miércoles, 9 de octubre de 2013

Impostura del Padre ebrio

Te desprecio profundamente, oh padre, porque soy el reflejo del monstruo al que tanto le temía de pequeño cuando miraba tus ojos inyectados de alcohol y una furia que no comprendía y que ahora es mi sino y herencia. Ahora te acojo con cariño, porque eres la impostura que contrasta con el absurdo de lo bello y lo imperecedero. Porque has sido el polo a tierra, porque me bajaste de las ridículas alturas para que devorara el cieno de este infierno de la vida. Tú, que ahora padre, presumes ser otro, que has abandonado tus vicios y te refugias en el asco y la misantropía, tú que ahora eres un volcán de frustraciones, un dique de miedos. Por ti levanto yo mi copa. Por ti, que ahora no bebes, me dragare el mal. Yo que soy la herencia de tus miedos y tus flaquezas, aquellas que de chico vi como algo apabullante y que ahora sólo me causan una mueca de mofa. Entiende pues querido padre, que los niños, son todos estúpidos, y que le temen a las naderías, a los fantasmas y los monstruos que se esconde bajo la cama o en el closet. Y eso eres tú, un pobre fantasma del recuerdo, un monstro atrapado en el closet de tus propios miedos que impostas en ira. Eres gracioso, eres un comediante. Tu impostura es la del borracho, y traduce todos los matices. En un tiempo arcano eras el símbolo del terror, lo abominable, lo implacable, en otra instancia, la criatura oprobiosa y asquerosa, que todos repudian, pero ahora ere ese payaso ebrio que solo causa risa por el patetismo de tus corvetas. Baila para mi mono ridículo, baila hasta que vomites todos tus temores, esos que te han llevado hasta este punto, baila, baila querido padre, hasta que tus pies caigan rotos y tu espíritu se transfigure.

En la impostura del padre ebrio configure, el espejo de mis miedos, mis fracasos y todo lo que me aterroriza. Pero debe entenderse como una figura ambivalente.
En esta impostura construí la contraparte, la contra de la impostura de mi abuela. Como único recurso de equilibrio y armonía. No existe día sin la noche. La vida y la muerte.
En la impostura de la abuela se ve estructurada lo misterioso, lo místico, la inmortalidad y la muerte. Mientras que en la del padre ebrio, aparece el reflejo de lo terrenal, la vida en los infiernos, el mundo exterior, lo perecedero, la mortalidad, lo caduco y lo que se transforma.
Es en la impostura del padre, donde se adopta el papel del villano, del antagonista, de la figura de poder. En mi caso la impostura es el padre ebrio, ebrio porque sus facultades esta alteradas, permeadas de agentes alucinados que afectan la figura icónica del poder que ejerce sobre el hijo. Es así como lo configuro como un monstruo.
Pero es decisivo para la configuración de la siguiente impostura, que se nutre tanto de la impostura de la abuela y del padre ebrio para la construcción de una impostura moral a la que denominare la impostura del Ubermnsch, o la impostura del superhombre, encausado en la visión filosófica de Nietzsche.

Dentro de esta podemos encontramos otras dos imposturas, la impostura del Payaso y la impostura del Sucicida.

En la del payaso, se manifiesta la caracterización del bufón, de aquel que sin mas recursos no tiene mas remedio que reírse de la fatalidad de la existencia. Y a su lado aparece la del padre suicida, quien, luego del a resaca, harto de bufonadas, adopta actitudes destructivas, quiere evaporar la existencia erradicar el sentimiento trágico de la vida, por medio de la impostura de la dama blanca.
Impostura de la Abuela


