jueves, 10 de octubre de 2013

Impostura del Übermensch

Quisiera ahora salvar al mundo de lo humano. Sosteng
o ahora la cabeza de mi padre, aunque pareciera estar liberado de su embrujo, al ser yo el hacedor del rio de sus sangre etílica, debo declarar, que he alzado su copa de oprobios y bebido de su sangre. Llevo ahora la impostura macabra de mi estirpe. He liberado a mi padre de este mundo enfermo de mi neurosis y ahora soy yo quien como el judío errante a de vagar con su cruz hasta el fin los días. Yo que por espejo, he visto con asco la postergación de un apellido, yo que gracias al rey de la casa he preferido el olvido.
Esta impostura como en la tiene dos caras antagónicas y complementarias, y quizás una tercera que podríamos develar como resultado de la fusión entre las dos opuestas. Las dos caras serian:
La impostura del Untermenschen o superhombre y La impostura del Infrahumano o Untermenschen. Creo que la sola polaridad ejemplifica las características que le competen a cada una de estas imposturas. La impostura del Untermenschen está enmarcada por símbolos de interpretación de significado de la cultora frente a conceptos de Justicia, bienestar, orden, rectitud, norma, etc. Al contrario de la impostura del Infrahumano, donde se albergara la figura del Ello, en términos del psicoanálisis, cargando de significado conceptos, anárquicos, caóticos, individuales despoblados de valoraciones culturales.
En la historia de mi vida, la impostura del Untermenschen, se ve representada con la aparición, de lo que comúnmente hoy se conoce como superhéroe. Desde pequeño he sido aficionado a los personajes de ficción, he llegado a creer como llegara a decir Unamuno, que el Quijote ha sido más real que muchas personas con las que se ha topado en la vida. En la época a la que me remonto, debemos recordar que estoy regido por dos imposturas que se debaten por el gobierno de mi personalidad, una a partir del miedo y otra por la bondad. Curiosamente, se creería que es la impostura de la abuela la que únicamente influye de manera desiciva en el veredicto de adoptar la impostura del superhombre, pero no es asi, aunque por mucho tiempo, incluso en una temprana adolescencia lo crei, debo aceptar que es al contrario. La figura del padre ebrio, posee el componente primordial para la construcción de mi impostura del Untermenschen, ya que, esta impostura está regida y es la representación del poder mismo, y es allí donde se bifurca. Es un poder que puede ser encausado por las ideas producidas por la impostura de la abuela, y así configurar el Arquetipo del Superhéroe, el típico semidiós, que vence sus pasiones y como un Cristo sacrifica su vida por el bienestar de los débiles y desamparados, mientras que en la figura de la impostura del Infrahumano, es simplemente la manifestación del poder mismo sin ningún filtro o mecanismo de represión, es el poder desbordante, que podemos ejemplificar claramente adentrándonos al mundo de las historietas, con Hulk. Aquel ser que es gobernado únicamente por la pulsión de un poder y una fuerza desmedida que es alimentada por la ira y que acrecienta su fuerza como a su vez lo hace un ser cada vez mas carente de razón.
Es aquí donde entra en escena la resolución de estas dos caras de la impostura del superhombre, la cual llamaremos la impostura del Antihéroe, o en un término más dramático, la impostura del antagonista.
Antes que nada es importante hacer unas ligeras aclaraciones; no se debe entender al antihéroe como un villano y menos como la contra parte del héroe, no es el Joker de Batman, ni el Lex Luthor de Superman. Es simplemente una figura de poder cargada de significación egoísta, narcisista y perversa. Esta impostura no está subordinada a los límites que le proporciona la cultura, no tiene anclajes morales que lo encadenen a una neurosis. La impostura del Antihéroe toma lo que quiere y cuando lo quiere, sin mucho o nada de remordimiento.
Este tipo de impostura se convertirá en ideal para mí en los años futuros, ya que la neurosis intentara anclarme en la eterna lucha simbólica del superhombre y el infrahumano, el bien y el mal.

