lunes, 2 de septiembre de 2013

Skinner: El diablo ingenuo



“Pressure.
It changes everything. Pressure.
Some people, you squeeze them,
they focus.
Others fold.” (Al Pacino, Devil’s Advocate)

“Los hombres actúan en el mundo y lo cambian, y a su vez son
cambiados por las consecuencias de sus actos.” (B. F. Skinner, Conducta verbal)

Arduas han sido algunas críticas de carácter moralista hacia la obra de B. F. Skinner. Algunas tan irracionales como las que en algún momento han acusado a Oppenheimer de haber sido un terrible genocida. Algo tan incongruente por parte de esos humanistas estériles, deja en evidencia lo anodino de sus postulados, que más que románticos, resultan cursis y de un patetismo viral que ha llegado incluso a permearnos hasta nuestros días. Omitiendo el hecho innegable dos singulares premisas:
1.) Que todo error es humano y no se puede culpar a un hombre de todo el fracaso de la humanidad. Skinner no es un Atlas, que ha de soportar todo el peso de la teoría Conductual.
 2.) Que en la historia todos somos víctimas y victimarios, y que no existen héroes y villanos, como en el mundo de las historietas, que la parcialidad de la historia siempre será cifrada por los vencedores y unos cuantos moribundos rezagados que sólo aspiran una venganza miserable, perdida ya en el tiempo, dejando así a los perdedores, en el infierno o el olvido.
El infortunado Skinner, ha caído en el infierno de la historia –cosa oprobiosa, que por el contrario Watson, no ha sucumbido en el olvido epistemológico que se merece-, y se le ha imputado el desprestigio y el escarnio, por la nimia excusa de sus lucubraciones acerca de la predicción y control de la conducta. Por lo menos Skinner fue fiel a su engaño epistemológico y no busco otro campo de acción más que la investigación, cosa distinta que hizo Watson en sus últimos años, donde astutamente, aplicó sus conocimientos a favor de la publicidad. Que haya sido la sociedad y el poder de su tiempo y de la historia quien se aprovechara de aquellas indagaciones, para manipular la conducta de otros, no es pues razón fáctica para culpar a Skinner. El pobre, pasó de largo un factor importante quizás, que el hombre a causa de su herencia maldita a través de la historia se inclina hacia una conducta perversa, y es pues esta conducta la que casi siempre gobierna sobre las otras, la que ha escrito enormes paginas con sangre y oprobio, la que ha doblegado y controlado la conducta de otros, abrigándose bajo el manto hipócrita del miedo que encarna el monstruoso símbolo de la cultura y la sociedad, dicho esto, mucho antes que los postulados de Skinner salieran a la luz. También pues es innegable, que este modelo operante de conducta, ha servido para controlar y predecir de forma más eficiente la conducta de espíritus perezosos y débiles que enmarcan gran porción de la población, imponiéndoles reforzamientos y castigos para intentar mejorar su propia y vacua existencia. Desde este punto de vista no considero tan abominable el ideal de todos los investigadores de la primera mitad del siglo XX, adoptaron a favor de una eugenesia, puesto que era un ideal altamente noble, que buscaba una transformación de una especie calamitosa que no ha hecho más que atrocidades en devenir de los tiempos. Tristemente luego de las guerras develamos una gran verdad que preferimos mantener oculta hasta nuestros días, aun cuando fuera el mismo Nizsche diría en boca de Zaratustra : “El hombre es algo que debe ser superado”… pero no estoy aquí para discernir del fracaso de lo humano, cosa que hace mucho he aceptado con regocijo. Estoy aquí para intentar salvar un poco de lo humano e inocente que hay en Skinner.
Creo que hasta el mismo diablo tiene derecho a una defensa, porque este diablo es como un niño, un niño tan humano, idiota e inocente como cualquiera, su teoría y modelo de condicionamiento operante, son simplemente el producto contextual de una exigencia de la sociedad y su tiempo. Skinner no es producto de una generación social espontanea, es el resultado de una herencia, de esa una herencia maldita que ya he traído a remembranza y de la cual ningún individuo esta ajeno: el terrible sino de ser Hombre.
No fue Oppenheimer quien presionó el botón, ni fue Nietzsche quien dirigió el tercer Reich, ni Marx impulso al socialismo soviético, para que exigiera una producción inhumana por parte los mujiks rusos, ni fue Skinner quien modificó a voluntad la conducta de la sociedad. Su interés paradójicamente estaba más enfocado, en un gobierno del sí mismo, a partir de la propia conducta. Pensaba que si el individuo conocía los mecanismos de predicción y control que afectaban y halaban los hilos de su conducta, este individuo podría conducirse en el ambiente de una forma más, eficaz, placida y autónoma. No podemos culparle, de los enormes vacios monistas de su teoría, al dejar de lado aquello que el mismo denominó, como la caja negra –digamos más bien que estos vacíos epistemológicos son producto del ambiente en el que el mismo Skinner está inmerso, hijo, heredero y profeta de un ambiente ambicioso e inhumano, un ambiente de gran incertidumbre, miedo y ansiedad. Es allí en los tiempos de verdadera presión donde se mide el valor de la conducta y el carácter de un hombre.-, concepto que ayudó a los posteriores cognitivos a desarrollar sus teorías de procesos más complejos y embutirlos luego dentro de aquella pandora aun indescifrable.
