jueves, 31 de octubre de 2013

EL YO, EL INDIVIDUO Y LA CULTURA




Extensas e infestadas de retruécanos, baches y altibajos son las disertaciones, circunloquios y todo tipo de verborreas seudocientíficas que se han propiciado alrededor de la dualidad y el antagonismo que se disputan frente al individuo a la contra de la quimera arquetípica mal ponderada Cultura, desde campos tan diversos como la antropología, la filosofía, la sociología, la semiótica, el psicoanálisis, etc. Algunos en un acto oprobioso de patetismo han cometido un desatinado uso del lenguaje hilvanando con toscas puntadas de costurera bizca, una simbiosis gramatical abominable, mutando estos dos opuestos conceptos y ha llamado al individuo inmerso en la sociedad, inmerso en sus normas y anclajes imaginarios colectivos que esta acaece, como un Hombre Culto, tratando forzosamente de conciliar una fantasiosa alianza. Me pregunto pues, ante semejante manipulación acomodada de la gramática ¿Qué es entonces el hombre culto? ¿Qué conductas le hacen merecedor de tan miserable titulo? Y me refiero a miserable circunscribiéndome al pensamiento Freudiano, que deja de manifiesto su inquietud ante esa abominable creación edificada desde sus inicios ancestrales por individuos poderosos, aborreciendo convenientemente la fuerza bruta del individuo individual.
Autores tan diversos dentro del Psicoanálisis y la Psicología, han intentado mancillar este escabrosos termino de cultura, autores como el mismo Freud, o Vigotsky,  o en menor medida los llamados psicoanalistas culturalistas como Fromm o el ridículo e inocente Sullivan que mas que psicoanalista culturalista es un psiquiatra conductual, que semeja a un estudiante primerizo de antropología o sociología, tratando de desenmarañar planteamientos que ni sus propios maestros mas duchos en herramientas han logrado desentrañar. Asegura que nuestro Yo se compone enteramente de nuestras experiencias y es allí donde yerra torpemente en un campo mas expandido frente a una miraba más profunda de los componentes de la personalidad que comprenden al yo. Su sencilla mirada, es una mirada pueril que sólo puede circunscribirse ante las evaluaciones de la conducta frente a ese mundo externo que le proporciona dichas experiencias y que son las que edifican su conducta. Pero la conducta no hace al yo, es una parte quizás superflua, material de relieve de este, (o lo que yo prefiero de nominar una Impostura), pero que a su vez es una parte que se resuelve conflictiva con los otros contenidos, y de allí surgirán las conductas del neurótico (el esclavo de la cultura), el psicótico (el villano o criminal) y el perverso (el antihéroe, el anarquista). Entendamos que las experiencias son diques, anclajes morales como diría Zapffe, oportunidades siniestras para no implorarle a las parcas el corte de nuestro fino hilo que nos separa del otro mundo, esas alucinaciones materiales que yo asumo como meros espejismo psicofísicos que seducen y desfiguran el insignificante talento cognitivo del individuo.
Pero aquí debemos hacer un alto, pues estamos dejando en el puerto la materia prima de esa irrisoriedad llamada cultura, el eterno juego del huevo y la gallina, no se puede hablar de uno sin el otro, ¿Qué sería del Dios creador sin su creador humano? Somos imagen y semejanza de nuestras quimeras. No puede existir una cultura de ratones, o de simios, solo hablamos de cultura cuando el hombre abre su bocaza plagada de mismas para conferir aquella sonora palabra.
Según Freud, en El malestar de la cultura, la terrible invención de la cultura es producto del miedo, del miedo al sufrimiento y de su opuesto, el placer, revelando pues que la especie humana es una raza asustadiza y cobarde, co-dependiente y enferma. Pero sus sufrimientos se pueden dividir en tres, en palabras del mismo Freud: “La supremacía de la naturaleza, la caducidad del propio cuerpo y las relaciones humanas con el otro.” con ellos construimos, los primeros tótems sobre aquellas fuerzas naturales que le superan, el tótem de la muerte y el sexo, la figura que le mira en el claro del agua, el espejo del otro que soy yo.
de allí a su vez, aparecen los síntomas del principio de la tragedia, el hombre sabiéndose un animal indefenso, decide emprender una lucha que sabe de antemano, perdida, pero que intenta superar cometiendo el grave error de construir alianzas con otros. Florece entonces, la cultura, producto de la necesidad y del amor, como evasión escuálida de los sufrimientos que le gobiernan los hilos del destino. Permite que Eros y Ananké jueguen con su psique,  pero es allí donde ocurre la nefasta paradoja, en esa búsqueda irrefrenable de erradicación del sufrimiento y la vindicación del placer por medio de la necesidad de un amor perpetuo se reflejara su derrota, en palabras de Freud: "...Jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor.”
Las teorías de los llamados psicólogos culturales pierden asidero en este punto, porque ese amor no emerge de la experiencia con el otro aunque se refleje en el otro, sino que es ese amor no es más que una impostación. El otro no es más que la impostura de nosotros mismos, es el yo reflejado. En otras palabras ese maldito amor no es otra cosa que el miedo a aquel mundo externo, aquello llamado cultura. Que según Sullivan nuestro Yo depende de este, para su construcción, pero para Fromm por ejemplo ese Yo será repercutido y afectado por las corrientes sociales, asegurando que la cultura es un objeto móvil, pero es un objeto móvil simplemente en sus características contextuales un en su esencia primaria, donde seguirá rigiendo el amor y el miedo, la curiosa teoría de Fromm intenta desprenderse de la propuesta por Freud, circunscribiéndose a un marxismo, a un materialismo dialectico, buscando así un individualismo, pero este individualismo marxista no es más que otra impostura incompleta de un dogma endeble, la búsqueda de Fromm queda a medias y lo más aconsejable hubiera sido que echara una buena mirada a la obra de Stirner para intentar comprender una forma de individualismo más radical y no meramente el individualismo Neurótico de Marx… pero como dice el dicho zapatero a tus zapatos, la idea de Fromm tiene una noble intensión pero queda corta en el sesgo de herramientas epistemológicas, donde no logramos descifrar con plenitud si su propuesta es psicológica o sociológica, pues al parecer la una erradica a la otra.
Considero, valiéndome del ya mencionado Stirner con su texto El único y su propiedad, que la cultura aparece para el individuo, más en un proceso de deconstrucción, donde se convierte cárcel de la pulsión, y procura una siniestra cofradía con el superyo, donde sólo residirán los pobres y agonizantes neuróticos, aquellos idiotas que han aceptado y adoptado la norma, esos masoquistas que llamara Fromm, ya que los psicóticos jamás habrán notado la presencia de aquel fantasma moribundo y los perversos simplemente gozaran en su jardín de las delicias contemplando el sufrimiento de esos otros pobres diablos que sufren sobre la paila ardiente de la cultura. En la visión de Stiner, el individuo individual, el egoísta, aquel hedonista que sólo se preocupa por sus propias necesidades, será tachado por perverso al ser juzgado por el ojo corrupto de la Cultura. La cultura no es más, que ese impedimento de autorrealización y liberación de anclajes del individuo.
Pero creo que todas estas habladurías sobre la cultura y el individuo como siempre quedaran en Balde. No llegaremos a ningún feliz acuerdo entre los dos bandos, donde evidentemente el peso de uno hace absurdamente ridícula su contraparte. Mi precario consejo sería, aprender  a disfrutar la cruenta y sempiterna batalla de las partes, pero como propone el poeta Jaime Sabines, desde un lugar de espectador en este circo de mascaras e idiotas enfermos por un poder efímero, anhelantes de una inmortalidad caduca:
“¿Qué puedo hacer si puedo hacerlo todo 
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?”



