"Los oradores ¡que no lancen una perorata en
medio de una conversación!, ¡Y no lea sus versos el poeta delirante!"
Ovidio.
Quisiera, pero no puedo ya que mis dotes son
insuficientes, encumbrar la pluma de Pizarnik y compararla con la de Góngora,
que en desatino pensé acaso citar unos versos de Quevedo para llevar mi
cometido:
Has
acabado aliundo su Parnaso;
adulteras la casta poesía,
ventilas bandos, niños inquïetas,
parco,
cerúleo, veterano vaso:
piáculos perpetra su porfía,
estuprando neotéricos poetas.
Sin embargo, es
trabajo inútil y estulto de mi parte sentar en el nido del culteranismo a tan
inculterada dama. Que más cerca esta del cretinismo que del llamado gongorismo
y ni mentar yo quiero, el arduo ayuno de Conceptismo que acaecen sus quimeras
grafolingüísticas. Adiós pues al siglo de oro, do claramente su feminidad
baila ausente. Debo entonces armarme de valor e ingenio para darle un lugar
propio y exclusivo, a aquella mujer que, con sus cándidas evocaciones, dignas
de una musa del delirio insulso, logra seducir con supina perspicacia y
desbordante credulidad, las cabecitas de jovencitas convulsivas que aún no
encuentran la palabra clara en el rio donde se ahogó Narciso. Mujer única en su
especie, a la que muchas hoy emulan con firmeza buscando el sublime verso
han encontrado lo perverso. Más de esta perversión del verso hablaré luego para
que no piensen, que la seducción viene acaso de un lugar donde Sade elogia el
vicio, ni mucho menos, es de la perversión marchita de la palabra de la que
intentaré darle un punto así me hunda en fango donde se revuelcan los cerdos
intelectuales de de nuestro siglo. Sigamos pues exaltando a la Musa del desparpajo, de
la emoción absurda, a la que es ilícito llamar hacedora de versos, ya que
mutilar como carnicera de barrio humilde los renglones no atañe mucho al
ejercicio poético, sin embargo, mis palabras chocan ahora con el muro de lo obtuso
donde su trono está laureado y ha dado un lugar inoportuno a la pestilente
po-rqu-eía de estos tiempos, al ponderado idiotismo que no solo ha envenenado la más
insigne de las artes sino los sitios más vulgares donde se podría echar un
buen canto a la diosa de las saetas con unos cuerpos febriles y engrasados.
No te culpo a ti,
del reino que no gobiernas, aun siendo la reina sempiterna de la bobería, hija extravía de la deidad del buen Erasmo. Tú, la
palabra sin sentido, ni pensamiento alguno. Tú, Mujer-demiurgo facedora de
laberintos que no conducen más que a entuertos, desatino donde los necios atinan
su parnaso en una sienaga. Eres una excusa para el desconcierto, para falta de talento y
duende, para esa ausencia de furor, rigor y templanza. Bendita seas para todas las
mujeres de carácter indulgente y los cornudos que se avergüenzan del vigor de
sus pequeños guineos. No soy digno, de esta diatriba, aunque se diga que un
tonto no puede hacerse el sabio, yo que a duras penas me debato en la
oligofrenia, soy idiot-savant del verso. Que nunca he fabricado soneto alguno
que no haya servido de incentivo para el fuego de mi hoguera. Disculpas te
pido, tú que yaces muerta en carnes, pero tan viva y revivida en la ignorancia del mundo.
Tus evocaciones delirantes son el espejo del desengaño, haces creer que la
poesía es un capricho que cualquier ágrafo puede hacer con tan solo siluetear en
una pared inmaculada figuras sin pretexto, mojando su pluma con el propio excremento. Has hecho sin
quererlo que muchas mujeres de coño reprimido y resentido, con esa mierda
seca digan a los cuatro vientos: SOY POETA. Este es un siglo de poetas, do se confunden los versos con los
ritmos tribales de letras obscenas, de esa música que procura mover el culo
ardiente de estas discípulas tuyas, aunque renieguen a vox populi, de esos
bailes profanos, de esa cultura de la vacuidad donde ellas esperan y aspiran ser
la voz que las inmortalice en la historia.
Créeme que he
querido perdonar tu falta de lógica, que incluso intente defenderla con tu
supuesta falta de cordura. (Creo que loco es quien te adjudica poeta) Pero tu voz no llega a acariciar el arrebolado
lenguaje de la locura. A lo sumo puedo tomarte por el discurso de un asalariado
reprimido y fracasado que solo se queja en el baño, y del que lentamente salen
las palabras a trompicones. Es verdad que algo se caía en tu silencio y era la
coherencia de tus versos, no podías atraparlas en una red para luego bordarlas
pacientemente como Penélope, tu afán de figurar entre los otros amigos agraciados del Boom, de hacerte
maldita no permitió que tu palabra se permeara del duende, ni de la musa ni el
ángel, realmente estas como este apretado verso tuyo:
“Pero
el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy
sola.