Las precarias herramientas mecanicistas, materialistas, reduccionistas, evolucionistas fueron demasiado contradictorias. No se puede exigir de un ciego que hable de la luna, más que de la luna que fabula entre sueños. Ese monismo materialista fue el detritus de su postulado, ya que la experimentación de un objeto dinámico como el hombre, - la conducta es también un objeto móvil y reciproco- no se puede encausar tan torpemente por eventualidades estrictamente físicas. Su error radica en descartar dentro del materialismo, la dialéctica, que por el contrario a lo que él pensaba, le hubiera enriquecido, aquella escueta teoría, de un modo infinitamente dinámico, al aceptar al hombre como un objeto móvil, estaría abarcando con más eficiencia esos procesos conductuales, sin quedarse en el simple hecho de prueba-error, estimulo-respuesta, refuerzo-castigo, positivo-negativo. La existencia del hombre no es como una película muda a blanco y negro, la conducta y las vivencias del hombre tienen muchos matices que quizás graviten a través de ambos extremos pero que pocas veces se anclan en una monocromía conductual. Este descuido impertinente, no puedo disculparlo y más cuando intenta fundamentar su radicalismo obtuso y sesgado, buscando inútilmente, el amparo de las ciencias, de las ciencias puras como la física. Ahí muere su pilar teórico, sería tan absurdo como que la física negara la existencia de la materia oscura, simplemente porque no podemos verla, o decir que el tiempo es una invención desde el marco de la medición –y aunque el tiempo es una invención y un ente relativo, indudablemente, es un método confiable para que la física desarrolle sus teorías y sus aproximaciones a verdades variables-
Quisiera apoyarme en este concepto del tiempo, para despotricar de algún modo la incompetencia de la teoría de Skinner.
Tomemos pues el tiempo como una mera ficción, como producto de otra ficción, la ficción numérica, porque si nos lanzamos al mundo físico conductual de Skinner, los números, no son físicos, por consecuencia, no deberían existir, aun cuando estén escritos en papel y pretendan argumentar múltiples teorías del mundo físico. Pero es allí, el ardid lingüístico omitido por Skinner, el ardid del existir, los números no existen, ni existe, la conducta, como no existe el tiempo, la conciencia y el inconsciente, porque no son objetos físicos. Son alegorías, símbolos, objetos fabulados por el pensamiento, recursos fabricados por la mente humana para intentar abarcar toda aquello que sospechamos innombrable, incontenible como la materia de los sueños, pero que no podemos, por más estrecho que sea nuestro entendimiento negar su existencia.
Pero he de volver en la defensa de este infatigable investigador de la conducta, aquella etérea idea que quiso poner en evidencia y que con fabulosos ejemplos demostró su existencia. Es absurdo negar, que somos seres articulados por patrones de conducta, y que esa misma conducta es producto del ambiente, de la historia y la herencia. Pero que a su vez esta historia, ambiente y herencia se ve trastocada y afectada por nuestra misma conducta. Es aquí donde articulo, la conducta, como un objeto móvil y reciproco, un objeto que se construye, construyendo, que se afecta afectando. No podemos hablar de una conducta social, si no tenemos como base la conducta del individuo. Pero aquí entraríamos en términos del poder, del poder evolutivo, la supremacía del más fuerte, el imperio del caos, la conducta del que gobierna, intentara ser impuesta en aquellos que están bajo su yugo. Así pues entendiendo, la conducta impuesta, como algo construido, será a su vez afectada por la contraconducta de aquel individuo al que se le es impuesta. Una acción provocará una reacción, una gran mayoría ociosa, del rebaño asumirá la conducta impuesta y se construirá a partir de esta, y otra porción más reducida se opondrá a esta. Dando a entender que la conducta puede ser afectada pero no predecible en todos los casos, la conducta más que controlada ha de ser vista como algo en constante construcción, no como una norma hierática, que ni el tiempo ni el espacio, ni los fenómenos físicos y sociales puedan perturbar.
Podemos afectar la conducta del mundo, es innegable, podemos intentar controlarla y predecirle, pero entendamos la reciprocidad de este evento, al controlar y predecir, somos a la vez controlados y predecibles como también somos todo lo opuesto, quizás no modifiquemos ninguna conducta, quizás solo modifiquemos nuestra percepción de esa conducta, con un mecanismo de auto-engaño, encubriendo con una buena actuación algo similar a la materia oscura, que habita en nosotros y nos hace lo que somos. Me inclino caprichosamente a un gobierno de la conducta del azar, cada acto, cada estimulo, incluso cada situación ambiental está inmersa por el azar. Somos reyes de la incertidumbre, amos y señores de la fantasía, la historia misma de nuestra vida es arena que se escapa de nuestras manos, que aunque apretemos con fuerza perderemos, toda intensión de gobernarnos a nosotros y a los otros.
Como ultimo consuelo para el vilipendiado y maltrecho Skinner solo quisiera otorgarle esta frase de Gonzalo Arango:

La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.

viernes, 30 de agosto de 2013

La Objeto y el engaño


“El lenguaje es un vius”. W. Burroughs

“Lo que llamamos el «yo». El lenguaje y los prejuicios
sobre los que éste se configura, impiden muchas
veces profundizar en el estudio de los fenómenos internos
y de los instintos, habida cuenta de que sólo disponemos
de palabras para designar los grados superlativos de éstos.
De este modo, nos hemos acostumbrado a no observar
con exactitud cuándo carecemos de palabras, dado que
sin ellas resulta extremadamente laborioso discurrir con
precisión.” (Nietzsche, 1994)

soy un guardador de rebaños
el rebaño son mis pensamientos
y mis pensamientos son todos sensaciones” Pessoa

En el campo de las emociones, podemos encontrar diversos postulados, tanto filosóficos como cognitivos y psicológicos. Cada uno, con su particular teoría, intenta articular una idea completa de un concepto tan ampliamente divergente y enrarecido. Algunos hablan de procesos donde se involucran las sensaciones, la percepción y el pensamiento, otros, sin embargo, como en algunas posturas psicoanalíticas, tienden a desarraigar la emoción de un proceso cognitivo consciente y colocarlo en una figura emergente del inconsciente. Pero es indudable la importancia en todas estas teorías, la aparición del Objeto y su engaño.
Cuando hablamos de Objeto, podemos fácilmente ligarlo al pensamiento de realidad que este implica, como nos lo puede hacer notar, las ideas de Martin Heidegger. El objeto se bifurca posiblemente en tres objetos, el objeto-cosa, el objeto-sujeto y el objeto mismo.
En el caso del engaño, podemos asociarlo como espejismo, en la relación del sujeto con el objeto, siendo el sujeto quien da el valor de existir al objeto, al atribuirle una carga afectiva,  para así solucionar la esencia del objeto percibido irrisoriamente.
Algunos autores le atribuyen a la percepción, los juicios de valor y principalmente al lenguaje una importancia vital en la construcción de las emociones.
Yo quisiera tomarme el atrevimiento y anclarme un poco en la fabulación del lenguaje. Entendiéndolo pues como un artificio indispensable en el crecimiento cognitivo y de la interacción con nuestros semejantes, como llegara a plantear Vigotsky en algún momento de su propia teoría de las emociones, y también como un conjunto de signos y símbolos dinámicos que nos relacionan con el mundo exterior y que intentan precariamente, incrustarnos a la representación del mundo exterior.
Dejando esto pues austeramente en el tintero, quiero enfatizar,  en la terrible alianza Emoción-Lenguaje, frente al objeto percibido, descubriendo el lenguaje como la más recurrente herramienta que tiene el hombre para mentir y para mentirse.
Mentir para existir, y existir por medio de simbologías comunes (el lenguaje), pero que en el fondo nos devuelven a una babel inarticulada e interminable. La emoción como impulso de una nebulosa interna, que no quisiera vincular al pensamiento o la percepción, sino como una simple energía reactiva desarticulada y desligada, que entra en conflicto con la realidad ajena. Que sirve como mecanismo de defensa, entendiendo este mecanismo como un encubrimiento de esa nebulosa intraducible por medio de cualquier lenguaje conocido.
Quizás aquí entraríamos en problemas propiamente competentes a la dialéctica dentro del marco filosófico. Pero aun así, queriendo adherirme infructuosamente a una idea integradora sobre lo que respecta al concepto de emoción debo admitir que los senderos son inciertos, oscuros y paradójicamente estrechos y asfixiantes. Podría circunscribirme en la idea Aristotélica y tomar la emoción como producto de la retorica, como un mecanismo de “enganche” para atraer la atención del otro a mi discurso, como una argucia del lenguaje. Pero ese ideal quedaría en balde y solo brindaría sosiego a una porción ínfima de la pesquisa.
Y aunque, no estaría en oposición frente a esta idea de lenguaje, entendiendo pues el lenguaje como símbolo, como una construcción alegórica de una percepción y porque no también como una desfiguración intencional de una realidad presuntamente universal -como un ardid para el engaño de los otros-. Tendría la impresión de que algo quedaría faltante. El engaño en el lenguaje es sólo el vislumbramiento tenue de procesos interiores mucho más complejos y de los cuales solo se han hecho conjeturas que no puedo admitir como verdades o absolutismos hieráticos.
Soy de un carácter dubitativo y escéptico ante los esquemas que intentan encuadrar de un modo restringido a la emoción. Soy partidario de Pirrón y de colocar todo en una infinita duda epistemológica, ya que el objeto mismo de estudio podría ser tomado como un objeto ficcionado, o aparentemente real, al igual del sujeto que ejecuta y/o la percibe. Adentrándonos aquí a una postura teatral, donde las emociones no son más que actuaciones actuadas por unos actores. Ficción peripatética por un ente de ficción (el sujeto). Reduciendo nuestra realidad emotiva a un teatro de mascaras, donde el lenguaje emocional (Guión) es simplemente, un recurso histriónico, indispensable para el contexto y que es construido como estrategia para el desarrollo eficiente de la obra colectiva (La sociedad).

