jueves, 31 de octubre de 2013

EL YO, EL INDIVIDUO Y LA CULTURA




Extensas e infestadas de retruécanos, baches y altibajos son las disertaciones, circunloquios y todo tipo de verborreas seudocientíficas que se han propiciado alrededor de la dualidad y el antagonismo que se disputan frente al individuo a la contra de la quimera arquetípica mal ponderada Cultura, desde campos tan diversos como la antropología, la filosofía, la sociología, la semiótica, el psicoanálisis, etc. Algunos en un acto oprobioso de patetismo han cometido un desatinado uso del lenguaje hilvanando con toscas puntadas de costurera bizca, una simbiosis gramatical abominable, mutando estos dos opuestos conceptos y ha llamado al individuo inmerso en la sociedad, inmerso en sus normas y anclajes imaginarios colectivos que esta acaece, como un Hombre Culto, tratando forzosamente de conciliar una fantasiosa alianza. Me pregunto pues, ante semejante manipulación acomodada de la gramática ¿Qué es entonces el hombre culto? ¿Qué conductas le hacen merecedor de tan miserable titulo? Y me refiero a miserable circunscribiéndome al pensamiento Freudiano, que deja de manifiesto su inquietud ante esa abominable creación edificada desde sus inicios ancestrales por individuos poderosos, aborreciendo convenientemente la fuerza bruta del individuo individual.
Autores tan diversos dentro del Psicoanálisis y la Psicología, han intentado mancillar este escabrosos termino de cultura, autores como el mismo Freud, o Vigotsky,  o en menor medida los llamados psicoanalistas culturalistas como Fromm o el ridículo e inocente Sullivan que mas que psicoanalista culturalista es un psiquiatra conductual, que semeja a un estudiante primerizo de antropología o sociología, tratando de desenmarañar planteamientos que ni sus propios maestros mas duchos en herramientas han logrado desentrañar. Asegura que nuestro Yo se compone enteramente de nuestras experiencias y es allí donde yerra torpemente en un campo mas expandido frente a una miraba más profunda de los componentes de la personalidad que comprenden al yo. Su sencilla mirada, es una mirada pueril que sólo puede circunscribirse ante las evaluaciones de la conducta frente a ese mundo externo que le proporciona dichas experiencias y que son las que edifican su conducta. Pero la conducta no hace al yo, es una parte quizás superflua, material de relieve de este, (o lo que yo prefiero de nominar una Impostura), pero que a su vez es una parte que se resuelve conflictiva con los otros contenidos, y de allí surgirán las conductas del neurótico (el esclavo de la cultura), el psicótico (el villano o criminal) y el perverso (el antihéroe, el anarquista). Entendamos que las experiencias son diques, anclajes morales como diría Zapffe, oportunidades siniestras para no implorarle a las parcas el corte de nuestro fino hilo que nos separa del otro mundo, esas alucinaciones materiales que yo asumo como meros espejismo psicofísicos que seducen y desfiguran el insignificante talento cognitivo del individuo.
Pero aquí debemos hacer un alto, pues estamos dejando en el puerto la materia prima de esa irrisoriedad llamada cultura, el eterno juego del huevo y la gallina, no se puede hablar de uno sin el otro, ¿Qué sería del Dios creador sin su creador humano? Somos imagen y semejanza de nuestras quimeras. No puede existir una cultura de ratones, o de simios, solo hablamos de cultura cuando el hombre abre su bocaza plagada de mismas para conferir aquella sonora palabra.
Según Freud, en El malestar de la cultura, la terrible invención de la cultura es producto del miedo, del miedo al sufrimiento y de su opuesto, el placer, revelando pues que la especie humana es una raza asustadiza y cobarde, co-dependiente y enferma. Pero sus sufrimientos se pueden dividir en tres, en palabras del mismo Freud: “La supremacía de la naturaleza, la caducidad del propio cuerpo y las relaciones humanas con el otro.” con ellos construimos, los primeros tótems sobre aquellas fuerzas naturales que le superan, el tótem de la muerte y el sexo, la figura que le mira en el claro del agua, el espejo del otro que soy yo.
de allí a su vez, aparecen los síntomas del principio de la tragedia, el hombre sabiéndose un animal indefenso, decide emprender una lucha que sabe de antemano, perdida, pero que intenta superar cometiendo el grave error de construir alianzas con otros. Florece entonces, la cultura, producto de la necesidad y del amor, como evasión escuálida de los sufrimientos que le gobiernan los hilos del destino. Permite que Eros y Ananké jueguen con su psique,  pero es allí donde ocurre la nefasta paradoja, en esa búsqueda irrefrenable de erradicación del sufrimiento y la vindicación del placer por medio de la necesidad de un amor perpetuo se reflejara su derrota, en palabras de Freud: "...Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor.”
Las teorías de los llamados psicólogos culturales pierden asidero en este punto, porque ese amor no emerge de la experiencia con el otro aunque se refleje en el otro, sino que es ese amor no es más que una impostación. El otro no es más que la impostura de nosotros mismos, es el yo reflejado. En otras palabras ese maldito amor no es otra cosa que el miedo a aquel mundo externo, aquello llamado cultura. Que según Sullivan nuestro Yo depende de este, para su construcción, pero para Fromm por ejemplo ese Yo será repercutido y afectado por las corrientes sociales, asegurando que la cultura es un objeto móvil, pero es un objeto móvil simplemente en sus características contextuales un en su esencia primaria, donde seguirá rigiendo el amor y el miedo, la curiosa teoría de Fromm intenta desprenderse de la propuesta por Freud, circunscribiéndose a un marxismo, a un materialismo dialectico, buscando así un individualismo, pero este individualismo marxista no es más que otra impostura incompleta de un dogma endeble, la búsqueda de Fromm queda a medias y lo más aconsejable hubiera sido que echara una buena mirada a la obra de Stirner para intentar comprender una forma de individualismo más radical y no meramente el individualismo Neurótico de Marx… pero como dice el dicho zapatero a tus zapatos, la idea de Fromm tiene una noble intensión pero queda corta en el sesgo de herramientas epistemológicas, donde no logramos descifrar con plenitud si su propuesta es psicológica o sociológica, pues al parecer la una erradica a la otra.
Considero, valiéndome del ya mencionado Stirner con su texto El único y su propiedad, que la cultura aparece para el individuo, más en un proceso de deconstrucción, donde se convierte cárcel de la pulsión, y procura una siniestra cofradía con el superyo, donde sólo residirán los pobres y agonizantes neuróticos, aquellos idiotas que han aceptado y adoptado la norma, esos masoquistas que llamara Fromm, ya que los psicóticos jamás habrán notado la presencia de aquel fantasma moribundo y los perversos simplemente gozaran en su jardín de las delicias contemplando el sufrimiento de esos otros pobres diablos que sufren sobre la paila ardiente de la cultura. En la visión de Stiner, el individuo individual, el egoísta, aquel hedonista que sólo se preocupa por sus propias necesidades, será tachado por perverso al ser juzgado por el ojo corrupto de la Cultura. La cultura no es más, que ese impedimento de autorrealización y liberación de anclajes del individuo.
Pero creo que todas estas habladurías sobre la cultura y el individuo como siempre quedaran en Balde. No llegaremos a ningún feliz acuerdo entre los dos bandos, donde evidentemente el peso de uno hace absurdamente ridícula su contraparte. Mi precario consejo sería, aprender  a disfrutar la cruenta y sempiterna batalla de las partes, pero como propone el poeta Jaime Sabines, desde un lugar de espectador en este circo de mascaras e idiotas enfermos por un poder efímero, anhelantes de una inmortalidad caduca:
“¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo 
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?”