Nos hemos ido por las ramas, mejor dicho por las malezas cargadas de espinas ponzoñosas y un nauseabundo olor mortecino. Hemos hablado, del individuo en a cultura, pero solo de manera superficial, pero que mas podíamos hacer si hemos tratado, al individuo desde la lupa de personajes que sólo entienden al hombre desde su conducta. Pido disculpas de mi parte, pues poco o nada es lo que me importa la conducta de los individuos, harta cantidad de investigadores someros de dan a esta paupérrima tarea, mientras que mi interés se ha volcado hacia algo más profundo y que es el eterno enigma, el  YO. Aquello, que tantos autores han tratado con miedo, porque su faz es intimidador, y procuramos ver desde el reflejo de su máscara que podríamos llamar personalidad pero que yo llamo llanamente Impostura: hemos construido toda una enredadera por medio del lenguaje al hallarnos tan lejanos del conocimiento del yo. Freud dira que el yo se compone del Ello y el superyó, y al decir esto quedamos en una implacable incertidumbre, el superyó como hemos dicho, no es más que la máscara de la cultura o la cultura misma, que no es otra cosa que la máscara del miedo, el resultado de las necesidades de un amor viciado y moribundo. Pero el ello, es cosa compleja, cosa ilícita que nos está oculta y que están profunda como el infinito celestial. Para Hartmann las funciones del YO surgen del conflicto ente Ello-superyo. Pero esto no nos dice más que Freud, pues nuestro mezquino intelecto no logra comprender todo el contenido de cada una de las dos fuerzas que impulsan a la construcción del yo. Sólo sospechamos la diminuta brecha por donde se filtran algunos mínimos contenidos del ellos y las percepciones sutiles de la cultura que afecta al individuo. No podemos hablar más que un enfrentamiento, de una lucha de fuerzas desconocidas, que no podemos manipular ni con el uso caprichoso del lenguaje.
También podríamos descubrir el yo como un simple mecanismo de diferenciación utópica del otro, en el contexto cultural, una categorización parlanchina, para decir que somos individuos autónomos frente a la colosal estructura social. Pero eso son meros espejismos, acomodaciones del lenguaje en un intento desesperado por recuperar la individualidad al pertenecer dentro de nuestra neurosis a una cultura. El yo se difumina y se hace una impostura, que bien valiéndome del concepto móvil de Fromm también es, es algo cambiante, pero ese yo cambiante no somos nosotros solamente la envoltura, el impostor que somos con el otro, como mecanismo para disfrazar nuestro terror y amor a la muerte.
Con esta triste respuesta, de no ser que mas criaturas agónicas en disfraces malgastados, nos descubrimos como un personaje Kafkiano, derrotados al sabernos insignificantes sobre todas las fuerzas que nos gobiernan, tanto de afuera como de adentro. El yo es una cosa entredicha, una pregunta abierta, que no se puede traducir como un Self, eso entra solo en el campo del a personalidad. El yo es algo más misterioso, más arcaico.
 Aunque esto me lleve a pensar algo intrigante, la lucha por el gobierno del Yo es una lucha imaginaria, una torpe lucha de neuróticos peleando con fantasmas creados por su miedo, es también la resistencia del Ello ante ese mundo fingido que llamamos cultura. El yo es ese bajel rustico que navega a la deriva por esos dos océanos sin otra esperanza que hallara sosiego algún grandioso día dejándose llevar por la corriente de su más agresiva pulsión de muerte, para yacer placido en las orillas del hades.

Para concluir este anodino propósito inconcluso no he de mencionar más que, no somos más que un sueño dentro de un sueño. Ficción de una ficción contenida en consecución interminable. Estamos presos por el absurdo de la locura cultura, esa demencia producida por nosotros mismos, por esa necesidad sadomasoquistas que nos hace creer que estamos vivos, sin percatarnos que en nuestro automatismo cultural no somos más que muertos que se aferran a la vida aunque sus cuerpos y pensamientos emanen un pestilente hedor a olvido.

jueves, 10 de octubre de 2013

Impostura de la Dama Blanca

“Sentía hundirse mi razón en el espanto; ¡lo sobrenatural me envolvía! ¡La rigidez, el silencio de todos aquellos seres con máscaras! ¿Qué eran? ¡Un minuto más de incertidumbre y sería la locura! No aguantaba más y, con la mano crispada de angustia, avanzando hacia una de las máscaras, levanté bruscamente su cogulla.
¡Horror! ¡No había nada, nada! Mis ojos despavoridos sólo encontraban el hueco de la capucha; el traje, la esclavina, estaban vacíos. Aquel ser que vivía sólo era sombra y nada.” Lorrain

 Es a ti, a quien siempre espero, la que clamo en sueños, la que guía mi vida hasta el ocaso. Tu, mi bella impostura mortecina, tú, la dama blanca, que con miedo anhelo en cada acto destructivo, en cada creación que dilapida el tiempo…
Ya es mucho lo se ha dicho de esta impostura, que gobierna a las anteriores, pero es la impostura de las imposturas, es un juego de máscaras, la máscara tras la máscara. ¿pero qué se esconde tras su máscara? Quizás el misterio, la nada, el olvido, otro mundo de imposturas, nadie lo sabe.