Impostura de la Abuela
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La semilla de la vida emerge del árbol de los muertos, sus restos han abonado el campo donde surgen nuevas quimeras moribundas. Yo que soy herencia de una diversidad de arquetipos antagónicos, yo que provengo de estirpes nómadas, arrieras, catalanas, gitanas, parias de toda la tierra, hijos del dios de los hombres. Han peregrinado en mí todos los hombres, han sido derrotados por la vida, el santo y el asesino, para darme su vaho y confundir mi alma de reproches y de angustias. Dentro de mí espíritu se agitan las voces de los olvidados, de los infinitos sin nombre, a los cuales he querido proyectar en el rostro de aquella madre vieja, de esa mujer que fácilmente pude llamar Lilith, pero que sin voluntad, adopte el primer nombre que de ella escuche: YAYA. Es ella la madre del tiempo y por ende del olvido. Ya hace mucho que su efigie física no me acompaña y aunque trato inútilmente de recostruir su sonrisa y el color de sus ojos, dentro del imaginario endeble de mi interior, es inevitable que poco a poco se ha ido sumergiendo en el claustro, del cual fue el demonio prisionero y donde a voluntad ahora se toma sus siestas harto de la preclara luminosidad de ese mundo exterior que tanto aborrece.
De ella, la abuela de mi madre, que a su vez, son la misma, con distinto cuerpo y tiempo, ha surgido la impostura de la Abuela, la herencia de mis ancestros, el espíritu de la vida y el rumor de la muerte.
Siendo yo un niño, construí un mundo idóneo y fabuloso, gobernado por el sufrimiento que se transforma en bondad, muy anclado en el criterio cristiano de la pasión. Adopté con su impostura, la cruz de sus ancestros, el dios terrible y el temor a su opuesto, configure un sistema de creencias absurdas del bien y el mal, en el que ahora me debato en una cruenta batalla neurótica y de la cual no escapare con vida. Fue ella (su entidad onírica) quien me hizo prometerle ser un ser excepcional, alguien original, no el manojo de fracasos y reproches que soy ahora.
En esos años infantiles, es fácil adoptar ese tipo de impostura, sin importar los demonios y los monstruos que tengas como reflejo. Así mi padre fuera un ser abominable y terrorífico, estaba la impostura de mi abuela que me protegía como un mantra de todos los males externos. Pero los sueños caducan de alguna manera, y se transforman en hidras, se complejizan, forman una telaraña que nos encadenara de por vida. Aquello que fue alguna vez hermoso para el niño, será el tormento del adolescente, la neurosis del adulto y la remembranza del anciano. Porque somos un circulo estúpido, una serpiente que se muerde la cola. Se llega la sabiduría cuando comprendemos que el principio es el fin y que ninguno de ellos es realmente en un trasegar, cuando comprendemos que la vida es hierática, que solo tenemos la ilusión de movimiento, que somos espectadores ausentes de nuestra propia vida. Que vivimos la vida en las imposturas de otros. Pero que jamás hemos dado un solo paso. Que seguimos siendo los mismos que aquel fecundado en el vientre materno.
Siguen transcurriendo los días, y sigo desconfigando mis imposturas, trastocándolas envenenándolas con ideas cada vez mas obsesivas. Sigo buscando el reflejo de la abuela perdida en mis primeros años adolescente, fabulo su compañía en sueños, presumo su presencia como un ángel irreprochable, pero todo es a causa del miedo, del miedo al desprendimiento, a soltar los anclajes. A dejar mi bajel a la deriva.




¿Podré heredar algún día el brillo de esos ojos grises, ocultos tras las arrugas del rostro sonriente de mi abuela?
Esta pregunta aun persiste en mi psique, es un mástil de apoyo para el devenir. Aunque luche a la contra de la impostura de mi abuela, mis ojos siguen el mismo norte que sus ojos muertos.

La impostura de la abuela está enteramente vinculada al concepto Ánima y del arquetipo de la madre de Jung y Su contraparte, El Animus, lo encontraremos no en el padre ebrio, si no en la impostura del Efrit. La impostura de mi abuela configura, lo femenino, lo sagrado, lo misterioso y por ende esta impostura es impulsada por la última impostura tratada en este texto y es ella la que gobierna a las otras. Hablo de la impostura de la dama blanca, que en términos psicoanalíticos podemos vincular a la llamaba pulsión de muerte. Entendiendo con claridad que la impostura no es más que un engaño, un espejismo para definir la personalidad del Self, partiendo de lo inconsciente. Con esto quiero dejar muy en claro que todas las imposturas adoptadas por el hombre se originan de una noción de mortalidad, de la impostura de la dama blanca.
Las imposturas en la vida de un individuo


“Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo. Para exponer este proceso de evolución no puedo utilizar el lenguaje científico; pues yo no puedo experimentarme como problema científico.
 Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.”  C. G. Jung


Soy el reflejo fragmentado de mis antepasados. Soy la voz y el rencor de mi padre, el corazón de mi abuelo, el colón, el hígado y la cirrosis de mi tío, soy la sonrisa y los ojos de mi abuela y de mi madre. Soy la amargura y la angustia de todos vivos, el fracaso y las esperanzas de todos mis muertos, soy la impostura de un hombre desconocido, soy el reflejo y la Nada.