Nos hemos ido por las ramas, mejor dicho por las malezas cargadas de espinas ponzoñosas y un nauseabundo olor mortecino. Hemos hablado, del individuo en a cultura, pero solo de manera superficial, pero que mas podíamos hacer si hemos tratado, al individuo desde la lupa de personajes que sólo entienden al hombre desde su conducta. Pido disculpas de mi parte, pues poco o nada es lo que me importa la conducta de los individuos, harta cantidad de investigadores someros de dan a esta paupérrima tarea, mientras que mi interés se ha volcado hacia algo más profundo y que es el eterno enigma, el  YO. Aquello, que tantos autores han tratado con miedo, porque su faz es intimidador, y procuramos ver desde el reflejo de su máscara que podríamos llamar personalidad pero que yo llamo llanamente Impostura: hemos construido toda una enredadera por medio del lenguaje al hallarnos tan lejanos del conocimiento del yo. Freud dira que el yo se compone del Ello y el superyó, y al decir esto quedamos en una implacable incertidumbre, el superyó como hemos dicho, no es más que la máscara de la cultura o la cultura misma, que no es otra cosa que la máscara del miedo, el resultado de las necesidades de un amor viciado y moribundo. Pero el ello, es cosa compleja, cosa ilícita que nos está oculta y que están profunda como el infinito celestial. Para Hartmann las funciones del YO surgen del conflicto ente Ello-superyo. Pero esto no nos dice más que Freud, pues nuestro mezquino intelecto no logra comprender todo el contenido de cada una de las dos fuerzas que impulsan a la construcción del yo. Sólo sospechamos la diminuta brecha por donde se filtran algunos mínimos contenidos del ellos y las percepciones sutiles de la cultura que afecta al individuo. No podemos hablar más que un enfrentamiento, de una lucha de fuerzas desconocidas, que no podemos manipular ni con el uso caprichoso del lenguaje.
También podríamos descubrir el yo como un simple mecanismo de diferenciación utópica del otro, en el contexto cultural, una categorización parlanchina, para decir que somos individuos autónomos frente a la colosal estructura social. Pero eso son meros espejismos, acomodaciones del lenguaje en un intento desesperado por recuperar la individualidad al pertenecer dentro de nuestra neurosis a una cultura. El yo se difumina y se hace una impostura, que bien valiéndome del concepto móvil de Fromm también es, es algo cambiante, pero ese yo cambiante no somos nosotros solamente la envoltura, el impostor que somos con el otro, como mecanismo para disfrazar nuestro terror y amor a la muerte.
Con esta triste respuesta, de no ser que mas criaturas agónicas en disfraces malgastados, nos descubrimos como un personaje Kafkiano, derrotados al sabernos insignificantes sobre todas las fuerzas que nos gobiernan, tanto de afuera como de adentro. El yo es una cosa entredicha, una pregunta abierta, que no se puede traducir como un Self, eso entra solo en el campo del a personalidad. El yo es algo más misterioso, más arcaico.
 Aunque esto me lleve a pensar algo intrigante, la lucha por el gobierno del Yo es una lucha imaginaria, una torpe lucha de neuróticos peleando con fantasmas creados por su miedo, es también la resistencia del Ello ante ese mundo fingido que llamamos cultura. El yo es ese bajel rustico que navega a la deriva por esos dos océanos sin otra esperanza que hallara sosiego algún grandioso día dejándose llevar por la corriente de su más agresiva pulsión de muerte, para yacer placido en las orillas del hades.