Sólo comprendemos precariamente que yacemos en este teatro de la existencia gracia a la impostura de la muerte. La muerte que es silencio y es grito, ese grito que nos ensordece al nacer y nos perturba el trasegar venidero. Somos actores sin libreto, que simulamos estatuas de otros tiempos, de tiempos, quizás inexistente o quizás somos todo lo contrario, inexistentes para el pretérito.
Es la dama blanca, quien nos susurra en sueños, quien nos besa en la frente cada noche. A única y verdadera amante de los vivos.

A ella he entregado mi vida entera consciente e inconscientemente. Porque en ella, me sobrevivo en este funesto redil.
Impostura del Alquimista

“El vicio y la virtud son los materiales del artista.” Wilde
Si he Vomitar, exorcizar la pulsión de mi demonio sobre un cuadro o una hoja en blanco, intentare que sea una impostación que simule una impostura mas verisímil que la impostura mayor que gobierna mi vida. Remedio momentáneo y paradójico de mi neurosis, es todo aquello que adjudico como manifestación de mi inconsciente, pero al presumirlo como una entidad que me pertenece cometo el fatídico error de la empresa de todo egoísta. La vanidad impulsa la mano del artista, que se sueña creador, profeta y nuevo dios, enmascarando sus fracasos con esa palabra inmunda que llama belleza. La belleza, no es más que un espejo vacio, un retrato de la vacuidad.
La impostura del mago es también la impostura del farsante, del idiota, del engreído, del vanidoso, del abatido, del pusilánime que busca reconocerse en el otro, y ese otro es también su obra y su sombra.
He caído en esta impostura a causa de la desesperación, el tedio, la angustia, el desasosiego, la nausea; buscando estúpidamente el reflejo de lo que soy frente a la nada creadora. Acercándome poco a poco, mi reina, la dama blanca, la que tira de los hilo de todas mis imposturas, jugando conmigo en actitud perversa, ¿y quien soy yo?, más que su prisionero, su esclavo y su amante. Un actor que representa farsa para si mismo, farsas que en instantes a creído verídicas, pero que con el olvido descubre su propio engaño.
Para eso esta el arte y su impostura, para mentir y mentirse a si mismo, para fabular fabulas, para encantar serpientes imaginarias, para embelesar a los durmientes, a los soñadores al sueño mismo.

Es la impostura del megalómano, del que ha descubierto que su poder no es más que una quimera, que su fortaleza es la locura. En ella ambiciona aquello perdido y que no puede ser recuperado. Pero se agotan los recursos, el flujo de la pulsión está próximo a encontrar el resultado de su búsqueda y esa búsqueda no es más que impostura de la dama blanca.
Impostura del Docto

Fueron los libros mi liberación, mi prisión y el desencadenamiento de mi neurosis obsesiva. El refugio de las letras se convirtió poco a poco en mi maravilloso infierno del que casi nunca quisiera salir. Me hice amigo de asesinos, de locos, de poetas y suicidas, me enamore de prostitutas, de ninfómanas, de espíritus, de diosas, de la dama blanca… Todo para escapar de la absurda realidad irrisoria que interpretaban mis sentidos. El conocimiento de los libros, me indujo a dudar, a falsear y comprender que todo es una gran mentira. Que el mundo no es mundo, más que una recreación psicótica de mis pensamientos. La supuesta realidad se convirtió en una suprarealidad, en el enemigo, el adversario, en el amante que se añora fornicar mientras agoniza. Pero yo, torpe embustero, adopte la impostura del docto y como en el verso de Sabines solo me limite contemplar como se hacía polvo el mundo que se recreaba antes mis ojos.
La impostura del docto es también la impostura del cobarde, del psicótico voluntario. Es el refugio de aquel que se siente derrotado por la cultura e intenta fortalecerse por medio de aquello que lo ha destruido de antemano. Cambia la espada por la pluma, pero no es un soldado, es aun un rumiante temeroso, una bestia domada por el intelecto, entendiendo el intelecto como Olivetti:
“El intelecto es causa perdida, es una de las grandes derrotas de lo humano.”
El intelecto como impostación, como agente impostor, que oculta misterios inenarrable por medio del lenguaje. Es quizás, la impostura del Docto, la impostura más artificiosa y ruin, pero a su vez, la que más ayuda me ha brindado y más daño me ha causado.
Es ridículo escuchar, a la estulticia decir, que la lectura enriquece, sin hacer siquiera un alto y cuestionarse qué tipo de ganancia trae para el individuo dichas lecturas. Al hablar de ganancia se debe conocer el término de perdida. Se gana conocimiento y a la vez locura, se pierde el asombro y la felicidad, se enriquece el lenguaje y la misantropía, pierde el interés por el mundo de los otros…

La imagen del sabio no es más que una patraña, es un burro con anteojos, es un presumido de naderías, un embaucador, un impostor de imposturas que luego encontrara su oportunidad más gratificante en la impostura del Mago, donde hará gala de sus maravillosos engaños, de sus hechizos del lenguaje, de su habilidad de trasmutar los objetos a meros supuestos y a esto cínicamente le dará el nombre de Arte.
Impostura del Efrit

“Pues lo bello no es más que el comienzo
de lo terrible, que todavía soportamos
y admiramos tanto, porque, sereno, desdeña
destrozarnos, Todo ángel es terrible.” Rilke