Hay alguien aquí que tiembla.”
Sigues escribiendo. Escribes y escribes, buscando en
tu silencio, eso que jamás lograras hacerse poema, porque tu talento no es la
poesía, si no hacer sentir a la gente sin talento para esta, que cualquiera puede
ser poeta incluso tú, mientras te peinas los cabellos escarchados por el fuego.
Algo de ternura siento en tu aproximación a la forma del oxímoron, que se te
escapa de las manos como arena en la ventisca, porque como niña caprichosa
quisiste empalagarte de figuras y metáforas que dejabas inconclusas. nunca recorriste el círculo y aun asi del trazo de las palabras podrias formar un nudo para los zapatos de una serpiente.
Tú la
dadivosa artífice de frases anodinas. Algunas veces logras soplar algunos
versos que pueden hacer voltear la mirada de una ninfa extraviada, pero como
si amaras realmente la autodestrucción que tanto promulgas te encargas de
escupirle en la cara al sendero de las silabas que siguen. Eres una rebelde, no
quieres seguir ningún camino más que el de tu desenfrenado ahnelo de reconocimiento, quieres
que la noche te mire y te sonría, porque piensas en silencio que la noche, les
ríe a las niñas idiotas que quieren escribir poesías. Pero tu sigues
escribiendo, y como Sísifo cargas la piedra de tu empresa inútil, subir con
esfuerzo dos o tres versos para dejar caer precipitadamente toda posible
belleza de una forma poética. Tu evocas y evocas, pero ninguna evocación logra
hacerse un rito, tu canción solo canta para los corazones insolentes de quienes
no entienden ni quieren sentirse ni afectarse con la poesía, pero quieren ser tu espejo futuro.
No has podido ni sorprender:
“la verdad de esta vieja
pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges”
pues no ha llegado
nunca esa presencia que te reconozca como Poeta. Por eso te dedicaste a imitar
poetas reales y no de ensueño como tu quimera, a tal punto fue tu intento
vanidoso que hasta el suicidio pensaste que era una forma para alcanzar tu
anhelo. Quizás ese epilogo de tu cuerpo fue el único verso verdaderamente sublime.
De allí nació tu gloria póstuma, mira hasta yo que no te soporto me he tomado
el tiempo para leer alguno de tus esperpentos, buscando un solo soneto, que
logre reivindicarte. Lo has logrado querida, sin entender un carajo de métrica,
sin hacer acaso un verso blanco en tu oficio carnicero de cercenar los reglones
y la forma. Por eso todos los canallas se escudan en decir que todas sus
palabras huecas son en verso libre. Porque según ellos y posiblemente tú,
pretenden desencadenar la palabra de su yugo, al que llaman razón. Y te laurean
a ti, como aquella libertadora que no escribe palabras sino sentimientos, y de
allí el pretexto para enunciar monstruosidades con acento de aedos. Todas las
jaulas de la razón se han vuelto pájaros para dejar volar la estupidez y
hacerla valer. Sin importar que la pasión sin una pisca de razón no conduce más
que al exterminio. ¡Eureka! ¡Eres la poeta de este siglo!Pero quiero que me expliques como con tanto talento haces que
estos dos simples versos pierdan todo significado al juntarlos con tu arte
delirante y aberrante:
“El principio ha dado a luz el
final
Todo continuará igual.”
¿Como es que luego
del final todo continuara igual? ¿De qué final hablas? ¿Incluso dime si acaso
conoces la diferencia entre principio y final? tú que eres reina de lo nudos, de los caminos sin abismos. No me repudies, por mi pregunta,
puedo inventar mil y una más con tus versos inconexos, solo agarré estos
al azar, pues tus versos son esos jaulas sin pajaros, así que no te quejes.