Quise empezar con lo anterior antes de arremeter con lo que de aquí en adelante llamare por el nombre de Imposturas, y con este mismo concepto intentare articular las estructuras existenciales que componen el Self que represento frente al reflejo de los otros, ese mal llamado Cultura.

Según la real academia de la lengua la impostura es:

1.     Imputación falsa y maliciosa
2.     Fingimiento o engaño con apariencia de verdad.

Sera pues para mí, la impostura, algo así como una máscara, un reflejo, una actuación, que en la gran mayoría de los casos el actor o el Impostor (como preferiré llamar al individio) de tanto representar su papel, ha olvidado o quizás jamás ha tenido conciencia de que asume una impostura.
Con esto quiero dejar en claro el papel de impostor que tiene el individuo, tanto para sí mismo como para la cultura.
Al referirme a la impostura quiero decir, al mecanismo adaptativo al que recurrimos consciente o inconscientemente para intentar aligerar o liberar la pulsión. En muchos casos estas imposturas cumplen su función contraria, se convierten en objetos represores de la pulsión generando anclajes que posteriormente pueden manifestarse en síntomas de angustia de una neurosis obsesiva.

Las imposturas puede ser categorizadas en primera instancia en dos tipos: positiva y negativa.
La positiva, se usa como mecanismo vinculador de la sociedad, para hacer parte de la cultura, un ejemplo simple de impostura positiva es el lenguaje. El lenguaje como impostación del ello frente al superyó.
La impostura negativa, es en esencia similar a la positiva, pero es la alteración obsesiva del ello que se manifiesta de manera sintomática.
Creo conveniente postergar para otra ocasión, un énfasis más detallado de estos tipos de imposturas. Para proseguir con el tema primordial de este texto. Así pues, que hablare simplemente, del porque del uso de las imposturas del Self para la construcción de esta autobiografía.

Esta idea de las imposturas, comenzó a tomar su forma, al comenzar mis lecturas sobre los arquetipos Jungnianos, de los que fácilmente podría haberme valido para la construcción de mi autobiografía, pero que preferí omitir y encausarla más bien en mis propios términos, haciendo cita de un verso de Pessoa:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente

Podría yo llamarme fingidor al igual que impostor o usurpador, como ya lo he hecho en otras ocasiones, pero haciendo un análisis de las valoraciones simbólicas que les he conferido. Creo conveniente que el impostor va más arraigado a la meta que me he propuesto con este texto. Ya que tanto el fingidor como el usurpador tienen clara conciencia de su papel, por el contrario el Impostor, es tan sólo un títere de su inconsciente, se ha hecho fingidor a causa de la imitación, como mecanismo de supervivencia. Comienza por imitar a sus padres, para intentar comunicarse y vincularse con ellos, adopta sus manías, sus vicios y sus fobias, repite sin comprender muy bien todos sus actos y vocablos. Al ir creciendo, la fantasía le gobierna, el impostor cree irse desprendiendo de la máscara de los padres, pero es una simple ilusión, producto de ideas irracionales quizás situadas en el trazo del preconsciente, ese ideal onírico que nunca llega, lo que ocurre, y es ahí donde comienza su afianzamiento involuntario con el autoengaño, es que al ir intentando permearse e introducirse en la cultura, aparecerán nuevas y variadas imposturas que construirán aquello, que lo establecerá como un supuesto individuo dentro de esta.


De este modo, he tomado la decisión de valerme de las imposturas para estructurar mi autobiografía, y a pesar de que pueden existir o puedo fabricar muchas más Imposturas, para construir esta narración, intentare fabricar un esquema simple pero esclarecedor, a partir de siete Imposturas, intentando edificarlas de manera coherente, para que el lector de estas páginas no se pierda en un galimatías de incongruencias frente a esta historia efímera de mi vida como una compleja impostura.

martes, 8 de octubre de 2013

Intruduccion al trabajo de las impostaciones

Exordio


When I read the book, the biography famous,
And is this then (said I) what the author calls a man's life?
And so will some one when I am dead and gone write my life?
(As if any man really knew aught of my life,
Why even I myself I often think know little or nothing of my real life,
Only a few hints, a few diffused faint clews and indirections
I seek for my own use to trace out here.)
Walt Whitman