Cada vez que me golpeaban, me hacía más fuerte y mi demonio rugía en las profundidades de mí ser, donde estuvo encadenado, pero una vez fuera, el demonio obtuvo mis ojos y sonrió bajo mis labios.
Siempre fui el niño apocado, idealista, que vivía sumergido en sus mundos oníricos, en sus historietas, en sus libros, en el pretérito desconocido de un mundo catalán de entreguerras fabulado por mi abuela, aquel idiota al que todos le hacen mofa en la escuela, el blanco de burlas, el saco de huesos donde se puede practicar una buena combinación del uno, dos y sentirse pleno
Piensen en un ángel terrible, que con su halito arrasa poblaciones enteras. Piensen en un demonio cargado de odio, una cantera hirviendo una incontenible fuerza que está a punto de desbordarse, y que crece a cada golpe que la vida me regala. Así fue descubriéndose mi impostura del Efrit, ese genio más allá del bien y del mal, la representación del poder mismo. Pero no logra manifestarse en todo su esplendor hasta que la figura física, no simbólica de la abuela desaparece, en otras palabras, el genio sale de su claustro cuando la bondad mística eleva sus alas. Son años adolescentes, de cambios drásticos, el niño apocado se desarrolla y tiene sed de venganza, esta deteriorado por abusos y se transforma de algún modo en la figura heroica que aparece en el poema de Mediz Bolio:
“Y entonces, entre el asco de toda la mentira,
de toda la cruel beja del mundo sintió ira,
ira trágica noble de león provocado
que se ha dormido libre y despierta enjaulado.
Y oyó que de él reían como de simple y bobo,
¡De él que igual que un hombre estrangulaba a un lobo
¡Ya no pudo más ¡ Un día se alzó contra el tirano
y le arrancó la vida. ¡ Con su plebeya mano
se hizo justicia el siervo...”
Pero he de dejar muy en claro, que el Efrit no tiene intenciones de justicia, es proyección y anhelo de la figurade la impostura de la dama blanca, reina indiscutible de todo poder místico o terrenal. Ve en el otro al enemigo, es la cultura su espejo, ese monstruo al que Kafka le dará la pelea ganada de ante mano. Pero este Efrit, es un ideal irracional en apariencia no se debe confundir, con el infrahumano. La función del Efrit es proteger la entidad en la cual habita. Esa es su función y su razón de existir. No tiene otras preocupaciones, es el instinto de supevivencia manifestado, el mecanismo de defensa ante cualquier adversario, es un mecanismo de adaptación, que no desea ser oprimido de nuevo.

Pero el Efrit, va perdiendo las batallas, las guerras le hacen meditabundo y clama a Salomón y sus sellos sagrados, implora por una nueva impostura. Y es allí donde aparece la impostura del sabio o del docto, como solaz del guerrero, como refugio del a bestia vencida ante el monstruo de la cultura.
Impostura del Übermensch

Quisiera ahora salvar al mundo de lo humano. Sosteng
o ahora la cabeza de mi padre, aunque pareciera estar liberado de su embrujo, al ser yo el hacedor del rio de sus sangre etílica, debo declarar, que he alzado su copa de oprobios y bebido de su sangre. Llevo ahora la impostura macabra de mi estirpe. He liberado a mi padre de este mundo enfermo de mi neurosis y ahora soy yo quien como el judío errante a de vagar con su cruz hasta el fin los días. Yo que por espejo, he visto con asco la postergación de un apellido, yo que gracias al rey de la casa he preferido el olvido.
Esta impostura como en la tiene dos caras antagónicas y complementarias, y quizás una tercera que podríamos develar como resultado de la fusión entre las dos opuestas. Las dos caras serian:
La impostura del Untermenschen o superhombre y La impostura del Infrahumano o Untermenschen. Creo que la sola polaridad ejemplifica las características que le competen a cada una de estas imposturas. La impostura del Untermenschen está enmarcada por símbolos de interpretación de significado de la cultora frente a conceptos de Justicia, bienestar, orden, rectitud, norma, etc. Al contrario de la impostura del Infrahumano, donde se albergara la figura del Ello, en términos del psicoanálisis, cargando de significado conceptos, anárquicos, caóticos, individuales despoblados de valoraciones culturales.
En la historia de mi vida, la impostura del Untermenschen, se ve representada con la aparición, de lo que comúnmente hoy se conoce como superhéroe. Desde pequeño he sido aficionado a los personajes de ficción, he llegado a creer como llegara a decir Unamuno, que el Quijote ha sido más real que muchas personas con las que se ha topado en la vida. En la época a la que me remonto, debemos recordar que estoy regido por dos imposturas que se debaten por el gobierno de mi personalidad, una a partir del miedo y otra por la bondad. Curiosamente, se creería que es la impostura de la abuela la que únicamente influye de manera desiciva en el veredicto de adoptar la impostura del superhombre, pero no es asi, aunque por mucho tiempo, incluso en una temprana adolescencia lo crei, debo aceptar que es al contrario. La figura del padre ebrio, posee el componente primordial para la construcción de mi impostura del Untermenschen, ya que, esta impostura está regida y es la representación del poder mismo, y es allí donde se bifurca. Es un poder que puede ser encausado por las ideas producidas por la impostura de la abuela, y así configurar el Arquetipo del Superhéroe, el típico semidiós, que vence sus pasiones y como un Cristo sacrifica su vida por el bienestar de los débiles y desamparados, mientras que en la figura de la impostura del Infrahumano, es simplemente la manifestación del poder mismo sin ningún filtro o mecanismo de represión, es el poder desbordante, que podemos ejemplificar claramente adentrándonos al mundo de las historietas, con Hulk. Aquel ser que es gobernado únicamente por la pulsión de un poder y una fuerza desmedida que es alimentada por la ira y que acrecienta su fuerza como a su vez lo hace un ser cada vez mas carente de razón.
Es aquí donde entra en escena la resolución de estas dos caras de la impostura del superhombre, la cual llamaremos la impostura del Antihéroe, o en un término más dramático, la impostura del antagonista.
Antes que nada es importante hacer unas ligeras aclaraciones; no se debe entender al antihéroe como un villano y menos como la contra parte del héroe, no es el Joker de Batman, ni el Lex Luthor de Superman. Es simplemente una figura de poder cargada de significación egoísta, narcisista y perversa. Esta impostura no está subordinada a los límites que le proporciona la cultura, no tiene anclajes morales que lo encadenen a una neurosis. La impostura del Antihéroe toma lo que quiere y cuando lo quiere, sin mucho o nada de remordimiento.
Este tipo de impostura se convertirá en ideal para mí en los años futuros, ya que la neurosis intentara anclarme en la eterna lucha simbólica del superhombre y el infrahumano, el bien y el mal.