Para concluir este anodino propósito inconcluso no he de mencionar más que, no somos más que un sueño dentro de un sueño. Ficción de una ficción contenida en consecución interminable. Estamos presos por el absurdo de la locura cultura, esa demencia producida por nosotros mismos, por esa necesidad sadomasoquistas que nos hace creer que estamos vivos, sin percatarnos que en nuestro automatismo cultural no somos más que muertos que se aferran a la vida aunque sus cuerpos y pensamientos emanen un pestilente hedor a olvido.

jueves, 10 de octubre de 2013

Impostura de la Dama Blanca

“Sentía hundirse mi razón en el espanto; ¡lo sobrenatural me envolvía! ¡La rigidez, el silencio de todos aquellos seres con máscaras! ¿Qué eran? ¡Un minuto más de incertidumbre y sería la locura! No aguantaba más y, con la mano crispada de angustia, avanzando hacia una de las máscaras, levanté bruscamente su cogulla.
¡Horror! ¡No había nada, nada! Mis ojos despavoridos sólo encontraban el hueco de la capucha; el traje, la esclavina, estaban vacíos. Aquel ser que vivía sólo era sombra y nada.” Lorrain

 Es a ti, a quien siempre espero, la que clamo en sueños, la que guía mi vida hasta el ocaso. Tu, mi bella impostura mortecina, tú, la dama blanca, que con miedo anhelo en cada acto destructivo, en cada creación que dilapida el tiempo…
Ya es mucho lo se ha dicho de esta impostura, que gobierna a las anteriores, pero es la impostura de las imposturas, es un juego de máscaras, la máscara tras la máscara. ¿pero qué se esconde tras su máscara? Quizás el misterio, la nada, el olvido, otro mundo de imposturas, nadie lo sabe.