Antes de comenzar es preciso, comprender que todo intento de fabular una autobiografía, es si acaso, una argucia fútil, acomodada y parcial de los hechos que construyen la historia de una vida, en otras palabras, mera Ficción literaria.
No somos más que actores recreando una patraña desconocida, improvisando sobre las tablas de la existencia que se ejecuta en el instante. Expectantes como corderos, por el aplauso de la pálida dama que observa meticulosa, en primera fila, la ejecución sardónica y macabra de nuestras piruetas. Será ella quien cierre el patético acto de nuestra vida y escriba el epilogo lapidario de nuestros días.
Podemos hacer, quizás, en medio de la espera de ese magreo con la muerte, un sondeo arruinado sobre el trasegar del tiempo a nuestras espaldas pero, esta acción narcisista y poco enriquecedora, traerá únicamente de los cabellos fantasías, deseos, y autoengaños que sirven si acaso para alimentar nuestro terrible y enfermizo anhelo de inmortalidad.
Así, sin ningún auxilio arcangélico, ante el espejo de la nada he de proferir que todo aquello que he vivido yace ya en el polvo, y no es más que olvido. Que todo cuanto pueda decir sobre ese pretérito que ya no es ni será mío, será intrínsecamente, la desfiguración viciada, fragmentada y anacrónica del mito de mi vida, como llegara a llamarle Jung con respecto a su propia biografía, será entonces, una recreación grotesca de una nueva e inexistente quimera, una impostación, danzando sobre el desastre, en este baile de máscaras fúnebres y cambiantes, que es la existencia humana.
···
Es importante, de igual forma, dejar en claro las verdaderas pretensiones de este libelo maltrecho. En primera instancia como ya he mencionado, intentare rehacer el mito inexorable de mi existencia, con los rústicos ardides retóricos de los que puedo valerme, gracias a aquello, que más adelante atribuiré producto de la Impostura del Docto, así pues escribiré estas siguientes paginas de modo novelesco, en una prosa acaso poética, alejándome en lo posible con cualquier relación científica, pues el único interés con respecto a estos escritos, es hacer entretenida, esta pantomima, que antojadizamente llamare: MI VIDA.
La segunda razón, o mejor dicho el propósito fundamental de esta labor de escribiente, es algo un tanto contradictorio con respecto a lo dicho con antelación, ya que me valdré de los recursos de la prosa ficcionada, de las imágenes fantásticas, de las evocaciones pérfidas y oníricas, como constructo efímero de mi vida, para de este modo, comenzar a escudriñar y bocetear sobre una idea particular que hace meses me ronda los pensamientos, intentando desesperada, configurarse en ese mundo igualmente irrisorio de la palabra, ese puente hacia el engaño donde habitan todos los hombres.
Es quizás una idea obsesiva e irracional, que aún está en pañales y que poco es lo que podría atribuírle de tangible en su esencia a priori. Pero aun así, creo conveniente aprovechar la ocasión de esta empresa peripatética que aún no puedo llamar literaria, y a la que por ningún motivo quiero, ni mucho menos atribuir de psicológica o de carácter psicoanalítica, para desfogar la obsesión que invade por este instante, mi ensoñación.

Son pues estas páginas, como una babel embrionaria y disoluta donde no se puede concebir un objeto claro al cual asirse, y donde el norte es tan difuso como imaginario, ¡Ea! pues, queridos corsarios de la farsa, en sus manos dejo el timón interpretativo de esta historia fabulada, que no es otra que la historia de todos, la historia de un impostor naufragando en las imposturas de la vida.

Prologo de C. G. Jung de Recuerdos, Sueños, pensamientos

                                               
                       