Estas tres estructuras, no estar subordinadas únicamente a las imposturas del padre ebrio y de la abuela. Más adelante, serán encausadas, sea el camino que se tomen, por otra Impostura que he denominado la impostura del Efrit.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Impostura del Padre ebrio

Te desprecio profundamente, oh padre, porque soy el reflejo del monstruo al que tanto le temía de pequeño cuando miraba tus ojos inyectados de alcohol y una furia que no comprendía y que ahora es mi sino y herencia. Ahora te acojo con cariño, porque eres la impostura que contrasta con el absurdo de lo bello y lo imperecedero. Porque has sido el polo a tierra, porque me bajaste de las ridículas alturas para que devorara el cieno de este infierno de la vida. Tú, que ahora padre, presumes ser otro, que has abandonado tus vicios y te refugias en el asco y la misantropía, tú que ahora eres un volcán de frustraciones, un dique de miedos. Por ti levanto yo mi copa. Por ti, que ahora no bebes, me dragare el mal. Yo que soy la herencia de tus miedos y tus flaquezas, aquellas que de chico vi como algo apabullante y que ahora sólo me causan una mueca de mofa. Entiende pues querido padre, que los niños, son todos estúpidos, y que le temen a las naderías, a los fantasmas y los monstruos que se esconde bajo la cama o en el closet. Y eso eres tú, un pobre fantasma del recuerdo, un monstro atrapado en el closet de tus propios miedos que impostas en ira. Eres gracioso, eres un comediante. Tu impostura es la del borracho, y traduce todos los matices. En un tiempo arcano eras el símbolo del terror, lo abominable, lo implacable, en otra instancia, la criatura oprobiosa y asquerosa, que todos repudian, pero ahora ere ese payaso ebrio que solo causa risa por el patetismo de tus corvetas. Baila para mi mono ridículo, baila hasta que vomites todos tus temores, esos que te han llevado hasta este punto, baila, baila querido padre, hasta que tus pies caigan rotos y tu espíritu se transfigure.

En la impostura del padre ebrio configure, el espejo de mis miedos, mis fracasos y todo lo que me aterroriza. Pero debe entenderse como una figura ambivalente.
En esta impostura construí la contraparte, la contra de la impostura de mi abuela. Como único recurso de equilibrio y armonía. No existe día sin la noche. La vida y la muerte.
En la impostura de la abuela se ve estructurada lo misterioso, lo místico, la inmortalidad y la muerte. Mientras que en la del padre ebrio, aparece el reflejo de lo terrenal, la vida en los infiernos, el mundo exterior, lo perecedero, la mortalidad, lo caduco y lo que se transforma.
Es en la impostura del padre, donde se adopta el papel del villano, del antagonista, de la figura de poder. En mi caso la impostura es el padre ebrio, ebrio porque sus facultades esta alteradas, permeadas de agentes alucinados que afectan la figura icónica del poder que ejerce sobre el hijo. Es así como lo configuro como un monstruo.
Pero es decisivo para la configuración de la siguiente impostura, que se nutre tanto de la impostura de la abuela y del padre ebrio para la construcción de una impostura moral a la que denominare la impostura del Ubermnsch, o la impostura del superhombre, encausado en la visión filosófica de Nietzsche.

Dentro de esta podemos encontramos otras dos imposturas, la impostura del Payaso y la impostura del Sucicida.

En la del payaso, se manifiesta la caracterización del bufón, de aquel que sin mas recursos no tiene mas remedio que reírse de la fatalidad de la existencia. Y a su lado aparece la del padre suicida, quien, luego del a resaca, harto de bufonadas, adopta actitudes destructivas, quiere evaporar la existencia erradicar el sentimiento trágico de la vida, por medio de la impostura de la dama blanca.
Impostura de la Abuela


Impostura de la Abuela
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La semilla de la vida emerge del árbol de los muertos, sus restos han abonado el campo donde surgen nuevas quimeras moribundas. Yo que soy herencia de una diversidad de arquetipos antagónicos, yo que provengo de estirpes nómadas, arrieras, catalanas, gitanas, parias de toda la tierra, hijos del dios de los hombres. Han peregrinado en mí todos los hombres, han sido derrotados por la vida, el santo y el asesino, para darme su vaho y confundir mi alma de reproches y de angustias. Dentro de mí espíritu se agitan las voces de los olvidados, de los infinitos sin nombre, a los cuales he querido proyectar en el rostro de aquella madre vieja, de esa mujer que fácilmente pude llamar Lilith, pero que sin voluntad, adopte el primer nombre que de ella escuche: YAYA. Es ella la madre del tiempo y por ende del olvido. Ya hace mucho que su efigie física no me acompaña y aunque trato inútilmente de recostruir su sonrisa y el color de sus ojos, dentro del imaginario endeble de mi interior, es inevitable que poco a poco se ha ido sumergiendo en el claustro, del cual fue el demonio prisionero y donde a voluntad ahora se toma sus siestas harto de la preclara luminosidad de ese mundo exterior que tanto aborrece.
De ella, la abuela de mi madre, que a su vez, son la misma, con distinto cuerpo y tiempo, ha surgido la impostura de la Abuela, la herencia de mis ancestros, el espíritu de la vida y el rumor de la muerte.
Siendo yo un niño, construí un mundo idóneo y fabuloso, gobernado por el sufrimiento que se transforma en bondad, muy anclado en el criterio cristiano de la pasión. Adopté con su impostura, la cruz de sus ancestros, el dios terrible y el temor a su opuesto, configure un sistema de creencias absurdas del bien y el mal, en el que ahora me debato en una cruenta batalla neurótica y de la cual no escapare con vida. Fue ella (su entidad onírica) quien me hizo prometerle ser un ser excepcional, alguien original, no el manojo de fracasos y reproches que soy ahora.
En esos años infantiles, es fácil adoptar ese tipo de impostura, sin importar los demonios y los monstruos que tengas como reflejo. Así mi padre fuera un ser abominable y terrorífico, estaba la impostura de mi abuela que me protegía como un mantra de todos los males externos. Pero los sueños caducan de alguna manera, y se transforman en hidras, se complejizan, forman una telaraña que nos encadenara de por vida. Aquello que fue alguna vez hermoso para el niño, será el tormento del adolescente, la neurosis del adulto y la remembranza del anciano. Porque somos un circulo estúpido, una serpiente que se muerde la cola. Se llega la sabiduría cuando comprendemos que el principio es el fin y que ninguno de ellos es realmente en un trasegar, cuando comprendemos que la vida es hierática, que solo tenemos la ilusión de movimiento, que somos espectadores ausentes de nuestra propia vida. Que vivimos la vida en las imposturas de otros. Pero que jamás hemos dado un solo paso. Que seguimos siendo los mismos que aquel fecundado en el vientre materno.
Siguen transcurriendo los días, y sigo desconfigando mis imposturas, trastocándolas envenenándolas con ideas cada vez mas obsesivas. Sigo buscando el reflejo de la abuela perdida en mis primeros años adolescente, fabulo su compañía en sueños, presumo su presencia como un ángel irreprochable, pero todo es a causa del miedo, del miedo al desprendimiento, a soltar los anclajes. A dejar mi bajel a la deriva.




