresión del espectador.

Supongo la idea de ser un espectador novato alguien que desconoce de paradigmas artísticos y que poco le interesan las cosas elevadas y sublimes, un espectador torpe, bruto como una piedra sin esculpir, parado en frente de la colosal imagen de la capilla sextina, centrado exclusivamente en el juicio final, mirando las imágenes aterradoras de mártires y pecadores siendo atacados y poseídos por terribles demonios. -¡oh dios!- podría suspirar simplemente si temiera a dios, una imagen del temor a dios es mi primera impresión, pero las figuras son hermosas, bien pintadas los cuerpos irradian color, un monumental de hombres desnudos que temen, que sufren la ira de dios, pienso entonces en algún paraje apocalíptico, ¡oh dios! Exclamo de nuevo -así podría ser el infierno si yo fuera un pecador- quizás me de la bendición ante esta magnifica obra de arte, que me llena de miedo y de pasión. –acuérdate tan solo de tus postrimerías y no pecaras-

Hago un breve recuento de mis faltas como cristiano, ¡odios! Tercera vez que exclamo, soy un pecador, me siento reflejado en la imagen de Biagio da Cesena, soy un terrible monstruo, he tenido malos pensamiento hacia mis hermanos, en pensado lujuriosamente en la mujer del otro, he fantaseado con hacer le mal a mi contrario, soy un impío, siento vergüenza de encontrarme allí abajo contemplando semejante juicio. Soy culpable Dios, me postro de rodillas ante tu maravillosa representación. El símbolo del pecado se marca en mi frente soy descendiente de tu repudiado Caín. Antes de morir he contemplado la alegoría de tu gloria y de tu juicio, del reino de los cielos será la gracia del santo, y las terribles torturas serán de serpientes como yo que han blasfemado de ti.

Volvamos a las alegorías del artista, visualizo La Balsa de Medusa de Géricault, busco incesantemente y sin alivio en esta balsa de condenados, Caronte que nos lleva hacia el abismo de Mefistófeles. ¡Que frágiles y sublimes somos frente al pecado! 
Balsa de la Medusa, Géricault, 1819

Delacroix y su barca de Dante, ¿acaso Dante no puedo ser yo? Ese rostro utópico de los cuerpos que se transmutan. Dante es un símbolo, el símbolo de la humanidad en esta escena, esta recreación imaginaria que se hace materica por medio del instrumento. Mágico del artista. Frente a frente ante formas colores e impactos. ¿Quién soy yo más que un hombre? ¿Qué al ser hijo del pecado original vagabundea desamparado por el mundo sin el consuelo de un implacable dios que solo lo juzga? Solo carne una alegoría un remedo pusilánime de dios, un mártir en las sombras oscuras del corazón humano. ¡Oh monstruo humano! Símbolo del símbolo, el caso de la barca dantesca, la representación del representado, la barca de Delacroix, la humanidad sufriente, otro cuadro contemporáneo, el símbolo de este, Philegias, Dante y Virgilio. La misma barca otro símbolo, otra fuerza del mismo origen la misma remembranza.
Barca de Dante,  Delacroix,1822


Una especie de la enciclopedia interminable del hombre-artista, cual infinitas cosas, donde se hallan todas sus obras, el mismo genero, trasmutado el símbolo que es solo uno, que no es ninguno.

Volvamos a Miguelángel, pero esta vez conociendo algo de sus propios pensamientos, quizás allí descubramos el origen magnifico de su obra. Miguelángel detestaba la pintura al óleo decía que era: “buena para las mujeres o para los vagos, como Sebastiano del Biombo”.  La idea de Miguelángel frente a su pintura era llevarla al parentesco más exacto con su obra escultórica. Miguelángel era un pecador según su propias palabras: “si en mi juventud ya caí en la cuenta de que el esplendor de la belleza de la que me había enamorado debía, dirigiéndose al corazón, provocar una luminaria de inmortal tormento, cómo podría extinguir esa luminaria de mi mirada” suponemos pues fielmente que en su visión cristiana Miguelángel es un pecador por tal razón quizás se retrata en la escena del juicio final en el pellejo de un desollado sostenido por San Bartolomé. Podemos notar en su obra un símbolo de su propia vida, de sus propias pasiones y sus propios pecados. Su ideal simbólico en su obra era representar la belleza del alma a partir de la perfección de sus efebos.
Autoretrato, Miguelángel

Todas las obras de arte traen consigo esa fuerza simbólica, ese poderío que trasmite el artista con su instrumento obra.

El símbolo es el ideal, el intangible laberinto de lo magno y lo infinito, aquello que se sugiere pero que evoca de la cosa tangible. Nada más espiritual que esto. El retrato de un dios, la sospecha de lo mágico. En cada obra existe un secreto escondido, un misterio, una alegoría.


















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