Sólo comprendemos precariamente que yacemos en este teatro de la existencia gracia a la impostura de la muerte. La muerte que es silencio y es grito, ese grito que nos ensordece al nacer y nos perturba el trasegar venidero. Somos actores sin libreto, que simulamos estatuas de otros tiempos, de tiempos, quizás inexistente o quizás somos todo lo contrario, inexistentes para el pretérito.
Es la dama blanca, quien nos susurra en sueños, quien nos besa en la frente cada noche. A única y verdadera amante de los vivos.

A ella he entregado mi vida entera consciente e inconscientemente. Porque en ella, me sobrevivo en este funesto redil.
Impostura del Alquimista

“El vicio y la virtud son los materiales del artista.” Wilde
Si he Vomitar, exorcizar la pulsión de mi demonio sobre un cuadro o una hoja en blanco, intentare que sea una impostación que simule una impostura mas verisímil que la impostura mayor que gobierna mi vida. Remedio momentáneo y paradójico de mi neurosis, es todo aquello que adjudico como manifestación de mi inconsciente, pero al presumirlo como una entidad que me pertenece cometo el fatídico error de la empresa de todo egoísta. La vanidad impulsa la mano del artista, que se sueña creador, profeta y nuevo dios, enmascarando sus fracasos con esa palabra inmunda que llama belleza. La belleza, no es más que un espejo vacio, un retrato de la vacuidad.
La impostura del mago es también la impostura del farsante, del idiota, del engreído, del vanidoso, del abatido, del pusilánime que busca reconocerse en el otro, y ese otro es también su obra y su sombra.
He caído en esta impostura a causa de la desesperación, el tedio, la angustia, el desasosiego, la nausea; buscando estúpidamente el reflejo de lo que soy frente a la nada creadora. Acercándome poco a poco, mi reina, la dama blanca, la que tira de los hilo de todas mis imposturas, jugando conmigo en actitud perversa, ¿y quien soy yo?, más que su prisionero, su esclavo y su amante. Un actor que representa farsa para si mismo, farsas que en instantes a creído verídicas, pero que con el olvido descubre su propio engaño.
Para eso esta el arte y su impostura, para mentir y mentirse a si mismo, para fabular fabulas, para encantar serpientes imaginarias, para embelesar a los durmientes, a los soñadores al sueño mismo.

Es la impostura del megalómano, del que ha descubierto que su poder no es más que una quimera, que su fortaleza es la locura. En ella ambiciona aquello perdido y que no puede ser recuperado. Pero se agotan los recursos, el flujo de la pulsión está próximo a encontrar el resultado de su búsqueda y esa búsqueda no es más que impostura de la dama blanca.
Impostura del Docto