¿Podré heredar algún día el brillo de esos ojos grises, ocultos tras las arrugas del rostro sonriente de mi abuela?
Esta pregunta aun persiste en mi psique, es un mástil de apoyo para el devenir. Aunque luche a la contra de la impostura de mi abuela, mis ojos siguen el mismo norte que sus ojos muertos.

La impostura de la abuela está enteramente vinculada al concepto Ánima y del arquetipo de la madre de Jung y Su contraparte, El Animus, lo encontraremos no en el padre ebrio, si no en la impostura del Efrit. La impostura de mi abuela configura, lo femenino, lo sagrado, lo misterioso y por ende esta impostura es impulsada por la última impostura tratada en este texto y es ella la que gobierna a las otras. Hablo de la impostura de la dama blanca, que en términos psicoanalíticos podemos vincular a la llamaba pulsión de muerte. Entendiendo con claridad que la impostura no es más que un engaño, un espejismo para definir la personalidad del Self, partiendo de lo inconsciente. Con esto quiero dejar muy en claro que todas las imposturas adoptadas por el hombre se originan de una noción de mortalidad, de la impostura de la dama blanca.
Las imposturas en la vida de un individuo


“Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo. Para exponer este proceso de evolución no puedo utilizar el lenguaje científico; pues yo no puedo experimentarme como problema científico.
 Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.”  C. G. Jung


Soy el reflejo fragmentado de mis antepasados. Soy la voz y el rencor de mi padre, el corazón de mi abuelo, el colón, el hígado y la cirrosis de mi tío, soy la sonrisa y los ojos de mi abuela y de mi madre. Soy la amargura y la angustia de todos vivos, el fracaso y las esperanzas de todos mis muertos, soy la impostura de un hombre desconocido, soy el reflejo y la Nada.

Quise empezar con lo anterior antes de arremeter con lo que de aquí en adelante llamare por el nombre de Imposturas, y con este mismo concepto intentare articular las estructuras existenciales que componen el Self que represento frente al reflejo de los otros, ese mal llamado Cultura.

Según la real academia de la lengua la impostura es:

1.     Imputación falsa y maliciosa
2.     Fingimiento o engaño con apariencia de verdad.

Sera pues para mí, la impostura, algo así como una máscara, un reflejo, una actuación, que en la gran mayoría de los casos el actor o el Impostor (como preferiré llamar al individio) de tanto representar su papel, ha olvidado o quizás jamás ha tenido conciencia de que asume una impostura.
Con esto quiero dejar en claro el papel de impostor que tiene el individuo, tanto para sí mismo como para la cultura.
Al referirme a la impostura quiero decir, al mecanismo adaptativo al que recurrimos consciente o inconscientemente para intentar aligerar o liberar la pulsión. En muchos casos estas imposturas cumplen su función contraria, se convierten en objetos represores de la pulsión generando anclajes que posteriormente pueden manifestarse en síntomas de angustia de una neurosis obsesiva.

Las imposturas puede ser categorizadas en primera instancia en dos tipos: positiva y negativa.
La positiva, se usa como mecanismo vinculador de la sociedad, para hacer parte de la cultura, un ejemplo simple de impostura positiva es el lenguaje. El lenguaje como impostación del ello frente al superyó.
La impostura negativa, es en esencia similar a la positiva, pero es la alteración obsesiva del ello que se manifiesta de manera sintomática.
Creo conveniente postergar para otra ocasión, un énfasis más detallado de estos tipos de imposturas. Para proseguir con el tema primordial de este texto. Así pues, que hablare simplemente, del porque del uso de las imposturas del Self para la construcción de esta autobiografía.

Esta idea de las imposturas, comenzó a tomar su forma, al comenzar mis lecturas sobre los arquetipos Jungnianos, de los que fácilmente podría haberme valido para la construcción de mi autobiografía, pero que preferí omitir y encausarla más bien en mis propios términos, haciendo cita de un verso de Pessoa:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente

Podría yo llamarme fingidor al igual que impostor o usurpador, como ya lo he hecho en otras ocasiones, pero haciendo un análisis de las valoraciones simbólicas que les he conferido. Creo conveniente que el impostor va más arraigado a la meta que me he propuesto con este texto. Ya que tanto el fingidor como el usurpador tienen clara conciencia de su papel, por el contrario el Impostor, es tan sólo un títere de su inconsciente, se ha hecho fingidor a causa de la imitación, como mecanismo de supervivencia. Comienza por imitar a sus padres, para intentar comunicarse y vincularse con ellos, adopta sus manías, sus vicios y sus fobias, repite sin comprender muy bien todos sus actos y vocablos. Al ir creciendo, la fantasía le gobierna, el impostor cree irse desprendiendo de la máscara de los padres, pero es una simple ilusión, producto de ideas irracionales quizás situadas en el trazo del preconsciente, ese ideal onírico que nunca llega, lo que ocurre, y es ahí donde comienza su afianzamiento involuntario con el autoengaño, es que al ir intentando permearse e introducirse en la cultura, aparecerán nuevas y variadas imposturas que construirán aquello, que lo establecerá como un supuesto individuo dentro de esta.