Estas tres estructuras, no estar subordinadas únicamente a las imposturas del padre ebrio y de la abuela. Más adelante, serán encausadas, sea el camino que se tomen, por otra Impostura que he denominado la impostura del Efrit.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Impostura del Padre ebrio

Te desprecio profundamente, oh padre, porque soy el reflejo del monstruo al que tanto le temía de pequeño cuando miraba tus ojos inyectados de alcohol y una furia que no comprendía y que ahora es mi sino y herencia. Ahora te acojo con cariño, porque eres la impostura que contrasta con el absurdo de lo bello y lo imperecedero. Porque has sido el polo a tierra, porque me bajaste de las ridículas alturas para que devorara el cieno de este infierno de la vida. Tú, que ahora padre, presumes ser otro, que has abandonado tus vicios y te refugias en el asco y la misantropía, tú que ahora eres un volcán de frustraciones, un dique de miedos. Por ti levanto yo mi copa. Por ti, que ahora no bebes, me dragare el mal. Yo que soy la herencia de tus miedos y tus flaquezas, aquellas que de chico vi como algo apabullante y que ahora sólo me causan una mueca de mofa. Entiende pues querido padre, que los niños, son todos estúpidos, y que le temen a las naderías, a los fantasmas y los monstruos que se esconde bajo la cama o en el closet. Y eso eres tú, un pobre fantasma del recuerdo, un monstro atrapado en el closet de tus propios miedos que impostas en ira. Eres gracioso, eres un comediante. Tu impostura es la del borracho, y traduce todos los matices. En un tiempo arcano eras el símbolo del terror, lo abominable, lo implacable, en otra instancia, la criatura oprobiosa y asquerosa, que todos repudian, pero ahora ere ese payaso ebrio que solo causa risa por el patetismo de tus corvetas. Baila para mi mono ridículo, baila hasta que vomites todos tus temores, esos que te han llevado hasta este punto, baila, baila querido padre, hasta que tus pies caigan rotos y tu espíritu se transfigure.

En la impostura del padre ebrio configure, el espejo de mis miedos, mis fracasos y todo lo que me aterroriza. Pero debe entenderse como una figura ambivalente.
En esta impostura construí la contraparte, la contra de la impostura de mi abuela. Como único recurso de equilibrio y armonía. No existe día sin la noche. La vida y la muerte.
En la impostura de la abuela se ve estructurada lo misterioso, lo místico, la inmortalidad y la muerte. Mientras que en la del padre ebrio, aparece el reflejo de lo terrenal, la vida en los infiernos, el mundo exterior, lo perecedero, la mortalidad, lo caduco y lo que se transforma.
Es en la impostura del padre, donde se adopta el papel del villano, del antagonista, de la figura de poder. En mi caso la impostura es el padre ebrio, ebrio porque sus facultades esta alteradas, permeadas de agentes alucinados que afectan la figura icónica del poder que ejerce sobre el hijo. Es así como lo configuro como un monstruo.
Pero es decisivo para la configuración de la siguiente impostura, que se nutre tanto de la impostura de la abuela y del padre ebrio para la construcción de una impostura moral a la que denominare la impostura del Ubermnsch, o la impostura del superhombre, encausado en la visión filosófica de Nietzsche.

Dentro de esta podemos encontramos otras dos imposturas, la impostura del Payaso y la impostura del Sucicida.

En la del payaso, se manifiesta la caracterización del bufón, de aquel que sin mas recursos no tiene mas remedio que reírse de la fatalidad de la existencia. Y a su lado aparece la del padre suicida, quien, luego del a resaca, harto de bufonadas, adopta actitudes destructivas, quiere evaporar la existencia erradicar el sentimiento trágico de la vida, por medio de la impostura de la dama blanca.
Impostura de la Abuela