Fueron los libros mi liberación, mi prisión y el desencadenamiento de mi neurosis obsesiva. El refugio de las letras se convirtió poco a poco en mi maravilloso infierno del que casi nunca quisiera salir. Me hice amigo de asesinos, de locos, de poetas y suicidas, me enamore de prostitutas, de ninfómanas, de espíritus, de diosas, de la dama blanca… Todo para escapar de la absurda realidad irrisoria que interpretaban mis sentidos. El conocimiento de los libros, me indujo a dudar, a falsear y comprender que todo es una gran mentira. Que el mundo no es mundo, más que una recreación psicótica de mis pensamientos. La supuesta realidad se convirtió en una suprarealidad, en el enemigo, el adversario, en el amante que se añora fornicar mientras agoniza. Pero yo, torpe embustero, adopte la impostura del docto y como en el verso de Sabines solo me limite contemplar como se hacía polvo el mundo que se recreaba antes mis ojos.
La impostura del docto es también la impostura del cobarde, del psicótico voluntario. Es el refugio de aquel que se siente derrotado por la cultura e intenta fortalecerse por medio de aquello que lo ha destruido de antemano. Cambia la espada por la pluma, pero no es un soldado, es aun un rumiante temeroso, una bestia domada por el intelecto, entendiendo el intelecto como Olivetti:
“El intelecto es causa perdida, es una de las grandes derrotas de lo humano.”
El intelecto como impostación, como agente impostor, que oculta misterios inenarrable por medio del lenguaje. Es quizás, la impostura del Docto, la impostura más artificiosa y ruin, pero a su vez, la que más ayuda me ha brindado y más daño me ha causado.
Es ridículo escuchar, a la estulticia decir, que la lectura enriquece, sin hacer siquiera un alto y cuestionarse qué tipo de ganancia trae para el individuo dichas lecturas. Al hablar de ganancia se debe conocer el término de perdida. Se gana conocimiento y a la vez locura, se pierde el asombro y la felicidad, se enriquece el lenguaje y la misantropía, pierde el interés por el mundo de los otros…

La imagen del sabio no es más que una patraña, es un burro con anteojos, es un presumido de naderías, un embaucador, un impostor de imposturas que luego encontrara su oportunidad más gratificante en la impostura del Mago, donde hará gala de sus maravillosos engaños, de sus hechizos del lenguaje, de su habilidad de trasmutar los objetos a meros supuestos y a esto cínicamente le dará el nombre de Arte.
Impostura del Efrit

“Pues lo bello no es más que el comienzo
de lo terrible, que todavía soportamos
y admiramos tanto, porque, sereno, desdeña
destrozarnos, Todo ángel es terrible.” Rilke

Cada vez que me golpeaban, me hacía más fuerte y mi demonio rugía en las profundidades de mí ser, donde estuvo encadenado, pero una vez fuera, el demonio obtuvo mis ojos y sonrió bajo mis labios.
Siempre fui el niño apocado, idealista, que vivía sumergido en sus mundos oníricos, en sus historietas, en sus libros, en el pretérito desconocido de un mundo catalán de entreguerras fabulado por mi abuela, aquel idiota al que todos le hacen mofa en la escuela, el blanco de burlas, el saco de huesos donde se puede practicar una buena combinación del uno, dos y sentirse pleno
Piensen en un ángel terrible, que con su halito arrasa poblaciones enteras. Piensen en un demonio cargado de odio, una cantera hirviendo una incontenible fuerza que está a punto de desbordarse, y que crece a cada golpe que la vida me regala. Así fue descubriéndose mi impostura del Efrit, ese genio más allá del bien y del mal, la representación del poder mismo. Pero no logra manifestarse en todo su esplendor hasta que la figura física, no simbólica de la abuela desaparece, en otras palabras, el genio sale de su claustro cuando la bondad mística eleva sus alas. Son años adolescentes, de cambios drásticos, el niño apocado se desarrolla y tiene sed de venganza, esta deteriorado por abusos y se transforma de algún modo en la figura heroica que aparece en el poema de Mediz Bolio:
“Y entonces, entre el asco de toda la mentira,
de toda la cruel beja del mundo sintió ira,
ira trágica noble de león provocado
que se ha dormido libre y despierta enjaulado.
Y oyó que de él reían como de simple y bobo,
¡De él que igual que un hombre estrangulaba a un lobo
¡Ya no pudo más ¡ Un día se alzó contra el tirano
y le arrancó la vida. ¡ Con su plebeya mano
se hizo justicia el siervo...”
Pero he de dejar muy en claro, que el Efrit no tiene intenciones de justicia, es proyección y anhelo de la figurade la impostura de la dama blanca, reina indiscutible de todo poder místico o terrenal. Ve en el otro al enemigo, es la cultura su espejo, ese monstruo al que Kafka le dará la pelea ganada de ante mano. Pero este Efrit, es un ideal irracional en apariencia no se debe confundir, con el infrahumano. La función del Efrit es proteger la entidad en la cual habita. Esa es su función y su razón de existir. No tiene otras preocupaciones, es el instinto de supevivencia manifestado, el mecanismo de defensa ante cualquier adversario, es un mecanismo de adaptación, que no desea ser oprimido de nuevo.