Descubriéndonos así como fingidores, farsantes que ejecutamos la pantomima en una construcción  lingüística-emotiva, edificada a partir del símbolo traducido como ardid de nuestra relación con el otro. En definitiva la emoción la percibo como un objeto encubridor de esa nebulosa que nos habita y nos posee, dejándonos deliberadamente como huésped sucedáneo de nuestra propia mente. Como un parasito de nuestra realidad interna.

miércoles, 29 de mayo de 2013

PROCESOS DEL APRENDIZAJE Y LA COGNICIÓN



“Somos el reflejo viciado de aquello vemos”

El aprendizaje y los procesos cognitivos del sujeto, siguen siendo aun objeto de análisis e investigación tanto de pedagogos, docentes, psicólogos, y otros investigadores en el campo de la ciencia. No es curioso ni mucho menos extraño que aun en nuestros días no se haya llegado a una última palabra al respecto acerca de un modelo educativo sin fallas.
Jean Piaget, (1886-1980) comienza a perfilar un acercamiento inclinado a la psicología genética sobre estos cuestionamientos pedagógicos del aprendizaje y la inteligencia del sujeto (1935) pero sigue dejando claro que aún queda mucho trecho por investigar. En este trabajo hace un particular énfasis en tres puntos de la psicología infantil que se deben tener en cuenta: La naturaleza de la inteligencia, la experiencia del individuo con su entorno y el lenguaje. Estos tres puntos siguen siendo de suma importancia a la hora de hablar del aprendizaje y la inteligencia. Su preocupación por la naturaleza de la inteligencia de alguna manera podríamos vincularla a un carácter evolutivo, pues cree responsabilidad de la enseñanza incrementar el desarrollo intelectual del individuo. Habla de una inteligencia que progresa, una inteligencia evolutiva, que se adapta a su entorno y que formula ideas independientes (1965) y censura de alguna forma el carácter que la educación impone en el individuo, haciendo que por el contrario contribuya a su desarrollo, y determine limites y restricciones, sometiéndolo a una especie de precariedad y embotellamiento intelectual.
Frente a estos señalamientos, aun hoy en nuestros días, podemos ver que esos mismos errores señalados siguen repitiéndose, y los educadores parecen no percatarse de la razón primordial de la enseñanza. Que no es impartir sus conocimientos aprendidos con anterioridad, si no cultivar e incentivar los de sus estudiantes. El problema aquí es quizás de carácter epistemológico, y de la veracidad de la verdad, frente al concepto de inteligencia: Piaget plantea que es indispensable, tener claro este concepto a la hora de la enseñanza y propone entenderlo por medio de la experiencia psicológica, trayendo de la psicología infantil dos funciones indispensables para la formación y el desarrollo de la inteligencia: comprender e inventar. Partiendo de estas dos funciones se debe reinterpretar la inteligencia como un proceso de construcción, como una estructura en proceso y progreso. Cambiando la perspectiva del conocimiento como un simple archivador de información y más bien como una edificación que se esta cimentando.
Piaget plante un conocimiento más allá de la copia, o de la interpretación y nos hablas más de una reinterpretación, una forma de recrear ese conocimiento previo. Nos habla de transformar ese conocimiento de con un lenguaje propio de cada individuo, independiente a modelos asociacionistas encadenados y de repetición. Y para transformar de debe actuar con el objeto, la interacción entre el sujeto y objeto, como método de aprendizaje.
Así pues, asimilar es conocer, por medio de acciones transformadoras de lo real. Podemos observar este proceso de acción y asimilación como un proceso de exploración con el objeto y en la medida que se actúa y se coordina la acción, el incremento de la inteligencia del sujeto será progresivo. La asimilación debe estar ligada a un proceso de acomodación encargado de ajustar las experiencias o acciones pasadas a un presente para así seguir con un crecimiento intelectual estructurado y progresivo.
En el caso de Jerome Bruner (1915) comparte ciertos criterios de Piaget pero, también curiosamente, se apoya en criterios un tanto arcaicos conductistas para el proceso del aprendizaje. Como son el aspecto del estimulo del castigo y la recompensa. Esto de algún modo entorpece y contradice el ideal de su colega. Puesto que estos procedimientos de enseñanza pueden conllevar a ese embotellamiento del intelecto. Porque de alguna manera los símbolos de castigo y recompensa, son símbolos de meta o fin. Sin embargo vuelve a congeniar con Piaget, propone que el desarrollo humano se estructura en diferentes etapas y cada una de ellas construye por si misma sus propias representaciones mentales. También congenia de este modo con la propuesta de adaptación, ya que asegura el crecimiento y el desarrollo de la inteligencia por medio de la interacción de sujeto con su entorno. A partir del entorno el sujeto construye de forma simbólica un mundo subjetivo. Este mundo subjetivo, que nos propone, trae a la memoria la representación del mundo de Schopenhauer. Según Bruner el sujeto posee la capacidad de reaccionar de una manera inmutable 
En su teoría de la enseñanza son cuatro los aspectos principales:
1.      Aspecto Motivacional: debe haber una predisposición al aprendizaje. Se debe estar en disposición para aprender sobre un objeto o materia en aprticular.
2.      Aspecto Estructural: este aspecto como su mismo nombre lo dice, es en base a desarrollar estructuras de aprendizaje, que de alguna manera recuerdan al pensamiento de Piaget, con respecto a la acomodación organizada de los conocimientos asimilados.
3.      Aspecto de Secuencia: luego de desarrollada la estructura se debe luego modelar una organización lógica del conocimiento, para asegurar la eficacia del aprendizaje.
4.      Un aspecto de refuerzo: este último aspecto semeja una postura conductista de estimulo y respuesta, usando como motivación, símbolos de Recompensas y castigos.
A Lev Vigotsky (1896-1934) podríamos llamarlo un pionero de las investigaciones sobre el aprendizaje y los procesos cognitivos. Con su teoría del enfoque Histórico-Cultural donde sitúa al individuo como el resultado del proceso de la historia y de lo social y al igual que Piaget, le da suprema importancia al uso del lenguaje.
Para Vigotsky existen don funciones mentales: inferiores y superiores.
Las funciones inferiores podríamos llamarlas también innatas, porque son aquellas con las que nacemos, las que son producto de la genética. Estas funciones nos delimitan en nuestro entorno y nos limitan nuestras capacidades de reacción.
Las funciones superiores, por otro lado, son aquellas que se adquieren y desarrollan con la interacción en el medio social. Son aquellas que se determinan por la cultura, por una sociedad específica. Y en este tipo de funciones su espectro no esta tan limitado como las funciones inferiores. Las funciones superiores tienen la posibilidad de incrementarse y desarrollarse por medio de la interacción. En allí , en esta interacción con otros sujetos, en lo social donde se desarrolla nuestro conocimiento, pensamiento que coinciden estos tres autores, y que según Vigotsky, es aquí donde se determina el conocimiento de nosotros mismo a partir de símbolos. Por eso la importancia del lenguaje como herramienta sociocultural para el desarrollo cognitivo de nuestro ser. Estas llamadas funciones superiores son las que nos separan de los otros seres, por nuestra capacidad de relacionarnos en una sociedad de modo que nuestra cognición aumente y se fortalezca por medio de esta interacción. Podríamos decir pues, que somos el producto y el reflejo viciado de lo que los otros son. Somos el resultado de la sociedad que nos ha tocado sobrellevar. Todas las experiencias y situaciones que hemos experimentado inmersos en ella nos han hecho lo que somos. Por medio de esta hemos creado nuestros propios mecanismos de defensa y supervivencia. De acuerdo con esto seguimos teniendo una perspectiva de adaptación evolutiva al medio. Vigotsky habla de dos momentos de desarrollo en las funciones superiores, la primera compete a lo social y prefiere llamar Interpsicológica, aquel mundo simbólico por el cual el individuo se ve afectado y una segunda que es personal o Intrapsicológica. Entre ellas, del paso de la primera a la segunda le interiorización, este proceso podríamos asociarlo con el procesos de asimilación de Piaget, donde el sujeto se apropia e interioriza esa representación simbólica de su entorno. En este paso es de suma importancia la interacción con los demás, a esto le denominara ZDP: Zona de desarrollo próximo. Por medio de la imitación de otros sujetos de la sociedad en que habita, el individuo comenzara a desarrollar su propia cognición, aquí volvemos a toparnos con una clara aproximación al evolucionismo, por medio de esta imitación de los demás es que se produce nuestro aprendizaje. Por esta razón la ZDP esta totalmente determinada por el tipo de sociedad que se habita. Y no debemos olvidar que la herramienta más importante para que se ejecute la ZDP, es el lenguaje, siendo este el mejor vehículo de interacción con lo social. El lenguaje evoluciona con nosotros, primero en la medida que es usado como imitación del otro y luego como una herramienta de intrapsicológia, que nos sirve para expresar nuestras opiniones personales sobre lo que nos rodea y sobre nosotros mismos. Hablamos de una mediación, al determinar que nuestra ZDP está limitada por la sociedad que habitamos. Nos valemos de instrumentos para configuración de signos que regulan nuestra conducta a esta característica se le denomina Mediación Semiótica. Entendemos pues la diferencia entre las herramientas y los signos. Las herramientas son las que nos vinculan al mundo materia mientras que los signos son los que construyen nuestro propio mundo mental.
Así pues concluimos que, tanto Piaget como Bruner y Vigotsky,  coinciden en la importancia de la afectación que sufre el individuo frente a su entorno. Y tanto Vigotsky como Piaget, hacen hincapié de la importancia del lenguaje del sujeto para la interacción de con la sociedad. El lenguaje se consolida como una herramienta básica en el desarrollo del conocimiento, ya que por medio de esta, el sujeto tiene la posibilidad de interpretar el mundo de los otros, y a su vez, puede también él dar su propia interpretación. Con su teoría del enfoque Histórico-Cultural donde sitúa al individuo como el resultado del proceso de la historia y de lo social y al igual que Piaget, le da suprema importancia al uso del lenguaje