                                                                        PRÓLOGO

Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo. Para exponer este proceso de evolución no puedo utilizar el lenguaje científico; pues yo no puedo experimentarme como problema científico.
 Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.
Así pues, me he propuesto hoy, a mis ochenta y tres años, explicar el mito de mi vida. Sin embargo, no puedo hacer más que afirmaciones inmediatas, sólo «contar historias». Si son verdaderas no es problema. La cuestión consiste solamente en si este es mi cuento, mi verdad.
Lo más difícil en la configuración de una autobiografía consiste en que no se posee ninguna medida, ningún terreno objetivo desde el cual juzgar. No hay posibilidad de comparación. Yo sé que en muchas cosas no soy como los demás, pero no sé, sin embargo, cómo soy yo realmente. El hombre no puede compararse con nada: no es un mono, ni una vaca, ni un árbol. Soy una persona. ¿Pero qué es esto? Como todo ente, también yo me separé de la divinidad infinita, pero no puedo confrontarme con ningún animal, con ninguna planta y con ninguna piedra. Sólo un ente mítico está por encima de los hombres. ¿Cómo se puede tener una opinión definitiva acerca de sí mismo?
Una persona es un proceso psíquico al que no domina, o sólo parcialmente. Por eso no puede dar un juicio final de sí misma ni de su vida. Para ello tendría que saber todo lo que la concierne, pero a lo más que llega es a figurarse que lo sabe. En el fondo, uno nunca sabe cómo ha ocurrido nada. La historia de una persona tiene un comienzo, en cualquier punto del que uno se acuerda, pero ya entonces era muy complicado. Uno no sabe adónde va a parar la vida. Por esto el relato no tiene comienzo, y la meta sólo se puede indicar aproximadamente.
La vida del hombre es un intento arriesgado. Sólo cuantitativamente se le puede considerar como un fenómeno prodigioso. Es tan efímero, tan insuficiente, que es un milagro que pueda existir algo y desarrollarse. Esto me impresionó ya cuando era estudiante de medicina, y me pareció que sería un milagro no morir prematuramente.
 La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece. En el fondo sólo me parecen dignos de contar los acontecimientos de mi vida en los que el mundo inmutable incide en el mutable. De ahí que hable principalmente de los acontecimientos internos. A ellos pertenecen mis sueños e imaginaciones. Además constituyen la materia prima de mi trabajo científico. Fueron como de lava y de basalto que cristaliza en piedra tallable.
Al lado de los acontecimientos internos los demás recuerdos (viajes, personas y ambiente) se esfuman. La historia de la época la han vivido y escrito muchos: mejor leerles a ellos o escuchar cuando alguien la cuenta. El recuerdo de los factores externos de mi vida ha desaparecido o se ha difuminado en su mayor parte. Sin embargo, los encuentros con la otra realidad, el choque con el inconsciente han marcado mi memoria de modo indeleble. En este aspecto hubo siempre plenitud y riqueza, y todo lo demás quedó eclipsado.
Así, pues, también los hombres se convirtieron en recuerdos imborrables sólo cuando en el libro de mi destino tenían ya sus nombres incorporados desde mucho tiempo antes, y su conocimiento venía a ser como una revelación.

También las cosas que en la juventud o posteriormente me afectaron desde lo externo y se me hicieron importantes lo fueron al quedar incorporadas a la experiencia interna. Llegué muy pronto a la convicción de que si no se da una respuesta y solución desde lo interno a las relaciones de la vida, su significado es muy pobre. Las circunstancias externas no pueden sustituir a las internas. Por eso mi vida es pobre en acontecimientos externos. De ellos no puedo decir gran cosa, porque lo que dijera me parecería vacío o trivial. Sólo puedo comprenderme a partir de los sucesos internos. Constituyen lo peculiar de mi vida, y de ellos trata mi «autobiografía».

martes, 1 de octubre de 2013

El sistema educativo es anacrónico

"Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación."Mark Twain 
"La meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia." John Ruskin

