sobRe el
oBjetO en lA obRa de arTe (aNalisis
dEl eNsayO literario dE la oBra dE hEideGgeR)
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| Shoes, Van Gogh,1886 |
El origen de la
obra es aquello donde y por lo cual una cosa es lo que es y como es. Este
principio es elemental, es su esencia y su instrumento. De allí surge la
pregunta ¿Qué es arte? ¿De donde se origina? ¿Es el artista parte de la obra o
ella de este? Ninguno de ambos se sustenta por si solo. Es indispensable el uno
del otro. Ambos se fusionan con la introducción de un tercero: el arte. ¿Pero
que es el arte? Aquí nos lleva la pregunta, ¿como podemos dar fe cierta a que
una obra es o no una obra de arte y de que su ejecutor es un artista por ende? Se idealiza pues al artista como el origen de
la obra de arte y viceversa, el artista nace o surge a partir de su creación
artística. La pregunta eterna del germen y la gallina. El arte es
representación del instrumento y de la cosa. Que a su vez se hace cosa-arte. El
origen va totalmente ligado a la esencia, a la esencia de la cosa. El arte se
esconde en la obra, en la cosa. Lo que es y como es lo que denominamos su
esencia. El arte ya no corresponde a nada real.
Todas las obras tienen
esa condición de cosas, por ejemplo, la obra arquitectónica esta en la piedra y
no su contrario. Hay que darle el valor de cosa a la obra. La obra de arte es
una cosa confeccionada. Dios mismo es una cosa, según Kant una cosa es el
conjunto del mundo. En termino generales una cosa denomina en este caso a todo
cuanto no es absolutamente nada, que tiene un origen, un algo.
¿Qué es una obra de
arte? ¿Cómo nace una obra de arte? El arte no existe solo, necesita de la obra,
del instrumento para su materialización. El arte sin objeto es tan solo un
ideal, un pensamiento, nada tangible. El arte y la obra son un circulo que
vuelve infinitamente al mismo sitio.
Los caracteres denominan
y componen la cosa. La cosa como portador de sus atributos. La cosa que nos
produce asombro a pesar de sus habituales caracteres es el uso de ellos.
Lo colorido,
sonoro, duro, macizo son lo material de la obra, allí en lo material esta
comprendida la forma.
Lo que hay de cosa
en la obra es la materia de la que consta. La materia es la base y el campo de
la formación artística.
Forma y fondo son
los conceptos fundamentales donde cabe absolutamente todo.
Para hallar la
esencia del arte que reside en la obra es necesario escarbar en ella misma
descubrir que es y como es. Su forma, su representación, su todo.
El ejemplo claro lo
podemos encontrar en la obra de Van Gogh, el cual representa las botas de un
aldeano, en ella encontramos la cosa-obra las botas de la aldeana, que reflejan
el arduo día del jornal, que se usan diariamente que cargan la fatiga de unos
pies cansados, que rememoran al ocupante de estas botas, el uso le da vida a
estas botas. Gastadas sucias y golpeadas por el tiempo y el trajín. He aquí lo
mas hermoso de la obra la obra es símbolo, no son unas botas, aunque allí se
vean representadas, son solo un símbolo. La cosa de la obra es una alegoría. La
mera cosa son las botas, unas simples botas, pero la obra es cosa que dice
algo, que transmite algo mas que la mera cosa. La obra de arte otra cosa es alegoría,
símbolo.
La cosa y la obra
ambas son lo mismo. Todas las obras son cosas, pero no meras cosas. Todas las
cosas son cosas, igual una piedra que un árbol o unas botas.
Materia y forma no
son determinaciones originarias de la condición de cosa de las cosas, la forma
es la que determina la distribución de la materia, la ubicación de los
caracteres.
Por otro lado, el
instrumento revela una afinidad con la obra de arte pues es algo producido por
la mano del hombre. La mera cosa es la cosa desprovista de su ser de
instrumento. No solo se piensa pues en instrumento,
cosa y obra si no en todo lo existente.
Ser-instrumento de
su instrumento consiste en su utilidad, así como las botas que pinto Van Gohg,
que define la utilidad de esta y que y porque las utiliza. Son las botas de una
aldeana, que solo las usa para laborar, fatigas y usadas.
El instrumento
ocupa una posición intermedia entre la cosa y la obra, una especie de vinculo
entre esta dos, es la que le da el valor de uso.
Ser-instrumento del
instrumento consiste en su utilidad. En el uso del instrumento se debe hallar
lo instrumental de este.
alegoRía dEl símBolO eN la obRa dE arTe
“Un galimatías
interminable y subjetivo. Con infinitas variables y vertientes.”
Es intrigante en si
la idea de una obra de arte, el nacimiento, la gestación de esta. Esa
suposición de un origen místico, de algún don divino del cual el artista es
poseedor. Aquel terreno mágico que lo separa del vulgo ordinario. ¿Qué lo hace
tan especial? ¿Cuál es el verdadero sendero que lo separa del resto? La
suposición de esta incógnita trae a la mente la respuesta materica de la obra
de arte. Aquella cosa que se compone de variados caracteres, que da la idea de
ser más allá de ser un simple objeto, un instrumento útil. La obra de arte trae
a la mente el reflejo de una espiritualidad un impulso que no solo se queda en
la obra si no también arrebata la impresión del espectador.