LA REALIDAD INCIERTA (o La duda infinita)



“Yo aconsejaría esta hipótesis: la imprecisión es tolerable o verosímil en la literatura, porque a ella propendemos siempre en la realidad. La simplificación conceptual de estados complejos es muchas veces una operación instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante. Vemos y oímos a través de recuerdos, de temores, de previsiones. En lo corporal, la inconciencia es una necesidad de los actos físicos. Nuestro cuerpo sabe articular este difícil párrafo, sabe tratar con escaleras, con nudos, con pasos a nivel, con ciudades, con ríos correntosos, con perros, sabe atravesar una calle sin que nos aniquile el tránsito, sabe engendrar, sabe respirar, sabe dormir, sabe tal vez matar: nuestro cuerpo, no nuestra inteligencia. Nuestro vivir es una serie de adaptaciones, vale decir, una educación del olvido.” Borges (1932)
Cuando comenzamos la pesquisa sobre aquello que llamamos realidad, llegamos inevitablemente a la laberíntica pregunta de la Verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Qué es falso? ¿Qué es cierto?  Nos dispara a un desierto aterrador y nos creemos presa del fracaso, de la derrota, al sabernos ínfimos sujetos, juguetes del destino, moscas en un plato de sopa que intentamos llamar universo. Y nuestra mente siente colapsar cuando indagamos más en la herida que hemos zanjado y descubrimos que aquel misterio que no hemos podido desentrañar, es tan solo un fragmento de un inconmensurable rompecabezas indescifrable. (Sagan, 1970)
Creemos hallar sosiego en anclajes de conocimientos, anclajes morales (Zapffe, 1933) preconcebidos, en lubraciones ajenas, historia de historias, depositamos nuestra fe en la ciencia – ese último refugio espiritual- ese placebo veleidoso en el que se oculta su incertidumbre. Pero tropezamos con ideas que nos hacen flaquear. Nos dilucidan que todo es que nada es lo que parece y todo  es relativo, y que la realidad no es más que un objeto de nuestro capricho (Schopenhauer, 1818-1819)
Seguimos procesos de diversa índole para no sentir que nuestro navío esta a la deriva sobre aquel escabroso mar de la realidad. Russell nos plantea una nueva mirada, o quizás mejor dicho una nueva duda. Nos recuerda que somos seres con limitaciones, no los dioses gobernantes de ese universo que desconocemos. Esa cachetada nos procura un espabilo y descubrimos que sólo somos esclavos de nuestros sentidos, la realidad se hace individual y subjetiva, y las verdades que creíamos absolutas se caen al piso. Vislumbramos así, un mundo similar a un espejo hecho pedazos, donde sus fragmentos no son más que reflejos de algo incongruente.
En medio de la desesperación, nos anidamos en la idea de una verdad para nosotros, una realidad que mejor se acomoda a nuestra mirada (Stirner, 1845), dejamos de luchar a la contra del infinito y aceptamos el universo ínfimo que nos ofrece nuestras reticencias y limitaciones. Pero allí aparecen nuevos conflictos. Porque nuestra verdad, nuestro mundo fabulado por los sentidos y la precaria existencia, ese individualismo utópico anarquista, y nuestra realidad compiten con lo ajeno, con el individualismo del otro. Surgen así, teorías opuestas, discusiones de nunca acabar, iniciamos batallas en torno a irrisorios, fundamos filosofías y contradicciones para llegar a la aceptación del  eterno movimiento del objeto y el sujeto (Bergson, 1957).
En el marco epistemológico, la realidad se ha convertido en un misterio, ha dejado de ser ese axioma irrefutable, para ser principio y fin de la investigación. La veracidad se escabulle de nuestras redes, y quedamos siempre cortos aun cuando intentamos disfrazar nuestra ineficiencia con aparatos que superan nuestra percepción y capacidad de registro o memoria (Russell, 1912).  Pero la verdad sigue siendo un objeto móvil (Bergson, 1957).  No quiere ni puede estarse quieta, la ciencia no tiene los muros suficientes para contenerla y debe cambiar sus leyes por meras teorías, semejantes a un pescador que pesca sin anzuelo. Y la labor de la filosofía, llega a ser tomada casi por un cuento, por mero ardid de la literatura (Popper, 1980) que ni el propio Heidegger con su tono enmarañado podrá devolverle su antiguo valor. Vagamos dubitativos en los planteamientos cartesianos ¿cómo podemos llegar a la verdad si el conocimiento nos es ajeno y aquello que suponemos conocer de nosotros mismos es tan solo una quimera, una argucia del lenguaje? (descartes, 1637)