De este modo, he tomado la decisión de valerme de las imposturas para estructurar mi autobiografía, y a pesar de que pueden existir o puedo fabricar muchas más Imposturas, para construir esta narración, intentare fabricar un esquema simple pero esclarecedor, a partir de siete Imposturas, intentando edificarlas de manera coherente, para que el lector de estas páginas no se pierda en un galimatías de incongruencias frente a esta historia efímera de mi vida como una compleja impostura.

martes, 8 de octubre de 2013

Intruduccion al trabajo de las impostaciones

Exordio


When I read the book, the biography famous,
And is this then (said I) what the author calls a man's life?
And so will some one when I am dead and gone write my life?
(As if any man really knew aught of my life,
Why even I myself I often think know little or nothing of my real life,
Only a few hints, a few diffused faint clews and indirections
I seek for my own use to trace out here.)
Walt Whitman

Antes de comenzar es preciso, comprender que todo intento de fabular una autobiografía, es si acaso, una argucia fútil, acomodada y parcial de los hechos que construyen la historia de una vida, en otras palabras, mera Ficción literaria.
No somos más que actores recreando una patraña desconocida, improvisando sobre las tablas de la existencia que se ejecuta en el instante. Expectantes como corderos, por el aplauso de la pálida dama que observa meticulosa, en primera fila, la ejecución sardónica y macabra de nuestras piruetas. Será ella quien cierre el patético acto de nuestra vida y escriba el epilogo lapidario de nuestros días.
Podemos hacer, quizás, en medio de la espera de ese magreo con la muerte, un sondeo arruinado sobre el trasegar del tiempo a nuestras espaldas pero, esta acción narcisista y poco enriquecedora, traerá únicamente de los cabellos fantasías, deseos, y autoengaños que sirven si acaso para alimentar nuestro terrible y enfermizo anhelo de inmortalidad.
Así, sin ningún auxilio arcangélico, ante el espejo de la nada he de proferir que todo aquello que he vivido yace ya en el polvo, y no es más que olvido. Que todo cuanto pueda decir sobre ese pretérito que ya no es ni será mío, será intrínsecamente, la desfiguración viciada, fragmentada y anacrónica del mito de mi vida, como llegara a llamarle Jung con respecto a su propia biografía, será entonces, una recreación grotesca de una nueva e inexistente quimera, una impostación, danzando sobre el desastre, en este baile de máscaras fúnebres y cambiantes, que es la existencia humana.
···
Es importante, de igual forma, dejar en claro las verdaderas pretensiones de este libelo maltrecho. En primera instancia como ya he mencionado, intentare rehacer el mito inexorable de mi existencia, con los rústicos ardides retóricos de los que puedo valerme, gracias a aquello, que más adelante atribuiré producto de la Impostura del Docto, así pues escribiré estas siguientes paginas de modo novelesco, en una prosa acaso poética, alejándome en lo posible con cualquier relación científica, pues el único interés con respecto a estos escritos, es hacer entretenida, esta pantomima, que antojadizamente llamare: MI VIDA.
La segunda razón, o mejor dicho el propósito fundamental de esta labor de escribiente, es algo un tanto contradictorio con respecto a lo dicho con antelación, ya que me valdré de los recursos de la prosa ficcionada, de las imágenes fantásticas, de las evocaciones pérfidas y oníricas, como constructo efímero de mi vida, para de este modo, comenzar a escudriñar y bocetear sobre una idea particular que hace meses me ronda los pensamientos, intentando desesperada, configurarse en ese mundo igualmente irrisorio de la palabra, ese puente hacia el engaño donde habitan todos los hombres.
Es quizás una idea obsesiva e irracional, que aún está en pañales y que poco es lo que podría atribuírle de tangible en su esencia a priori. Pero aun así, creo conveniente aprovechar la ocasión de esta empresa peripatética que aún no puedo llamar literaria, y a la que por ningún motivo quiero, ni mucho menos atribuir de psicológica o de carácter psicoanalítica, para desfogar la obsesión que invade por este instante, mi ensoñación.

Son pues estas páginas, como una babel embrionaria y disoluta donde no se puede concebir un objeto claro al cual asirse, y donde el norte es tan difuso como imaginario, ¡Ea! pues, queridos corsarios de la farsa, en sus manos dejo el timón interpretativo de esta historia fabulada, que no es otra que la historia de todos, la historia de un impostor naufragando en las imposturas de la vida.

Prologo de C. G. Jung de Recuerdos, Sueños, pensamientos

                                               
                       

                                                                        PRÓLOGO

Mi vida es la historia de la autorrealización de lo inconsciente. Todo cuanto está en el inconsciente quiere llegar a ser acontecimiento, y la personalidad también quiere desplegarse a partir de sus condiciones inconscientes y sentirse como un todo. Para exponer este proceso de evolución no puedo utilizar el lenguaje científico; pues yo no puedo experimentarme como problema científico.
 Lo que se es según la intuición interna y lo que el hombre parece ser sub specie aeternitatis se puede expresar sólo mediante un mito. El mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. La ciencia trabaja con conceptos de término medio que son demasiado generales para dar cuenta de la diversidad subjetiva de una vida individual.
Así pues, me he propuesto hoy, a mis ochenta y tres años, explicar el mito de mi vida. Sin embargo, no puedo hacer más que afirmaciones inmediatas, sólo «contar historias». Si son verdaderas no es problema. La cuestión consiste solamente en si este es mi cuento, mi verdad.
Lo más difícil en la configuración de una autobiografía consiste en que no se posee ninguna medida, ningún terreno objetivo desde el cual juzgar. No hay posibilidad de comparación. Yo sé que en muchas cosas no soy como los demás, pero no sé, sin embargo, cómo soy yo realmente. El hombre no puede compararse con nada: no es un mono, ni una vaca, ni un árbol. Soy una persona. ¿Pero qué es esto? Como todo ente, también yo me separé de la divinidad infinita, pero no puedo confrontarme con ningún animal, con ninguna planta y con ninguna piedra. Sólo un ente mítico está por encima de los hombres. ¿Cómo se puede tener una opinión definitiva acerca de sí mismo?
Una persona es un proceso psíquico al que no domina, o sólo parcialmente. Por eso no puede dar un juicio final de sí misma ni de su vida. Para ello tendría que saber todo lo que la concierne, pero a lo más que llega es a figurarse que lo sabe. En el fondo, uno nunca sabe cómo ha ocurrido nada. La historia de una persona tiene un comienzo, en cualquier punto del que uno se acuerda, pero ya entonces era muy complicado. Uno no sabe adónde va a parar la vida. Por esto el relato no tiene comienzo, y la meta sólo se puede indicar aproximadamente.
La vida del hombre es un intento arriesgado. Sólo cuantitativamente se le puede considerar como un fenómeno prodigioso. Es tan efímero, tan insuficiente, que es un milagro que pueda existir algo y desarrollarse. Esto me impresionó ya cuando era estudiante de medicina, y me pareció que sería un milagro no morir prematuramente.
 La vida se me ha aparecido siempre como una planta que vive de su rizoma. Su vida propia no es perceptible, se esconde en el rizoma. Lo que es visible sobre la tierra dura sólo un verano. Luego se marchita. Es un fenómeno efímero. Si se medita el infinito devenir y perecer de la vida y de las culturas se recibe la impresión de la nada absoluta; pero yo no he perdido nunca el sentimiento de algo que vive y permanece bajo el eterno cambio. Lo que se ve es la flor, y ésta perece. El rizoma permanece. En el fondo sólo me parecen dignos de contar los acontecimientos de mi vida en los que el mundo inmutable incide en el mutable. De ahí que hable principalmente de los acontecimientos internos. A ellos pertenecen mis sueños e imaginaciones. Además constituyen la materia prima de mi trabajo científico. Fueron como de lava y de basalto que cristaliza en piedra tallable.
Al lado de los acontecimientos internos los demás recuerdos (viajes, personas y ambiente) se esfuman. La historia de la época la han vivido y escrito muchos: mejor leerles a ellos o escuchar cuando alguien la cuenta. El recuerdo de los factores externos de mi vida ha desaparecido o se ha difuminado en su mayor parte. Sin embargo, los encuentros con la otra realidad, el choque con el inconsciente han marcado mi memoria de modo indeleble. En este aspecto hubo siempre plenitud y riqueza, y todo lo demás quedó eclipsado.
Así, pues, también los hombres se convirtieron en recuerdos imborrables sólo cuando en el libro de mi destino tenían ya sus nombres incorporados desde mucho tiempo antes, y su conocimiento venía a ser como una revelación.