Puedo tomar otros si tú quieres y dejarte en el mismo sitio. Pero como tú ya
eres de piedra y polvo y tu palabra solo cacofonía impresa, no tengo más
remedio que paladearme con tus discípulas. (Se que hay hombres en sus filas,
pero estos hombres no se molestaran para nada el género en el que los
agrupo, ya que ellos abanderan estas ideolgias perversas tan de moda y de lenguajes
vomitivos, inclusivos totalmente incluyente. Porque aquí, en tu reino de poesía
que nos es poema, lo increíble se hace realidad, cualquier insensatez evocada
en el fulgor de un amor frívolo tiende a ser llamado poema y a su artífice en
vez de necio, poeta. Es por eso que acá los hombres no son hombres y las
mujeres son poetas). Ya las veo venir con sus antorchas, ya vienen con sus
arengas de odio, a llevarme a la hoguera, porque ahora las brujas son aquellos
que luchamos por la desentrañar los misterios de la poesía. Vienen con esa
furia primitiva de animal reprimido por siglos, y es por eso que tú eres su
gurú, tú la que habla con tanta insensatez, la que tocas esas almas que no
logran hacer de su palabra una herramienta para batallar contra el enemigo (que
acá entre nos desconocen, y supongo se esconde al otro lado del espejo). De
verdad querida autora de descaminados versos, siento lastima del
monigote que han hecho de ti, tú que solo has querido en vida hacerte poeta y fracasaste,
llegan estos más fracasados que tú y te adjudican el título que jamás lograste
alcanzar. No es justo, que sean otros los que fabriquen con humo tus logros
irrealizados, es inaudito pero cierto, que seas la voz de una época de
intelectuales sin talla, que leen para presumir y no para entender o sentir. Porque
gracias a tus mamarrachos poéticos ellos no necesitan entender, aquello que no
fue escrito con alguna luz de entendimiento.
Entiendo tu pasión
desenfrenada, es allí lo delirante de tu obra, pero no solo de delirio se
escribe el poema o tu delirio tal vez no es lo que parece, y es como estos
jóvenes que te adoran, una mera apariencia de delirio. Aunque yo logro
vislumbrar en tus palabras el delirio por figurar, por ser reconocida, por verte
ante los ojos de los verdaderos poetas como una mujer maldita, como una
marginal incomprendida. Y no te niego esos triunfos, aunque estos no son los
que tu esperabas. Para mi eres enteramente marginal, a pesar de tu actual fama.
También para mi tienes mucho de maldita, es más eres una maldición para la
poesía actual, has servido para dejarla en el atolladero, la has condenado a un mundo por fuera del cielo y del infierno y de las
almas, lo afincaste al mundo de la cursilería, de las emociones simplonas, de
los lamentos y caprichos de jovencitas alocadas. Por eso imploro sin esperanza
que se cumpla tu exilio, aun sabiendo que no eres ese ángel de tu esperpento ya
famoso:
Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
No me canso de
admirar esos escarceos fútiles con el oxímoron, ese que buscaste en una muerte
donde vivir. Por esa manía tuya de creerte ángel y verlos en todas partes.
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
Me atreveré en este
instante a ser tan atorrante como los que te rezan como a su ángel de la
guardia y responderé, desde mi necio lugar por ese "quién" que tanto buscas
y que esta repetido en estos mismos versos y que son dos efigies que componen
un solo cuerpo sin cuerpo sin sombra: El Ángel y La Muerte. En el espejo de la
vida quizás son uno o ninguno, pero están en frente de las narices de tus
versos respirándote en la nuca y en la de tus abnegadas lectoras. ¿Será por eso
acaso que más siniestramente una sombra que presientes, que te respira pero que
no logras atrapar? ¿Será acaso esa la sombra de la poesía que tanto perseguiste
y tanto amaste? Esa sombra que no muere, la sombra imposible que tus versos
persiguen como la liebre a la tortuga. No puedes abrazar la sombra de una
efigie, pero entiendo que todo esto es parte de tu delirio y por eso creas que
es lava del infierno, la poesía, una logia callada. De la que en vida no
te permitieron hacer parte y de la que yo como lector no te doy ese lugar.
Vuelves a perderte y hablas de fantasmas con erecciones, porque eso son tus
versos formas sin cuerpo ardiendo en el humo. No diré nada de los sacerdotes de
espuma, allá ellos y que tus seminaristas interpreten ese verso, que me produce
reflujo y solo pienso en un antiácido para soportarlo. Vuelves a tus ángeles y
no puedo entender para que, y supongo que tú tampoco, pero aun así les das
cuchillos para hacerlos más intimidantes y justamente en la noche para darle
ese efecto cliché de cuento de terror victoriano. ¿Serán acaso tus cómplices,
adláteres que te ayudan a descuartizar la esperanza que se levanta cada vez que
intentas elaborar poema?
Dejare pues yo
también esta perorata, porque no es otra cosa que esto, como delirantes son tus
versos. Porque no tiene propósito alguno de haber escrito sobre algo que no
tiene ni pies ni cabeza, como diría un matemático leyendo uno de tus textos.
Así que te dejaré en paz por ahora o por lo menos en este punto, así como
espero tú y tu sequito dejen pronto en paz el cadáver de la poesía y la dejen
resurgir del cieno en que la hundieron como el fénix que habita en esa muerte del verso.