El documental presenta una interesante observación del modelo arcaico y obsoleto de la educación contemporánea que aun se apoya en las bases de una sociedad impulsada por los ideales de producción económica, dejando a un lado la matriz vital del conocimiento, que a mi modo de ver, sería la motivación. Este modelo precario y empobrecedor, intenta anular ese carácter investigador, inquieto y nómada que poseemos los seres pensantes, intentando reducirnos a un conformismo de aspiraciones vacuas, donde se intenta imponer estructuras oxidadas y exánimes en contra postura de una inteligencia creadora.
Esta terrible ignominia a nuestro añorado intelecto no es producto del mero azar, o un simple descuido de los educadores. Es quizás una estratagema enfermiza de aquellos que sólo buscan intereses materialistas, y que poco añoran una sociedad pensante, una sociedad individualista constructora y visionaria. Es imposible gobernar de individuos que no quieran ser educados como masa. La función catastrófica de la enseñanza se ha convertido paradójicamente en un obstáculo enorme del conocimiento.
Otro factor interesante que propone Robinson son las disparidades económicas, culturales e individuales. Este planteamiento aunque no es un pensamiento innovador, si nos hace cuestionar en lo improductivo del modelo de enseñanza actual. Pues a largo plazo, nadie -incluso los gobernantes- podrá sacarle provecho. Ya que las exigencias del momento ameritan otro tipo de procesos, conductas y modelos, que contribuyan en la evolución de la sociedad
La dicotomía que se ha ido zanjando en la educación con respecto a las ciencias y las artes también es inquietante. Pero todo vuelve a reducirse a las preocupaciones económicas. Creyendo erróneamente que ciencia y arte no pueden ser una misma cosa. Olvidando se del genio integrador de otras épocas, donde la sociedad dio pasos agigantados al progreso, cuando el arte, no era algo baladí, si no el gran arte, ese arte constructor, revitalizante y creador.
Para mí, el problema tiene variadas bifurcaciones pero, por esta vez no me pondré en la postura de lanzar diatribas e improperios frente al modelo educativo y sus artífices naif y quizás macabros; creo que harto se ha dicho al respecto a través de la historia. Hoy me limitare a pensar que toda la responsabilidad ha de caer sobre el individuo, pues es él, quien debe revolucionarse, y oponerse frente a estos modelos paupérrimos de educación y quizás entender que el conocimiento no se aprende, si no que se adquiere, que no debe esperar sabiduría de los otros, que por el contrario debe hurtarla de ellos, de la sabia de la existencia, esa sabia divina que está en todas las cosas, pero debe entender que la sabiduría es un fruto prohibido, una abrupta catástrofe a la contra de la felicidad, un fruto que sólo debe alcanzarlo aquel que realmente lo desee, y ese deseo debe ser consciente del sufrimiento que esto conlleva. La vida dejara de ser un estado fascinante de estupidez y plenitud, será una prisión horrenda, con constante desasosiego, una eterna lucha perdida en afrenta de lo inescrutable. Porque debemos entender que el infinito está relativamente prohibido para nuestro precario intelecto, solo somos criaturas parlantes, que sufrimos de un virus al que llamamos razón, pero eso más que dicha genera desconsuelo.
Por otro lado quisiera hacer una curiosa pregunta. ¿Acaso el conocimiento es para todos? Comparativamente si lo es, pues el conocimiento esta allí frente a nuestras narices, pero el conocimiento es antojadizo, veleidoso y cambiante, es una quimera multiforme un Proteo que nos engaña y del cual nos dejamos engañar, es por eso que considero, que para alcanzar un conocimiento supino, debemos ampararnos del arquetipo del héroe griego, ese semidiós audaz, astuto y fiero, que se lanza a una eterna batalla con la hidra del saber. Pero es estimable, entender, que ese saber no es un tesoro perpetuo, que no es una estatuilla para colocar en la repisa con orgullo, es quizás más, el ideal de un imposible, aquello que jamás llegaremos a gobernar pero que nos empuja hasta los límites de nuestro propio ser.
Así pues, la búsqueda del saber, no es más que, otra quimera anodina, otro anclaje para posponer el viaje y no levar anclas, para lanzarnos al olvido ineludible de esta empobrecida especie que llamamos humanidad.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Skinner: El diablo ingenuo



“Pressure.
It changes everything. Pressure.
Some people, you squeeze them,
they focus.
Others fold.” (Al Pacino, Devil’s Advocate)

“Los hombres actúan en el mundo y lo cambian, y a su vez son
cambiados por las consecuencias de sus actos.” (B. F. Skinner, Conducta verbal)