También las cosas que en la juventud o posteriormente me afectaron desde lo externo y se me hicieron importantes lo fueron al quedar incorporadas a la experiencia interna. Llegué muy pronto a la convicción de que si no se da una respuesta y solución desde lo interno a las relaciones de la vida, su significado es muy pobre. Las circunstancias externas no pueden sustituir a las internas. Por eso mi vida es pobre en acontecimientos externos. De ellos no puedo decir gran cosa, porque lo que dijera me parecería vacío o trivial. Sólo puedo comprenderme a partir de los sucesos internos. Constituyen lo peculiar de mi vida, y de ellos trata mi «autobiografía».

martes, 1 de octubre de 2013

El sistema educativo es anacrónico

"Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación."Mark Twain 
"La meta final de la verdadera educación es no sólo hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia." John Ruskin

El documental presenta una interesante observación del modelo arcaico y obsoleto de la educación contemporánea que aun se apoya en las bases de una sociedad impulsada por los ideales de producción económica, dejando a un lado la matriz vital del conocimiento, que a mi modo de ver, sería la motivación. Este modelo precario y empobrecedor, intenta anular ese carácter investigador, inquieto y nómada que poseemos los seres pensantes, intentando reducirnos a un conformismo de aspiraciones vacuas, donde se intenta imponer estructuras oxidadas y exánimes en contra postura de una inteligencia creadora.
Esta terrible ignominia a nuestro añorado intelecto no es producto del mero azar, o un simple descuido de los educadores. Es quizás una estratagema enfermiza de aquellos que sólo buscan intereses materialistas, y que poco añoran una sociedad pensante, una sociedad individualista constructora y visionaria. Es imposible gobernar de individuos que no quieran ser educados como masa. La función catastrófica de la enseñanza se ha convertido paradójicamente en un obstáculo enorme del conocimiento.
Otro factor interesante que propone Robinson son las disparidades económicas, culturales e individuales. Este planteamiento aunque no es un pensamiento innovador, si nos hace cuestionar en lo improductivo del modelo de enseñanza actual. Pues a largo plazo, nadie -incluso los gobernantes- podrá sacarle provecho. Ya que las exigencias del momento ameritan otro tipo de procesos, conductas y modelos, que contribuyan en la evolución de la sociedad
La dicotomía que se ha ido zanjando en la educación con respecto a las ciencias y las artes también es inquietante. Pero todo vuelve a reducirse a las preocupaciones económicas. Creyendo erróneamente que ciencia y arte no pueden ser una misma cosa. Olvidando se del genio integrador de otras épocas, donde la sociedad dio pasos agigantados al progreso, cuando el arte, no era algo baladí, si no el gran arte, ese arte constructor, revitalizante y creador.
Para mí, el problema tiene variadas bifurcaciones pero, por esta vez no me pondré en la postura de lanzar diatribas e improperios frente al modelo educativo y sus artífices naif y quizás macabros; creo que harto se ha dicho al respecto a través de la historia. Hoy me limitare a pensar que toda la responsabilidad ha de caer sobre el individuo, pues es él, quien debe revolucionarse, y oponerse frente a estos modelos paupérrimos de educación y quizás entender que el conocimiento no se aprende, si no que se adquiere, que no debe esperar sabiduría de los otros, que por el contrario debe hurtarla de ellos, de la sabia de la existencia, esa sabia divina que está en todas las cosas, pero debe entender que la sabiduría es un fruto prohibido, una abrupta catástrofe a la contra de la felicidad, un fruto que sólo debe alcanzarlo aquel que realmente lo desee, y ese deseo debe ser consciente del sufrimiento que esto conlleva. La vida dejara de ser un estado fascinante de estupidez y plenitud, será una prisión horrenda, con constante desasosiego, una eterna lucha perdida en afrenta de lo inescrutable. Porque debemos entender que el infinito está relativamente prohibido para nuestro precario intelecto, solo somos criaturas parlantes, que sufrimos de un virus al que llamamos razón, pero eso más que dicha genera desconsuelo.
Por otro lado quisiera hacer una curiosa pregunta. ¿Acaso el conocimiento es para todos? Comparativamente si lo es, pues el conocimiento esta allí frente a nuestras narices, pero el conocimiento es antojadizo, veleidoso y cambiante, es una quimera multiforme un Proteo que nos engaña y del cual nos dejamos engañar, es por eso que considero, que para alcanzar un conocimiento supino, debemos ampararnos del arquetipo del héroe griego, ese semidiós audaz, astuto y fiero, que se lanza a una eterna batalla con la hidra del saber. Pero es estimable, entender, que ese saber no es un tesoro perpetuo, que no es una estatuilla para colocar en la repisa con orgullo, es quizás más, el ideal de un imposible, aquello que jamás llegaremos a gobernar pero que nos empuja hasta los límites de nuestro propio ser.
Así pues, la búsqueda del saber, no es más que, otra quimera anodina, otro anclaje para posponer el viaje y no levar anclas, para lanzarnos al olvido ineludible de esta empobrecida especie que llamamos humanidad.