Impostura de la Abuela
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La semilla de la vida emerge del árbol de los muertos, sus restos han abonado el campo donde surgen nuevas quimeras moribundas. Yo que soy herencia de una diversidad de arquetipos antagónicos, yo que provengo de estirpes nómadas, arrieras, catalanas, gitanas, parias de toda la tierra, hijos del dios de los hombres. Han peregrinado en mí todos los hombres, han sido derrotados por la vida, el santo y el asesino, para darme su vaho y confundir mi alma de reproches y de angustias. Dentro de mí espíritu se agitan las voces de los olvidados, de los infinitos sin nombre, a los cuales he querido proyectar en el rostro de aquella madre vieja, de esa mujer que fácilmente pude llamar Lilith, pero que sin voluntad, adopte el primer nombre que de ella escuche: YAYA. Es ella la madre del tiempo y por ende del olvido. Ya hace mucho que su efigie física no me acompaña y aunque trato inútilmente de recostruir su sonrisa y el color de sus ojos, dentro del imaginario endeble de mi interior, es inevitable que poco a poco se ha ido sumergiendo en el claustro, del cual fue el demonio prisionero y donde a voluntad ahora se toma sus siestas harto de la preclara luminosidad de ese mundo exterior que tanto aborrece.
De ella, la abuela de mi madre, que a su vez, son la misma, con distinto cuerpo y tiempo, ha surgido la impostura de la Abuela, la herencia de mis ancestros, el espíritu de la vida y el rumor de la muerte.
Siendo yo un niño, construí un mundo idóneo y fabuloso, gobernado por el sufrimiento que se transforma en bondad, muy anclado en el criterio cristiano de la pasión. Adopté con su impostura, la cruz de sus ancestros, el dios terrible y el temor a su opuesto, configure un sistema de creencias absurdas del bien y el mal, en el que ahora me debato en una cruenta batalla neurótica y de la cual no escapare con vida. Fue ella (su entidad onírica) quien me hizo prometerle ser un ser excepcional, alguien original, no el manojo de fracasos y reproches que soy ahora.
En esos años infantiles, es fácil adoptar ese tipo de impostura, sin importar los demonios y los monstruos que tengas como reflejo. Así mi padre fuera un ser abominable y terrorífico, estaba la impostura de mi abuela que me protegía como un mantra de todos los males externos. Pero los sueños caducan de alguna manera, y se transforman en hidras, se complejizan, forman una telaraña que nos encadenara de por vida. Aquello que fue alguna vez hermoso para el niño, será el tormento del adolescente, la neurosis del adulto y la remembranza del anciano. Porque somos un circulo estúpido, una serpiente que se muerde la cola. Se llega la sabiduría cuando comprendemos que el principio es el fin y que ninguno de ellos es realmente en un trasegar, cuando comprendemos que la vida es hierática, que solo tenemos la ilusión de movimiento, que somos espectadores ausentes de nuestra propia vida. Que vivimos la vida en las imposturas de otros. Pero que jamás hemos dado un solo paso. Que seguimos siendo los mismos que aquel fecundado en el vientre materno.
Siguen transcurriendo los días, y sigo desconfigando mis imposturas, trastocándolas envenenándolas con ideas cada vez mas obsesivas. Sigo buscando el reflejo de la abuela perdida en mis primeros años adolescente, fabulo su compañía en sueños, presumo su presencia como un ángel irreprochable, pero todo es a causa del miedo, del miedo al desprendimiento, a soltar los anclajes. A dejar mi bajel a la deriva.




¿Podré heredar algún día el brillo de esos ojos grises, ocultos tras las arrugas del rostro sonriente de mi abuela?
Esta pregunta aun persiste en mi psique, es un mástil de apoyo para el devenir. Aunque luche a la contra de la impostura de mi abuela, mis ojos siguen el mismo norte que sus ojos muertos.

La impostura de la abuela está enteramente vinculada al concepto Ánima y del arquetipo de la madre de Jung y Su contraparte, El Animus, lo encontraremos no en el padre ebrio, si no en la impostura del Efrit. La impostura de mi abuela configura, lo femenino, lo sagrado, lo misterioso y por ende esta impostura es impulsada por la última impostura tratada en este texto y es ella la que gobierna a las otras. Hablo de la impostura de la dama blanca, que en términos psicoanalíticos podemos vincular a la llamaba pulsión de muerte. Entendiendo con claridad que la impostura no es más que un engaño, un espejismo para definir la personalidad del Self, partiendo de lo inconsciente. Con esto quiero dejar muy en claro que todas las imposturas adoptadas por el hombre se originan de una noción de mortalidad, de la impostura de la dama blanca.
Las imposturas en la vida de un individuo


“Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo. Para exponer este proceso de evolución no puedo utilizar el lenguaje científico; pues yo no puedo experimentarme como problema científico.
 Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.”  C. G. Jung


Soy el reflejo fragmentado de mis antepasados. Soy la voz y el rencor de mi padre, el corazón de mi abuelo, el colón, el hígado y la cirrosis de mi tío, soy la sonrisa y los ojos de mi abuela y de mi madre. Soy la amargura y la angustia de todos vivos, el fracaso y las esperanzas de todos mis muertos, soy la impostura de un hombre desconocido, soy el reflejo y la Nada.