Pero el Efrit, va perdiendo las batallas, las guerras le hacen meditabundo y clama a Salomón y sus sellos sagrados, implora por una nueva impostura. Y es allí donde aparece la impostura del sabio o del docto, como solaz del guerrero, como refugio del a bestia vencida ante el monstruo de la cultura.
Impostura del Übermensch

Quisiera ahora salvar al mundo de lo humano. Sosteng
o ahora la cabeza de mi padre, aunque pareciera estar liberado de su embrujo, al ser yo el hacedor del rio de sus sangre etílica, debo declarar, que he alzado su copa de oprobios y bebido de su sangre. Llevo ahora la impostura macabra de mi estirpe. He liberado a mi padre de este mundo enfermo de mi neurosis y ahora soy yo quien como el judío errante a de vagar con su cruz hasta el fin los días. Yo que por espejo, he visto con asco la postergación de un apellido, yo que gracias al rey de la casa he preferido el olvido.
Esta impostura como en la tiene dos caras antagónicas y complementarias, y quizás una tercera que podríamos develar como resultado de la fusión entre las dos opuestas. Las dos caras serian:
La impostura del Untermenschen o superhombre y La impostura del Infrahumano o Untermenschen. Creo que la sola polaridad ejemplifica las características que le competen a cada una de estas imposturas. La impostura del Untermenschen está enmarcada por símbolos de interpretación de significado de la cultora frente a conceptos de Justicia, bienestar, orden, rectitud, norma, etc. Al contrario de la impostura del Infrahumano, donde se albergara la figura del Ello, en términos del psicoanálisis, cargando de significado conceptos, anárquicos, caóticos, individuales despoblados de valoraciones culturales.
En la historia de mi vida, la impostura del Untermenschen, se ve representada con la aparición, de lo que comúnmente hoy se conoce como superhéroe. Desde pequeño he sido aficionado a los personajes de ficción, he llegado a creer como llegara a decir Unamuno, que el Quijote ha sido más real que muchas personas con las que se ha topado en la vida. En la época a la que me remonto, debemos recordar que estoy regido por dos imposturas que se debaten por el gobierno de mi personalidad, una a partir del miedo y otra por la bondad. Curiosamente, se creería que es la impostura de la abuela la que únicamente influye de manera desiciva en el veredicto de adoptar la impostura del superhombre, pero no es asi, aunque por mucho tiempo, incluso en una temprana adolescencia lo crei, debo aceptar que es al contrario. La figura del padre ebrio, posee el componente primordial para la construcción de mi impostura del Untermenschen, ya que, esta impostura está regida y es la representación del poder mismo, y es allí donde se bifurca. Es un poder que puede ser encausado por las ideas producidas por la impostura de la abuela, y así configurar el Arquetipo del Superhéroe, el típico semidiós, que vence sus pasiones y como un Cristo sacrifica su vida por el bienestar de los débiles y desamparados, mientras que en la figura de la impostura del Infrahumano, es simplemente la manifestación del poder mismo sin ningún filtro o mecanismo de represión, es el poder desbordante, que podemos ejemplificar claramente adentrándonos al mundo de las historietas, con Hulk. Aquel ser que es gobernado únicamente por la pulsión de un poder y una fuerza desmedida que es alimentada por la ira y que acrecienta su fuerza como a su vez lo hace un ser cada vez mas carente de razón.
Es aquí donde entra en escena la resolución de estas dos caras de la impostura del superhombre, la cual llamaremos la impostura del Antihéroe, o en un término más dramático, la impostura del antagonista.
Antes que nada es importante hacer unas ligeras aclaraciones; no se debe entender al antihéroe como un villano y menos como la contra parte del héroe, no es el Joker de Batman, ni el Lex Luthor de Superman. Es simplemente una figura de poder cargada de significación egoísta, narcisista y perversa. Esta impostura no está subordinada a los límites que le proporciona la cultura, no tiene anclajes morales que lo encadenen a una neurosis. La impostura del Antihéroe toma lo que quiere y cuando lo quiere, sin mucho o nada de remordimiento.
Este tipo de impostura se convertirá en ideal para mí en los años futuros, ya que la neurosis intentara anclarme en la eterna lucha simbólica del superhombre y el infrahumano, el bien y el mal.