Arduas han sido algunas críticas de carácter moralista hacia la obra de B. F. Skinner. Algunas tan irracionales como las que en algún momento han acusado a Oppenheimer de haber sido un terrible genocida. Algo tan incongruente por parte de esos humanistas estériles, deja en evidencia lo anodino de sus postulados, que más que románticos, resultan cursis y de un patetismo viral que ha llegado incluso a permearnos hasta nuestros días. Omitiendo el hecho innegable dos singulares premisas:
1.) Que todo error es humano y no se puede culpar a un hombre de todo el fracaso de la humanidad. Skinner no es un Atlas, que ha de soportar todo el peso de la teoría Conductual.
 2.) Que en la historia todos somos víctimas y victimarios, y que no existen héroes y villanos, como en el mundo de las historietas, que la parcialidad de la historia siempre será cifrada por los vencedores y unos cuantos moribundos rezagados que sólo aspiran una venganza miserable, perdida ya en el tiempo, dejando así a los perdedores, en el infierno o el olvido.
El infortunado Skinner, ha caído en el infierno de la historia –cosa oprobiosa, que por el contrario Watson, no ha sucumbido en el olvido epistemológico que se merece-, y se le ha imputado el desprestigio y el escarnio, por la nimia excusa de sus lucubraciones acerca de la predicción y control de la conducta. Por lo menos Skinner fue fiel a su engaño epistemológico y no busco otro campo de acción más que la investigación, cosa distinta que hizo Watson en sus últimos años, donde astutamente, aplicó sus conocimientos a favor de la publicidad. Que haya sido la sociedad y el poder de su tiempo y de la historia quien se aprovechara de aquellas indagaciones, para manipular la conducta de otros, no es pues razón fáctica para culpar a Skinner. El pobre, pasó de largo un factor importante quizás, que el hombre a causa de su herencia maldita a través de la historia se inclina hacia una conducta perversa, y es pues esta conducta la que casi siempre gobierna sobre las otras, la que ha escrito enormes paginas con sangre y oprobio, la que ha doblegado y controlado la conducta de otros, abrigándose bajo el manto hipócrita del miedo que encarna el monstruoso símbolo de la cultura y la sociedad, dicho esto, mucho antes que los postulados de Skinner salieran a la luz. También pues es innegable, que este modelo operante de conducta, ha servido para controlar y predecir de forma más eficiente la conducta de espíritus perezosos y débiles que enmarcan gran porción de la población, imponiéndoles reforzamientos y castigos para intentar mejorar su propia y vacua existencia. Desde este punto de vista no considero tan abominable el ideal de todos los investigadores de la primera mitad del siglo XX, adoptaron a favor de una eugenesia, puesto que era un ideal altamente noble, que buscaba una transformación de una especie calamitosa que no ha hecho más que atrocidades en devenir de los tiempos. Tristemente luego de las guerras develamos una gran verdad que preferimos mantener oculta hasta nuestros días, aun cuando fuera el mismo Nizsche diría en boca de Zaratustra : “El hombre es algo que debe ser superado”… pero no estoy aquí para discernir del fracaso de lo humano, cosa que hace mucho he aceptado con regocijo. Estoy aquí para intentar salvar un poco de lo humano e inocente que hay en Skinner.
Creo que hasta el mismo diablo tiene derecho a una defensa, porque este diablo es como un niño, un niño tan humano, idiota e inocente como cualquiera, su teoría y modelo de condicionamiento operante, son simplemente el producto contextual de una exigencia de la sociedad y su tiempo. Skinner no es producto de una generación social espontanea, es el resultado de una herencia, de esa una herencia maldita que ya he traído a remembranza y de la cual ningún individuo esta ajeno: el terrible sino de ser Hombre.
No fue Oppenheimer quien presionó el botón, ni fue Nietzsche quien dirigió el tercer Reich, ni Marx impulso al socialismo soviético, para que exigiera una producción inhumana por parte los mujiks rusos, ni fue Skinner quien modificó a voluntad la conducta de la sociedad. Su interés paradójicamente estaba más enfocado, en un gobierno del sí mismo, a partir de la propia conducta. Pensaba que si el individuo conocía los mecanismos de predicción y control que afectaban y halaban los hilos de su conducta, este individuo podría conducirse en el ambiente de una forma más, eficaz, placida y autónoma. No podemos culparle, de los enormes vacios monistas de su teoría, al dejar de lado aquello que el mismo denominó, como la caja negra –digamos más bien que estos vacíos epistemológicos son producto del ambiente en el que el mismo Skinner está inmerso, hijo, heredero y profeta de un ambiente ambicioso e inhumano, un ambiente de gran incertidumbre, miedo y ansiedad. Es allí en los tiempos de verdadera presión donde se mide el valor de la conducta y el carácter de un hombre.-, concepto que ayudó a los posteriores cognitivos a desarrollar sus teorías de procesos más complejos y embutirlos luego dentro de aquella pandora aun indescifrable.