Quise empezar con lo anterior antes de arremeter con lo que de aquí en adelante llamare por el nombre de Imposturas, y con este mismo concepto intentare articular las estructuras existenciales que componen el Self que represento frente al reflejo de los otros, ese mal llamado Cultura.

Según la real academia de la lengua la impostura es:

1.     Imputación falsa y maliciosa
2.     Fingimiento o engaño con apariencia de verdad.

Sera pues para mí, la impostura, algo así como una máscara, un reflejo, una actuación, que en la gran mayoría de los casos el actor o el Impostor (como preferiré llamar al individio) de tanto representar su papel, ha olvidado o quizás jamás ha tenido conciencia de que asume una impostura.
Con esto quiero dejar en claro el papel de impostor que tiene el individuo, tanto para sí mismo como para la cultura.
Al referirme a la impostura quiero decir, al mecanismo adaptativo al que recurrimos consciente o inconscientemente para intentar aligerar o liberar la pulsión. En muchos casos estas imposturas cumplen su función contraria, se convierten en objetos represores de la pulsión generando anclajes que posteriormente pueden manifestarse en síntomas de angustia de una neurosis obsesiva.

Las imposturas puede ser categorizadas en primera instancia en dos tipos: positiva y negativa.
La positiva, se usa como mecanismo vinculador de la sociedad, para hacer parte de la cultura, un ejemplo simple de impostura positiva es el lenguaje. El lenguaje como impostación del ello frente al superyó.
La impostura negativa, es en esencia similar a la positiva, pero es la alteración obsesiva del ello que se manifiesta de manera sintomática.
Creo conveniente postergar para otra ocasión, un énfasis más detallado de estos tipos de imposturas. Para proseguir con el tema primordial de este texto. Así pues, que hablare simplemente, del porque del uso de las imposturas del Self para la construcción de esta autobiografía.

Esta idea de las imposturas, comenzó a tomar su forma, al comenzar mis lecturas sobre los arquetipos Jungnianos, de los que fácilmente podría haberme valido para la construcción de mi autobiografía, pero que preferí omitir y encausarla más bien en mis propios términos, haciendo cita de un verso de Pessoa:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente

Podría yo llamarme fingidor al igual que impostor o usurpador, como ya lo he hecho en otras ocasiones, pero haciendo un análisis de las valoraciones simbólicas que les he conferido. Creo conveniente que el impostor va más arraigado a la meta que me he propuesto con este texto. Ya que tanto el fingidor como el usurpador tienen clara conciencia de su papel, por el contrario el Impostor, es tan sólo un títere de su inconsciente, se ha hecho fingidor a causa de la imitación, como mecanismo de supervivencia. Comienza por imitar a sus padres, para intentar comunicarse y vincularse con ellos, adopta sus manías, sus vicios y sus fobias, repite sin comprender muy bien todos sus actos y vocablos. Al ir creciendo, la fantasía le gobierna, el impostor cree irse desprendiendo de la máscara de los padres, pero es una simple ilusión, producto de ideas irracionales quizás situadas en el trazo del preconsciente, ese ideal onírico que nunca llega, lo que ocurre, y es ahí donde comienza su afianzamiento involuntario con el autoengaño, es que al ir intentando permearse e introducirse en la cultura, aparecerán nuevas y variadas imposturas que construirán aquello, que lo establecerá como un supuesto individuo dentro de esta.