El lenguaje, ese engañoso utensilio de las sociedades, ese coercitivo instrumento que los sofistas manipulan con diestra maestría. Para hacer de la mentira un estamento, para edificar imperios y dar vida a dioses del absurdo. Esa espada de doble filo, es enemiga de la verdad, es el lobo disfrazado de oveja, es el recurso miserable que tiene el hombre para expresar erróneamente la percepción de su realidad. Todo el desarrollo desde su origen, esta caduco. Su exegesis se hace incierta, la realidad aparente procura un choque entre el mundo de las ideas y el mundo material, a bifurcación de respuestas y conjeturas comienza semeja pues a una hidra incontenible que ni el más colosal Heracles del leguaje podría derrotar.
 La percepción humana es limitada y engañosa, pero nos sentimos deseosos de pregonar a los otros nuestra falsa y buena nueva, como ese acto narcisista y baladí, para ocultar nuestra tragedia, porque hace parte de nuestro conocimiento y crecimiento, esa comunicación diñada con los otros, ese intercambio mortecino de ideas, ese mundo de especulaciones restringidas, que vistas desde otro prisma traslucen como olvidados fantasmas (Piaget, 1972), y esto es tan sólo el triste comienzo, el principio de nuestra gran derrota o como diría Olvetti: “El intelecto es causa perdida, es una de las grandes derrotas de lo humano”. Es una transmisión de naderías, de conceptos anodinos, una pérdida de acto y tiempo, el eterno retorno anodino (Nietzsche, 1982). El receptor percibe, aquella desfiguración de la ficción que intentamos traer como real, y este receptor construye a partir de esta incongruente labor una nueva interpretación de lo real-ficticio, asociada a sus percepciones anteriores.
Creo pues absurdo hablar de una realidad como concepto, y prefiero hablar de un concepto de apreciación, de apreciación de esa palabra multiforme llamada realidad. Esa aparente realidad se desdibuja y se dibuja, se hace y se deshace, es movimiento perpetuo (Russell, 1912). La veracidad de la realidad en el campo epistemológico, es pues algo superfluo, subjetividad de un objeto aparente, aparentemente físico pero que no tiene explicación tangible y sempiterna. Podemos pues también, llevar la realidad al concepto del tiempo y los fragmentos serian más imperceptibles quizás que creeríamos estar sumidos -a causa de nuestra estulticia- una realidad hilada, pero cuando con minuciosidad hacemos la pesquisa, nos encontramos con una infinidad de realidades temporales. La realidad de este instante, del instante en que fue escrita la ultima letra, no es la misma a la siguiente, y cada letra escrita, podrá ser una unidad de tiempo y realidad distinta, completamente nueva. Entraríamos aquí a hablar de la realidad como instante. De la mortandad instantánea de la realidad. De una realidad momentánea, efímera, fugaz y desde diversas perspectivas podría aparecer imperceptible. Pero esta realidad del instante no es fidedigna aunque sean varios los sujetos que por la casuística de las circunstancias se encuentren inmersos en este evento, ya que el tiempo y el espacio de cada sujeto es, una entidad propia, relativa e independiente del tiempo y el espacio.
Sea pues imperante el hecho de considerar la subjetividad de lo real. Dejar de luchar contra imposibles, o aceptar nuestra condición estéril, asumir que la ciencia hacedora de nuevas y grandilocuentes fabulas, no tiene la respuesta para este insondable misterio de realidad. Que todos sus intentos aun quedan cortos, y que su única función maravillosa  ha sido develar más interrogantes, interrogantes que hacen más fragmentaria esa realidad incierta en la que estamos posiblemente inmersos.
 Renunciemos por instante a lo erróneamente establecido en el campo histórico- epistemológico y permitamos sin amarras que sea la fantasía quien tripule este navío, lancemos el norte de nuestra brújula a la profundidad de los mares del sur y demos un giro a los anclajes preconcebidos de nuestra dudosa experiencia, que sea pues la mano de Alicia quien nos guie (Carroll 1999), por esa realidad adversa, por ese nonsene. Y apreciemos el lado paradójico de realidad, pero despojemos esos conceptos preconcebidos, hagamos quizás una inversión de valores, dotemos esa ficción y ese absurdo de sus opuestos y miremos a través de ese espejo, la incoherencia de aquella ficción que siempre hemos asumido torpemente como real. Imaginemos que la vida que hemos asumido no es más que un sueño, un sueño cifrado en símbolos que aun no hemos desenmarañado, por que la única llave para abrir la puerta a nuevas percepciones esa aquella, que siempre nos han prohibido, aquella a la cual sin fundamento claro nos han hecho atribuirle una nefasta animadversión. Por un instante, este instante dejemos que la locura abra la puerta y respiremos la ventisca que se filtra y sin titubeos lancémonos a lo desconocido, dejando atrás y en el olvido todo aquello que alguna vez soñamos como realidad.