Las precarias herramientas mecanicistas, materialistas, reduccionistas, evolucionistas fueron demasiado contradictorias. No se puede exigir de un ciego que hable de la luna, más que de la luna que fabula entre sueños. Ese monismo materialista fue el detritus de su postulado, ya que la experimentación de un objeto dinámico como el hombre, - la conducta es también un objeto móvil y reciproco- no se puede encausar tan torpemente por eventualidades estrictamente físicas. Su error radica en descartar dentro del materialismo, la dialéctica, que por el contrario a lo que él pensaba, le hubiera enriquecido, aquella escueta teoría, de un modo infinitamente dinámico, al aceptar al hombre como un objeto móvil, estaría abarcando con más eficiencia esos procesos conductuales, sin quedarse en el simple hecho de prueba-error, estimulo-respuesta, refuerzo-castigo, positivo-negativo. La existencia del hombre no es como una película muda a blanco y negro, la conducta y las vivencias del hombre tienen muchos matices que quizás graviten a través de ambos extremos pero que pocas veces se anclan en una monocromía conductual. Este descuido impertinente, no puedo disculparlo y más cuando intenta fundamentar su radicalismo obtuso y sesgado, buscando inútilmente, el amparo de las ciencias, de las ciencias puras como la física. Ahí muere su pilar teórico, sería tan absurdo como que la física negara la existencia de la materia oscura, simplemente porque no podemos verla, o decir que el tiempo es una invención desde el marco de la medición –y aunque el tiempo es una invención y un ente relativo, indudablemente, es un método confiable para que la física desarrolle sus teorías y sus aproximaciones a verdades variables-
Quisiera apoyarme en este concepto del tiempo, para despotricar de algún modo la incompetencia de la teoría de Skinner.
Tomemos pues el tiempo como una mera ficción, como producto de otra ficción, la ficción numérica, porque si nos lanzamos al mundo físico conductual de Skinner, los números, no son físicos, por consecuencia, no deberían existir, aun cuando estén escritos en papel y pretendan argumentar múltiples teorías del mundo físico. Pero es allí, el ardid lingüístico omitido por Skinner, el ardid del existir, los números no existen, ni existe, la conducta, como no existe el tiempo, la conciencia y el inconsciente, porque no son objetos físicos. Son alegorías, símbolos, objetos fabulados por el pensamiento, recursos fabricados por la mente humana para intentar abarcar toda aquello que sospechamos innombrable, incontenible como la materia de los sueños, pero que no podemos, por más estrecho que sea nuestro entendimiento negar su existencia.
Pero he de volver en la defensa de este infatigable investigador de la conducta, aquella etérea idea que quiso poner en evidencia y que con fabulosos ejemplos demostró su existencia. Es absurdo negar, que somos seres articulados por patrones de conducta, y que esa misma conducta es producto del ambiente, de la historia y la herencia. Pero que a su vez esta historia, ambiente y herencia se ve trastocada y afectada por nuestra misma conducta. Es aquí donde articulo, la conducta, como un objeto móvil y reciproco, un objeto que se construye, construyendo, que se afecta afectando. No podemos hablar de una conducta social, si no tenemos como base la conducta del individuo. Pero aquí entraríamos en términos del poder, del poder evolutivo, la supremacía del más fuerte, el imperio del caos, la conducta del que gobierna, intentara ser impuesta en aquellos que están bajo su yugo. Así pues entendiendo, la conducta impuesta, como algo construido, será a su vez afectada por la contraconducta de aquel individuo al que se le es impuesta. Una acción provocará una reacción, una gran mayoría ociosa, del rebaño asumirá la conducta impuesta y se construirá a partir de esta, y otra porción más reducida se opondrá a esta. Dando a entender que la conducta puede ser afectada pero no predecible en todos los casos, la conducta más que controlada ha de ser vista como algo en constante construcción, no como una norma hierática, que ni el tiempo ni el espacio, ni los fenómenos físicos y sociales puedan perturbar.
Podemos afectar la conducta del mundo, es innegable, podemos intentar controlarla y predecirle, pero entendamos la reciprocidad de este evento, al controlar y predecir, somos a la vez controlados y predecibles como también somos todo lo opuesto, quizás no modifiquemos ninguna conducta, quizás solo modifiquemos nuestra percepción de esa conducta, con un mecanismo de auto-engaño, encubriendo con una buena actuación algo similar a la materia oscura, que habita en nosotros y nos hace lo que somos. Me inclino caprichosamente a un gobierno de la conducta del azar, cada acto, cada estimulo, incluso cada situación ambiental está inmersa por el azar. Somos reyes de la incertidumbre, amos y señores de la fantasía, la historia misma de nuestra vida es arena que se escapa de nuestras manos, que aunque apretemos con fuerza perderemos, toda intensión de gobernarnos a nosotros y a los otros.
Como ultimo consuelo para el vilipendiado y maltrecho Skinner solo quisiera otorgarle esta frase de Gonzalo Arango:

La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.