De este modo, he tomado la decisión de valerme de las imposturas para estructurar mi autobiografía, y a pesar de que pueden existir o puedo fabricar muchas más Imposturas, para construir esta narración, intentare fabricar un esquema simple pero esclarecedor, a partir de siete Imposturas, intentando edificarlas de manera coherente, para que el lector de estas páginas no se pierda en un galimatías de incongruencias frente a esta historia efímera de mi vida como una compleja impostura.

martes, 8 de octubre de 2013

Intruduccion al trabajo de las impostaciones

Exordio


When I read the book, the biography famous,
And is this then (said I) what the author calls a man's life?
And so will some one when I am dead and gone write my life?
(As if any man really knew aught of my life,
Why even I myself I often think know little or nothing of my real life,
Only a few hints, a few diffused faint clews and indirections
I seek for my own use to trace out here.)
Walt Whitman

Antes de comenzar es preciso, comprender que todo intento de fabular una autobiografía, es si acaso, una argucia fútil, acomodada y parcial de los hechos que construyen la historia de una vida, en otras palabras, mera Ficción literaria.
No somos más que actores recreando una patraña desconocida, improvisando sobre las tablas de la existencia que se ejecuta en el instante. Expectantes como corderos, por el aplauso de la pálida dama que observa meticulosa, en primera fila, la ejecución sardónica y macabra de nuestras piruetas. Será ella quien cierre el patético acto de nuestra vida y escriba el epilogo lapidario de nuestros días.
Podemos hacer, quizás, en medio de la espera de ese magreo con la muerte, un sondeo arruinado sobre el trasegar del tiempo a nuestras espaldas pero, esta acción narcisista y poco enriquecedora, traerá únicamente de los cabellos fantasías, deseos, y autoengaños que sirven si acaso para alimentar nuestro terrible y enfermizo anhelo de inmortalidad.
Así, sin ningún auxilio arcangélico, ante el espejo de la nada he de proferir que todo aquello que he vivido yace ya en el polvo, y no es más que olvido. Que todo cuanto pueda decir sobre ese pretérito que ya no es ni será mío, será intrínsecamente, la desfiguración viciada, fragmentada y anacrónica del mito de mi vida, como llegara a llamarle Jung con respecto a su propia biografía, será entonces, una recreación grotesca de una nueva e inexistente quimera, una impostación, danzando sobre el desastre, en este baile de máscaras fúnebres y cambiantes, que es la existencia humana.
···
Es importante, de igual forma, dejar en claro las verdaderas pretensiones de este libelo maltrecho. En primera instancia como ya he mencionado, intentare rehacer el mito inexorable de mi existencia, con los rústicos ardides retóricos de los que puedo valerme, gracias a aquello, que más adelante atribuiré producto de la Impostura del Docto, así pues escribiré estas siguientes paginas de modo novelesco, en una prosa acaso poética, alejándome en lo posible con cualquier relación científica, pues el único interés con respecto a estos escritos, es hacer entretenida, esta pantomima, que antojadizamente llamare: MI VIDA.
La segunda razón, o mejor dicho el propósito fundamental de esta labor de escribiente, es algo un tanto contradictorio con respecto a lo dicho con antelación, ya que me valdré de los recursos de la prosa ficcionada, de las imágenes fantásticas, de las evocaciones pérfidas y oníricas, como constructo efímero de mi vida, para de este modo, comenzar a escudriñar y bocetear sobre una idea particular que hace meses me ronda los pensamientos, intentando desesperada, configurarse en ese mundo igualmente irrisorio de la palabra, ese puente hacia el engaño donde habitan todos los hombres.
Es quizás una idea obsesiva e irracional, que aún está en pañales y que poco es lo que podría atribuírle de tangible en su esencia a priori. Pero aun así, creo conveniente aprovechar la ocasión de esta empresa peripatética que aún no puedo llamar literaria, y a la que por ningún motivo quiero, ni mucho menos atribuir de psicológica o de carácter psicoanalítica, para desfogar la obsesión que invade por este instante, mi ensoñación.

Son pues estas páginas, como una babel embrionaria y disoluta donde no se puede concebir un objeto claro al cual asirse, y donde el norte es tan difuso como imaginario, ¡Ea! pues, queridos corsarios de la farsa, en sus manos dejo el timón interpretativo de esta historia fabulada, que no es otra que la historia de todos, la historia de un impostor naufragando en las imposturas de la vida.