Volvemos a nuestro aburrido confort, a la mentira infinita. Porque nos aterrorizan los complejos, porque aun no somos dignos de nuestra permanencia en ese otro mundo. Pero hemos aprendido, que ese instante que ahora volvemos a llamar absurdo, fue un instante tan real como esta ficción de estar leyendo un texto como este jamás ha sido escrito y solo es producto de nuestra propia fantasía.

De la Represión de la pulsión en el inconsciente (Psicoanálisis)


“Yo aconsejaría esta hipótesis: la imprecisión es tolerable o verosímil en la literatura, porque a ella propendemos siempre en la realidad. La simplificación conceptual de estados complejos es muchas veces una operación instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no interesante. Vemos y oímos a través de recuerdos, de temores, de previsiones. En lo corporal, la inconciencia es una necesidad de los actos físicos. Nuestro cuerpo sabe articular este difícil párrafo, sabe tratar con escaleras, con nudos, con pasos a nivel, con ciudades, con ríos correntosos, con perros, sabe atravesar una calle sin que nos aniquile el tránsito, sabe engendrar, sabe respirar, sabe dormir, sabe tal vez matar: nuestro cuerpo, no nuestra inteligencia. Nuestro vivir es una serie de adaptaciones, vale decir, una educación del olvido.” Borges (1932)

Vale anotar el carácter improbable de la ubicación corpórea del inconsciente. Mas no por eso deja de estar presente en la cotidianidad de las acciones del individuo social. Instancia del psiquismo donde se acuna aquella información de conflicto, que se ocasiona frente al enfrentamiento de la pulsión con las resistencias de ella misma, producidas quizás como resultado del choque con los anclajes sociales.
Al ocurrir la represión del agente representante de la pulsión aparece así la fijación.
 La bestia humana, le llamo Zola, una bestia encadenada, un animal sufriente cifrado en la ambivalencia de sus pulsiones anidadas en su inconsciente y sus agentes represores, producto quizás de anclajes morales establecidos de una sociedad determinada, aquello denominado cultura.
La concatenación del inconsciente con respecto al agente represor de la pulsión es desfigurado y emerge a la conciencia por el agente representante. Al emerger a la conciencia aparece de modo desfigurado, y puede manifestarse en forma de afecto, el afecto, puede representar a modo de angustia. Esta angustia puede aparecer de forma simbólica, por medio del sueño, que trae consigo un contenido manifiesto, de carácter sexual y siempre relacionado a la infancia. No es de extrañar estas instancias del sueño, ya que la pulsión siempre va dirigida a dos contenidos: La muerte y lo sexual. Es en estos contenidos donde la pulsión alberga esa energía libidinal. De allí el sentimiento penoso o de angustia puesto que está cargado de deseos del inconsciente.

Como mecanismo de defensa intentamos encontrar en la pulsión una situación de displacer, pero esta situación de displacer, es más bien traducida como un conflicto entre la realidad social y los deseos reprimidos del individuo. Así pues el individuo no es más que un títere, sujeto a los azares del destino y no tiene gobierno alguno sobre sus pasiones, vive en constante lucha consigo mismo. De nada vale intentar huir de la pulsión, puesto que nadie puede escapar de sí mismo. Intenta fútilmente aferrarse a la represión que en muchos casos podría detonar de modo inesperado, ya que la pulsión rebasa el inconsciente y busca de alguna forma representativa pasar a la conciencia.