Estas tres estructuras, no estar subordinadas únicamente a las imposturas del padre ebrio y de la abuela. Más adelante, serán encausadas, sea el camino que se tomen, por otra Impostura que he denominado la impostura del Efrit.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Impostura del Padre ebrio

Te desprecio profundamente, oh padre, porque soy el reflejo del monstruo al que tanto le temía de pequeño cuando miraba tus ojos inyectados de alcohol y una furia que no comprendía y que ahora es mi sino y herencia. Ahora te acojo con cariño, porque eres la impostura que contrasta con el absurdo de lo bello y lo imperecedero. Porque has sido el polo a tierra, porque me bajaste de las ridículas alturas para que devorara el cieno de este infierno de la vida. Tú, que ahora padre, presumes ser otro, que has abandonado tus vicios y te refugias en el asco y la misantropía, tú que ahora eres un volcán de frustraciones, un dique de miedos. Por ti levanto yo mi copa. Por ti, que ahora no bebes, me dragare el mal. Yo que soy la herencia de tus miedos y tus flaquezas, aquellas que de chico vi como algo apabullante y que ahora sólo me causan una mueca de mofa. Entiende pues querido padre, que los niños, son todos estúpidos, y que le temen a las naderías, a los fantasmas y los monstruos que se esconde bajo la cama o en el closet. Y eso eres tú, un pobre fantasma del recuerdo, un monstro atrapado en el closet de tus propios miedos que impostas en ira. Eres gracioso, eres un comediante. Tu impostura es la del borracho, y traduce todos los matices. En un tiempo arcano eras el símbolo del terror, lo abominable, lo implacable, en otra instancia, la criatura oprobiosa y asquerosa, que todos repudian, pero ahora ere ese payaso ebrio que solo causa risa por el patetismo de tus corvetas. Baila para mi mono ridículo, baila hasta que vomites todos tus temores, esos que te han llevado hasta este punto, baila, baila querido padre, hasta que tus pies caigan rotos y tu espíritu se transfigure.

En la impostura del padre ebrio configure, el espejo de mis miedos, mis fracasos y todo lo que me aterroriza. Pero debe entenderse como una figura ambivalente.
En esta impostura construí la contraparte, la contra de la impostura de mi abuela. Como único recurso de equilibrio y armonía. No existe día sin la noche. La vida y la muerte.
En la impostura de la abuela se ve estructurada lo misterioso, lo místico, la inmortalidad y la muerte. Mientras que en la del padre ebrio, aparece el reflejo de lo terrenal, la vida en los infiernos, el mundo exterior, lo perecedero, la mortalidad, lo caduco y lo que se transforma.
Es en la impostura del padre, donde se adopta el papel del villano, del antagonista, de la figura de poder. En mi caso la impostura es el padre ebrio, ebrio porque sus facultades esta alteradas, permeadas de agentes alucinados que afectan la figura icónica del poder que ejerce sobre el hijo. Es así como lo configuro como un monstruo.
Pero es decisivo para la configuración de la siguiente impostura, que se nutre tanto de la impostura de la abuela y del padre ebrio para la construcción de una impostura moral a la que denominare la impostura del Ubermnsch, o la impostura del superhombre, encausado en la visión filosófica de Nietzsche.

Dentro de esta podemos encontramos otras dos imposturas, la impostura del Payaso y la impostura del Sucicida.

En la del payaso, se manifiesta la caracterización del bufón, de aquel que sin mas recursos no tiene mas remedio que reírse de la fatalidad de la existencia. Y a su lado aparece la del padre suicida, quien, luego del a resaca, harto de bufonadas, adopta actitudes destructivas, quiere evaporar la existencia erradicar el sentimiento trágico de la vida, por medio de la impostura de la dama blanca.