Prologo de C. G. Jung de Recuerdos, Sueños, pensamientos

                                               
                       

                                                                        PRÓLOGO

Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo. Para exponer este proceso de evolución no puedo utilizar el lenguaje científico; pues yo no puedo experimentarme como problema científico.
 Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.
Así pues, me he propuesto hoy, a mis ochenta y tres años, explicar el mito de mi vida. Sin embargo, no puedo hacer más que afirmaciones inmediatas, sólo «contar historias». Si son verdaderas no es problema. La cuestión consiste solamente en si este es mi cuento, mi verdad.
Lo más difícil en la configuración de una autobiografía consiste en que no se posee ninguna medida, ningún terreno objetivo desde el cual juzgar. No hay posibilidad de comparación. Yo sé que en muchas cosas no soy como los demás, pero no sé, sin embargo, cómo soy yo realmente. El hombre no puede compararse con nada: no es un mono, ni una vaca, ni un árbol. Soy una persona. ¿Pero qué es esto? Como todo ente, también yo me separé de la divinidad infinita, pero no puedo confrontarme con ningún animal, con ninguna planta y con ninguna piedra. Sólo un ente mítico está por encima de los hombres. ¿Cómo se puede tener una opinión definitiva acerca de sí mismo?
Una persona es un proceso psíquico al que no domina, o sólo parcialmente. Por eso no puede dar un juicio final de sí misma ni de su vida. Para ello tendría que saber todo lo que la concierne, pero a lo más que llega es a figurarse que lo sabe. En el fondo, uno nunca sabe cómo ha ocurrido nada. La historia de una persona tiene un comienzo, en cualquier punto del que uno se acuerda, pero ya entonces era muy complicado. Uno no sabe adónde va a parar la vida. Por esto el relato no tiene comienzo, y la meta sólo se puede indicar aproximadamente.
La vida del hombre es un intento arriesgado. Sólo cuantitativamente se le puede considerar como un fenómeno prodigioso. Es tan efímero, tan insuficiente, que es un milagro que pueda existir algo y desarrollarse. Esto me impresionó ya cuando era estudiante de medicina, y me pareció que sería un milagro no morir prematuramente.
 La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece. En el fondo sólo me parecen dignos de contar los acontecimientos de mi vida en los que el mundo inmutable incide en el mutable. De ahí que hable principalmente de los acontecimientos internos. A ellos pertenecen mis sueños e imaginaciones. Además constituyen la materia prima de mi trabajo científico. Fueron como de lava y de basalto que cristaliza en piedra tallable.
Al lado de los acontecimientos internos los demás recuerdos (viajes, personas y ambiente) se esfuman. La historia de la época la han vivido y escrito muchos: mejor leerles a ellos o escuchar cuando alguien la cuenta. El recuerdo de los factores externos de mi vida ha desaparecido o se ha difuminado en su mayor parte. Sin embargo, los encuentros con la otra realidad, el choque con el inconsciente han marcado mi memoria de modo indeleble. En este aspecto hubo siempre plenitud y riqueza, y todo lo demás quedó eclipsado.
Así, pues, también los hombres se convirtieron en recuerdos imborrables sólo cuando en el libro de mi destino tenían ya sus nombres incorporados desde mucho tiempo antes, y su conocimiento venía a ser como una revelación.

También las cosas que en la juventud o posteriormente me afectaron desde lo externo y se me hicieron importantes lo fueron al quedar incorporadas a la experiencia interna. Llegué muy pronto a la convicción de que si no se da una respuesta y solución desde lo interno a las relaciones de la vida, su significado es muy pobre. Las circunstancias externas no pueden sustituir a las internas. Por eso mi vida es pobre en acontecimientos externos. De ellos no puedo decir gran cosa, porque lo que dijera me parecería vacío o trivial. Sólo puedo comprenderme a partir de los sucesos internos. Constituyen lo peculiar de mi vida, y de ellos trata mi «autobiografía».

martes, 1 de octubre de 2013

El sistema educativo es anacrónico

"Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación."Mark Twain 
"La meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia." John Ruskin