Supongo la idea de
ser un espectador novato alguien que desconoce de paradigmas artísticos y que
poco le interesan las cosas elevadas y sublimes, un espectador torpe, bruto
como una piedra sin esculpir, parado en frente de la colosal imagen de la
capilla sextina, centrado exclusivamente en el juicio final, mirando las
imágenes aterradoras de mártires y pecadores siendo atacados y poseídos por
terribles demonios. -¡oh dios!- podría suspirar simplemente si temiera a dios,
una imagen del temor a dios es mi primera impresión, pero las figuras son
hermosas, bien pintadas los cuerpos irradian color, un monumental de hombres
desnudos que temen, que sufren la ira de dios, pienso entonces en algún paraje apocalíptico,
¡oh dios! Exclamo de nuevo -así podría ser el infierno si yo fuera un pecador- quizás
me de la bendición ante esta magnifica obra de arte, que me llena de miedo y de
pasión. –acuérdate tan solo de tus postrimerías
y no pecaras-
Hago un breve
recuento de mis faltas como cristiano, ¡odios! Tercera vez que exclamo, soy un
pecador, me siento reflejado en la imagen de Biagio da Cesena, soy un terrible
monstruo, he tenido malos pensamiento hacia mis hermanos, en pensado
lujuriosamente en la mujer del otro, he fantaseado con hacer le mal a mi contrario,
soy un impío, siento vergüenza de encontrarme allí abajo contemplando semejante
juicio. Soy culpable Dios, me postro de
rodillas ante tu maravillosa representación. El símbolo del pecado se marca en
mi frente soy descendiente de tu repudiado Caín. Antes de morir he contemplado la alegoría de tu gloria y de tu juicio,
del reino de los cielos será la gracia del santo, y las terribles torturas serán
de serpientes como yo que han blasfemado de ti.
Volvamos a las alegorías
del artista, visualizo La Balsa de Medusa de Géricault, busco
incesantemente y sin alivio en esta balsa de condenados, Caronte que nos lleva
hacia el abismo de Mefistófeles. ¡Que frágiles y sublimes somos frente al
pecado!
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| Balsa de la Medusa, Géricault, 1819 |
Delacroix y su
barca de Dante, ¿acaso Dante no puedo ser yo? Ese rostro utópico de los cuerpos
que se transmutan. Dante es un símbolo, el símbolo de la humanidad en esta
escena, esta recreación imaginaria que se hace materica por medio del
instrumento. Mágico del artista. Frente a frente ante formas colores e impactos.
¿Quién soy yo más que un hombre? ¿Qué al ser hijo del pecado original
vagabundea desamparado por el mundo sin el consuelo de un implacable dios que
solo lo juzga? Solo carne una alegoría un remedo pusilánime de dios, un mártir
en las sombras oscuras del corazón humano. ¡Oh monstruo humano! Símbolo del
símbolo, el caso de la barca dantesca, la representación del representado, la
barca de Delacroix, la humanidad sufriente, otro cuadro contemporáneo, el
símbolo de este, Philegias, Dante y
Virgilio. La misma barca otro símbolo, otra fuerza del mismo origen la
misma remembranza.
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| Barca de Dante, Delacroix,1822 |
Una especie de la
enciclopedia interminable del hombre-artista, cual infinitas cosas, donde se
hallan todas sus obras, el mismo genero, trasmutado el símbolo que es solo uno,
que no es ninguno.
Volvamos a Miguelángel,
pero esta vez conociendo algo de sus propios pensamientos, quizás allí
descubramos el origen magnifico de su obra. Miguelángel detestaba la pintura
al óleo decía que era: “buena para las mujeres o para los vagos, como
Sebastiano del Biombo”. La idea de
Miguelángel frente a su pintura era llevarla al parentesco más exacto con su
obra escultórica. Miguelángel era un pecador según su propias palabras: “si en
mi juventud ya caí en la cuenta de que el esplendor de la belleza de la que me
había enamorado debía, dirigiéndose al corazón, provocar una luminaria de
inmortal tormento, cómo podría extinguir esa luminaria de mi mirada” suponemos
pues fielmente que en su visión cristiana Miguelángel es un pecador por tal
razón quizás se retrata en la escena del juicio final en el pellejo de un
desollado sostenido por San Bartolomé. Podemos notar en su obra un símbolo de
su propia vida, de sus propias pasiones y sus propios pecados. Su ideal
simbólico en su obra era representar la belleza del alma a partir de la
perfección de sus efebos.
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| Autoretrato, Miguelángel |
Todas las obras de
arte traen consigo esa fuerza simbólica, ese poderío que trasmite el artista
con su instrumento obra.
El símbolo es el
ideal, el intangible laberinto de lo magno y lo infinito, aquello que se
sugiere pero que evoca de la cosa tangible. Nada más espiritual que esto. El
retrato de un dios, la sospecha de lo mágico. En cada obra existe un secreto
escondido, un misterio, una alegoría.




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