El documental presenta una interesante observación del modelo arcaico y obsoleto de la educación contemporánea que aun se apoya en las bases de una sociedad impulsada por los ideales de producción económica, dejando a un lado la matriz vital del conocimiento, que a mi modo de ver, sería la motivación. Este modelo precario y empobrecedor, intenta anular ese carácter investigador, inquieto y nómada que poseemos los seres pensantes, intentando reducirnos a un conformismo de aspiraciones vacuas, donde se intenta imponer estructuras oxidadas y exánimes en contra postura de una inteligencia creadora.
Esta terrible ignominia a nuestro añorado intelecto no es producto del mero azar, o un simple descuido de los educadores. Es quizás una estratagema enfermiza de aquellos que sólo buscan intereses materialistas, y que poco añoran una sociedad pensante, una sociedad individualista constructora y visionaria. Es imposible gobernar de individuos que no quieran ser educados como masa. La función catastrófica de la enseñanza se ha convertido paradójicamente en un obstáculo enorme del conocimiento.
Otro factor interesante que propone Robinson son las disparidades económicas, culturales e individuales. Este planteamiento aunque no es un pensamiento innovador, si nos hace cuestionar en lo improductivo del modelo de enseñanza actual. Pues a largo plazo, nadie -incluso los gobernantes- podrá sacarle provecho. Ya que las exigencias del momento ameritan otro tipo de procesos, conductas y modelos, que contribuyan en la evolución de la sociedad
La dicotomía que se ha ido zanjando en la educación con respecto a las ciencias y las artes también es inquietante. Pero todo vuelve a reducirse a las preocupaciones económicas. Creyendo erróneamente que ciencia y arte no pueden ser una misma cosa. Olvidando se del genio integrador de otras épocas, donde la sociedad dio pasos agigantados al progreso, cuando el arte, no era algo baladí, si no el gran arte, ese arte constructor, revitalizante y creador.
Para mí, el problema tiene variadas bifurcaciones pero, por esta vez no me pondré en la postura de lanzar diatribas e improperios frente al modelo educativo y sus artífices naif y quizás macabros; creo que harto se ha dicho al respecto a través de la historia. Hoy me limitare a pensar que toda la responsabilidad ha de caer sobre el individuo, pues es él, quien debe revolucionarse, y oponerse frente a estos modelos paupérrimos de educación y quizás entender que el conocimiento no se aprende, si no que se adquiere, que no debe esperar sabiduría de los otros, que por el contrario debe hurtarla de ellos, de la sabia de la existencia, esa sabia divina que está en todas las cosas, pero debe entender que la sabiduría es un fruto prohibido, una abrupta catástrofe a la contra de la felicidad, un fruto que sólo debe alcanzarlo aquel que realmente lo desee, y ese deseo debe ser consciente del sufrimiento que esto conlleva. La vida dejara de ser un estado fascinante de estupidez y plenitud, será una prisión horrenda, con constante desasosiego, una eterna lucha perdida en afrenta de lo inescrutable. Porque debemos entender que el infinito está relativamente prohibido para nuestro precario intelecto, solo somos criaturas parlantes, que sufrimos de un virus al que llamamos razón, pero eso más que dicha genera desconsuelo.
Por otro lado quisiera hacer una curiosa pregunta. ¿Acaso el conocimiento es para todos? Comparativamente si lo es, pues el conocimiento esta allí frente a nuestras narices, pero el conocimiento es antojadizo, veleidoso y cambiante, es una quimera multiforme un Proteo que nos engaña y del cual nos dejamos engañar, es por eso que considero, que para alcanzar un conocimiento supino, debemos ampararnos del arquetipo del héroe griego, ese semidiós audaz, astuto y fiero, que se lanza a una eterna batalla con la hidra del saber. Pero es estimable, entender, que ese saber no es un tesoro perpetuo, que no es una estatuilla para colocar en la repisa con orgullo, es quizás más, el ideal de un imposible, aquello que jamás llegaremos a gobernar pero que nos empuja hasta los límites de nuestro propio ser.
Así pues, la búsqueda del saber, no es más que, otra quimera anodina, otro anclaje para posponer el viaje y no levar anclas, para lanzarnos al olvido ineludible de esta empobrecida especie que llamamos humanidad.